TODOS BAJO El MISMO CRISTO

Toma de  postura de la Comisión Mixta Católico Romana-Evangélico Luterana sobre la Confesión de Augsburgo. 1980 [1] .

PROLOGO

La Comisión mixta católico romana-evangélico luterana, consti­tuida por el Secretario Romano para la Unidad de los Cristianos, por una parte, y por la Federación Luterana Mundial de Ginebra, por otra, ha elaborado una Declaración sobre la Confesión de Augsburgo.

Esta ha sido aceptada unánimemente por los miembros de la Comi­sión. Esperamos que la comunión futura, expresada en esta Decla­ración, favorezca la esperada unidad de nuestras Iglesias.

Augsburgo, 23 de febrero de 1980.

J. L MARTENSEN

Copresidente

Obispo de Copenhague; Dinamarca

JORGE A. LlNDBECK

Copresidente .

Profesor de la Universidad de Yale

Puerto Nuevo, EE. UU. de América

1. Si consideramos hoy nosotros, Católicos y Luteranos, la Con­fesión de Augsburgo, vemos que nos hallamos ante una situación profundamente diferente de las circunstancias de 1530.

2. En aquel tiempo estaba en gran peligro la unidad de la Iglesia Occidental, aunque no estaba rota. Los "partidos religiosos” de entonces se sentían obligados a mantener la unidad eclesial "bajo el mismo Cristo”, a pesar de las discusiones y de las convicciones diferentes [2] .

3. El sucesivo desarrollo implicó tanto un endurecimiento polé­mico en el trato mutuo, como también el agravamiento de la antítesis doctrinal, en la práctica de la piedad, en las estructuras eclesiales, en la manera de seguir al Señor crucificado y resucitado y en el modo de testimoniar su Evangelio a los seres humanos. Factores extraecle­siales contribuyeron también a aumentar la separación y a profundizar en las discrepancias., Estas tensiones y antítesis se llevaron incluso, con la actividad misionera de nuestras Iglesias, a otros países y continentes.

4. Reconocemos nuestra culpa, pues estas discrepancias sepa­raron a nuestras Iglesias, y esta separación ha debilitado nuestro testimonio de Cristo, causando daño a los seres humanos y a los pueblos.

5. Con agradecimiento experimentamos cómo el Espíritu Santo nos lleva hoy cada vez más a la unidad del Hijo con el Padre (cf. Juan 17, 21 ss.), y nos ayuda a llegar a una nueva comunión entre nosotros.

6. Principalmente desde el II Concilio Vaticano nuestras Iglesias están en diálogo en muchos países y lugares. En importantes cues­tiones controvertidas se han logrado notables acercamientos, estable­ciéndose consensos. La convivencia de las comunidades y de los miembros de nuestras Iglesias ha conducido a múltiples formas de trabajo en común y de comunión práctica. No pocas diferencias existentes entre nosotros empiezan a perder virulencia separatista y, aunque hemos de luchar juntos por la verdad, numerosas realidades diversas quedarán como fuentes de mutuo enriquecimiento y correc­ción. Después de siglos de un creciente alejamiento, se ha despertado ahora entre nosotros la conciencia de “estar bajo el mismo Cristo».

7. El diálogo de los últimos tiempos, los acuerdos teológicos alcanzados por él y el grado de convivencia experimentado nos hacen volver a Augsburgo y a la Confesión de Augsburgo. Esta Confesión, base y punto de partida de las otras Confesiones Luteranas, refleja como ninguna otra el contenido y la estructura de la voluntad ecumé­nica y la intención católica de la Reforma.

8. Es muy importante que esta voluntad ecuménica e intención católica se expresen en un documento confesional, que, por debajo y junto a la Sagrada Escritura, es todavía hoy fundamento doctrinal para las Iglesias Luteranas y, por ello, posee fuerza vinculante para ellas. Precisamente esto tiene una importancia especial en la fase actual de comprensión y acercamiento entre nuestras Iglesias. El diálogo postconciliar, como se lleva, por ejemplo, en nuestra Comi­sión mixta católico romana-evangélico luterana desde 1967, no tiene ya un carácter privado ni sus encuentros dejan de vinculamos, pues se realiza, más bien, por encargo oficial de nuestras Iglesias. En la medida que se han concluido estos diálogos oficiales, se han logrado acercamientos y acuerdos en problemas fundamentales [3] , se apremia en nuestras Iglesias, la aceptación vinculante de sus resulta­dos, y nos enfrenta a la cuestión de la realización de la comunión eclesial.

9. A este dinamismo de un diálogo eclesial responsable y que urge la realización de la comunión eclesial, corresponde, en primer lugar, que esta Confesión, vinculante para la vida, doctrina y comu­nión de la Iglesia, sea en especial medida objeto de atención y trabajo comunes.

