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Declaración del Obispo Presidente de la ELCA sobre la Guerra contra Irak SERVICIO NOTICIOSO DE LA ELCA DECLARACIÓN
DEL OBISPO PRESIDENTE DE LA ELCA SOBRE LA GUERRA CONTRA IRAK En medio de la angustia por los eventos que estamos viviendo hoy, y conscientes del desarrollo ininterrumpido y de las consecuencias desconocidas de la guerra, en la Iglesia Evangélica Luterana en América compartimos con todos los cristianos el llamado a ser agentes de la paz. Este llamado está basado en la creencia de que Dios en Cristo reconcilia a toda la creación y nos envía en un ministerio de paz y reconciliación. En nuestras liturgias oramos: "por la paz en todo el mundo", uniendo nuestra fe en el Dios Trino con el sufrimiento y esperanzas de nuestro mundo. La decisión de Estados Unidos de castigar a Irak con un ataque militar preventivo sin el apoyo de las Naciones Unidas significa un momento de reflexión para esta nación y este mundo. Expreso mi profunda preocupación porque Estados Unidos haya elegido adoptar esta decisión. Nuestro país, especialmente por su riqueza y poder, tiene la responsabilidad especial de seguir políticas de cooperación y buscar resolver los conflictos de forma pacífica. Desde mi punto de vista, ni Estados Unidos ha ejercido de forma responsable su papel de liderazgo dentro de las Naciones Unidas y en esfuerzos relacionados para evitar la guerra, ni han demostrado nuestros líderes nacionales de forma suficiente que han seguido todos los caminos razonables antes de emprender el camino de la guerra. Me preocupa especialmente que esta decisión haya sido tomada sin un amplio consenso y apoyo en el seno de la comunidad internacional. Como iglesia, nuestra labor de entrar en deliberaciones morales sobre esta guerra y sus implicaciones más amplias, ni se acaba ni se acabará ahora que se ha iniciado la guerra. Continuaremos poniendo sobre la mesa las cuestiones morales y éticas ahora a debate, que incluyen -pero no se limitan a- la conducta de guerra o el liderazgo de Saddam Hussein. Debemos continuar inquiriendo sobre los efectos humanitarios de la decisión de entrar en guerra, especialmente en lo referido a la protección a los no combatientes y a la escala de la fuerza militar utilizada. Debemos estar preparados para responder a las necesidades de las personas desplazadas y los refugiados, lidiar con la desestabilización regional que causará la guerra y demostrar nuestra disposición a ayudar en la reconstrucción después de la guerra. Debemos asegurarnos que los derechos humanos de todos, tanto dentro como fuera de Estados Unidos, se respeten y protejan. Nuestras preguntas inquisitivas incluyen cómo lidia nuestra nación con la pobreza y la sensación de desesperanza que inundan el Medio Oriente. Como ciudadanos de un país de inmenso poder, influencia y riqueza, y como miembros de la IELA, estamos obligados, creo yo, a enfrentar desafiantemente las dudas sobre cómo utilizar nuestro poder y riqueza de manera responsable para desarmar a Irak, para aliviar el sufrimiento humano en la región y para ejercer el liderazgo en el seno de la comunidad internacional. La IELA basa su posición en estas cuestiones en su pronunciamiento social: "Por la Paz en el Mundo de Dios": También afirmamos que los gobiernos deben seguir vigorosamente el camino hacia medidas menos coactivas frente al de medidas más coactivas: del consenso sobre la imposición, de la no violencia sobre la violencia, de la diplomacia sobre el enfrentamiento militar y de la disuasión sobre la guerra. Con su significativo poder económico, político, cultural y militar, Estados Unidos tiene un vital papel de liderazgo en los asuntos mundiales. No puede, y no debe, retirarse o aislarse del resto del mundo. Ni debe buscar controlar o vigilar al mundo. Los retos globales no los puede resolver Estados Unidos por sí solo; mas sin embargo pocos se pueden solucionar sin la participación de Estados Unidos. Al defender sus intereses, todas las naciones, incluida Estados Unidos, tienen la obligación de respetar los intereses de otros estados y agentes internacionales, y de cumplir la ley internacional. Las naciones deben buscar su propio bien común en el contexto del bien común global. Los organismos internacionales deben trabajar por el bienestar de todas las naciones. En los días y semanas que siguen pido que todos los miembros de la IELA oren fervorosamente por la paz, por los miembros de nuestras fuerzas armadas y por todos aquellos que están en peligro a causa de esta guerra. Sigo animando a todos los miembros de la IELA a pensar en las implicaciones morales de estos sucesos y a vivir sus vocaciones bautismales luchando por la justicia y la paz en toda la tierra. Rdo. Mark S. Hanson |