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Iglesia
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ASAMBLEA DE VIDA Y MISIÓN
La Falda, Córdoba, 14 al 16 de Junio de 2003
Los miembros de la Iglesia Evangélica Luterana Unida, reunidos en Asamblea General en la ciudad de La Falda, Córdoba, desde el 14 al 16 de Junio de 2003, bajo el lema “Compartamos el Pan de Vida para la Salud del Mundo”, presentamos este mensaje a nuestros conciudadanos y gobernantes como un aporte en esta etapa de la vida argentina que intenta superar los quiebres y las discontinuidades dolorosas que nuestra sociedad ha sobrellevado en los últimos años.
Compartir el Pan de Vida en el ámbito de las instituciones de la República significa superar la cultura de la corrupción, de la mentira, del engaño y del aprovechamiento ejercido sobre los más vulnerables.
“Por eso, por haber esquilmado al débil
exigiéndole un tributo de grano, esas casas de piedras talladas que ustedes
construyeron, no las habitarán, de esas viñas selectas que plantaron no beberán
el vino. Porque yo conozco la multitud de sus crímenes y la enormidad de sus
pecados, ¡opresores del justo, que exigen rescate y atropellan a los pobres en
la Puerta! Por eso, el hombre sensato se calla en este tiempo, porque es un tiempo de desgracia.” (Amos
5:11-13)
Compartir el Pan de Vida significa que esta nueva etapa re-fundacional ha de basarse en la verdad, la honestidad y la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, entre el discurso político y las políticas públicas, y en la ética de los funcionarios.
Compartir el Pan de Vida significa comprometernos claramente con la cultura del trabajo que devuelve a la persona aquellos elementos que la dignifican y que fortalecen su autonomía y autodeterminación. Por eso, vemos con mucha preocupación aquellas acciones que, orientadas a satisfacer los derechos elementales de las personas, crean sin embargo dependencia y clientelismo.
Compartir el Pan de Vida significa comprometernos en la construcción de un sistema de justicia que proteja los derechos de todos, especialmente el de los más vulnerables y dé sustento a los derechos económicos, sociales y culturales de toda la población. El actual quiebre del sistema de justicia en todos sus niveles, incluida la Suprema Corte, acentúa la vulnerabilidad de los más débiles y permite la impunidad sin límites de los poderosos.
Compartir el Pan de Vida es preservar la integridad de la Creación fortaleciendo la esperanza mediante acciones concretas y cotidianas y comprometiéndonos a profundizar el diálogo, con profundo respeto por la diversidad y a realizar acciones conjuntas con el movimiento ecuménico y con organizaciones de la sociedad civil, siendo aliados en la búsqueda de la verdad, la justicia y la paz, convencidos de que “otro mundo es posible”.
“El Amor y la Verdad se encontrarán, la
Justicia y la Paz se abrazarán; la Verdad brotará de la tierra y la Justicia mirará desde el cielo.” (Salmo
85: 11-12)
Compartir el Pan de Vida para la Salud del Mundo implica también rechazar toda hegemonía que se pretenda imponer alzando nuestra voz junto a todas las iglesias de la Comunión Luterana que ya se han expresado en contra de la guerra y a favor de la construcción de un ordenamiento mundial justo e inclusivo, fundamento de la paz.
La Falda, 16 Junio de 2003