10. La Intención expresa de la Confesión de Augsburgo es tes­timoniar la fe de la Iglesia una, santa, católica y apostólica. No se trata de proponer enseñanzas extrañas o de la fundación de una nueva Iglesia (CA VII) sino de la purificación y renovación de la fe cristiana en consonancia con la Iglesia antigua, «también con la Iglesia Romana" y en concordancia con el testimonio de la Sagrada Escritura [4] . Esta intención manifiesta en la Confesión de Augsburgo tiene también relevancia para la comprensión de las ulteriores Con­fesiones Luteranas.

II

11. Las investigaciones comunes de teólogos católicos y lutera­nos [5] han tenido como resultado que las declaraciones contenidas en la Confesión de Augsburgo correspondan en gran parte a esta inten­ción y, por eso, pueden ser considerados como expresión de la fe común.

12. Este resultado se debe de nuevo a una multitud extensa de nuevos estudios e investigaciones, elaborados parcialmente en común:

- Estudios exegéticos y patrísticos nos hicieron conscientes de la riqueza de la fe común. Ahora somos capaces de juzgar mejor la validez o la corrección de las antiguas controversias, basadas en argumentos de la Escritura y de la Tradición.

- Investigaciones históricas han arrojado una luz nueva sobre la situación eclesial, social y económica del tiempo de la Reforma y han demostrado en qué medida factores políticos y económicos con­tribuyeron al alejamiento y a la separación.

- Investigaciones histórico-dogmáticas sobre la Edad Media, so­bre la Reforma y, no en último lugar, sobre la Confutatio, escrita en nombre del Emperador en contra de la Confesión de Augsburgo, y sobre las negociaciones para la unión de 1530, han proporcionado ideas que sirven para ordenar las desbalanzadas controversias ante­riores. para quitar la virulencia de los juicios mutuos y para valorar nuevamente los acuerdos alcanzados entonces.

13. Desde el fondo de estos estudios e investigaciones brota en nosotros esta mirada retrospectiva sobre la Confesión de Augsburgo:

Unidos confesamos la fe que une a toda la Cristiandad con Dios Uno y Trino y la salvación de Dios por medio de Jesucristo en el Espíritu Santo (CA I y III). En esta verdad importante y central de la fe cristiana se mantuvieron unidos los cristianos luteranos y católicos, en todas las controversias y diferencias del siglo XVI.

14. En la doctrina sobre la justificación, que tuvo una impor­tancia decisiva en la Reforma (CA IV). se advierte un amplio consenso: solamente por la gracia y por la fe que tenemos en la obra salvadora de Cristo, y no debido a nuestros méritos, somos aceptados por Dios y recibimos el Espíritu Santo, que renueva nuestros corazones y nos capacita e impulsa a las buenas obras [6] .

16. También en la comprensión de la Iglesia sobre la que, en el pasado, hubo controversias de mucha importancia, constatamos hoy una comunión básica, aunque no sea completa todavía. La Iglesia es la comunidad de aquellos que Dios ha convocado por Cristo en el Espíritu Santo, por medio de la proclamación del Evangelio, la ad­ministración de los sacramentos y el ministerio a tal propósito insti­tuido. EIIa es, aunque comprenda siempre pecadores, poder de la promesa y fidelidad de Dios, la una, santa.,católica y apostólica Iglesia, que permanecerá siempre (CA VII y VIII).

17. Así, Católicos y Luteranos, considerando la Confesión de Augsburgo, han dado origen a una comprensión común de verdades fundamentales de fe, que señala a Jesucristo como centro vivo de nuestra fe.

18. Este consenso fundamental encuentra también su expresión y ratificación en los Documentos del diálogo oficial católico-Iuterano en la actualidad:

- En las declaraciones comunes sobre la relación entre el Evangelio y la Iglesia [7] .

- En una amplia comprensión común de la Eucaristía [8] .

- En el acuerdo sobre un ministerio especial de servicio consti­tutivo para la Iglesia, transmitido por la ordenación y que no perte­nece a lo que la Confesión de Augsburgo designa como «no necesario” [9] .

19. Por lo que se refiere a la Segunda Parte de la Confesión de Augsburgo, en la que parcialmente y en una forma polémica muy fuerte se adoptan medidas en contra de abusos de la Iglesia de en­tonces, la vida y el criterio de nuestras Iglesias han cambiado con relación a los puntos allí mencionados, lo cual anula 'fundamental­mente la dura crítica expresada en la Confesión de Augsburgo. En la Segunda Parte se consideran también importantes cuestiones de fe. Sobre éstas. aunque algunas cuestiones necesiten todavía una aclaración, no obstante se ha logrado un amplio consenso.

20. A propósito de la Misa (CA XXII y XXIV), nuestro diálogo so­bre la Cena del Señor ha puesto de manifiesto principalmente esta transformación en la doctrina y en la práctica. Aún tenemos exigencias recíprocas, cuestiones mutuas y tareas comunes [10] . Sin embargo, éstas se comprenden dentro de una comunión profunda en el testimonio de la Cena del Señor y también, ampliamente. en la celebración litúrgica [11] .

21. Sobre el mandato y la vida religiosa (CA XXVII) no puede mantenerse en pie el duro criterio de la Confesión de Augsburgo, en vista de la preponderante comprensión y práctica de la vida monás­tica en la Iglesia Católica Romana [12] . Las formas monásticas de vida común, como estilos de profunda realización del Evangelio, son para los Católicos y Luteranos teológica y prácticamente posibilidades legí­timas [13] . No obstante. la interpretación de los detalles en la situación actual del diálogo -también en el Luteranismo- queda aún abierta.

22. En cuanto al ministerio del Obispo hay que mantener que la Confesión de Augsburgo abrigaba el deseo expreso de conservar la organización episcopal en consonancia con lo que sucedía en la Iglesia. Con esto se suponía que la verdadera proclamación del Evangelio se podía fomentar por este ministerio. sin dificultarla. La Confesión de Augsburgo considera este ministerio como un servicio de unidad y dirección esencial para la Iglesia (CA XXVIII), colocado por encima de los ministerios locales, aunque la forma concreta de este ministerio quede por resolver.

23. Para un diálogo completo sobre la Confesión de Augsburgo es necesario reconocer también que quedan cuestiones sin responder y problemas sin resolver, tales como:

- En la Confesión de Augsburgo faltan criterios sobre el número de los sacramentos, sobre el Papado, así como sobre aspectos deter­minados de la estructura episcopal y del magisterio de la Iglesia.

- La Confesión de Augsburgo, naturalmente, no se expresa sobre los dogmas que han sido definidos más tarde: el primado de juris­dicción y la Infalibilidad del Papa (1870), la preservación de María, por gracia, del pecado original (1854), y su Asunción corporal al cielo (1950).

24. Estas cuestiones tienen que ser objeto de ulteriores diálogos. En ellos se tendrá que examinar qué peso tienen todavía las dis­crepancias existentes y las cuestiones abiertas en el camino del acercamiento de nuestras Iglesias y, además, qué importancia tiene el hecho que algunas cuestiones hayan recibido su relevancia actual en los últimos siglos.

25. Esta unidad redescubierta en verdades centrales de la fe cristiana nos da una esperanza fundada en que. a la luz de este con­senso fundamental, habrá respuestas a las preguntas y cuestiones que aún siguen planteadas. y tendrán la medida necesaria de comu­nión, en orden a que nuestras Iglesias puedan dar pasos decisivos para recorrer el camino que va de iglesias separadas a iglesias hermanas.

26. El II Concilio Vaticano advirtió a los Católicos: “que los cató­licos reconozcan con gozo y aprecien los bienes verdaderamente cristianos, procedentes del patrimonio común", que se encuentran entre los cristianos de otras iglesias [14] . Es  un motivo de alegría y gratitud que, tanto los Católicos como los luteranos. han dado un paso importante en este camino mediante el trabajo común sobre la Confesión de Augsburgo.

27. La fe común que hemos redescubierto en la Confesión de Augsburgo nos puede ayudar, en nuestro tiempo. a confesar juntos esta fe. Esto es mandato del Señor resucitado a nuestras Iglesias. y ellas están en deuda con el mundo y con los seres humanos. Esto corresponde también a Intención de la Confesión de Augsburgo, que en aquel tiempo no sólo quería mantener la unidad eclesial, sino también quería testimoniar al mundo la verdad del Evangelio.

28. Ante la perspectiva de las nuevas cuestiones, de los desa­fíos y posibilidades de la situación actual, no podemos conformarnos con repetir la Confesión de 1530, y adornarla retrospectivamente. Lo que hemos redescubierto como expresión de nuestra fe común se debe articular de nuevo. Debemos mostrar el camino para un testi­monio en el aquí y ahora. donde Católicos y Luteranos proclamen el mensaje y la salvación del mundo en Jesucristo, no separados y unos en contra de otros, sIno unidos, y lo anuncien como un renovado ofrecimiento de la gracia de Dios.

Participantes;

MIEMBROS DE LA COMISION

Obispo Juan lo MARTENSEN (Copresidente católico), Copenhague. Dina­marca.

Prof. Jorge A. LlNDBECK (Copresidente luterano), Universidad de Yale, Puerto Nuevo, EE. UU. de América.

Miembros Católicos;

Obispo Pablo Werner SCHEELE, Wurtzburgo, República Federal de Alemania.

Prof. Dr. José HOFFMANN, Estrasburgo. Francia.

Párroco Juan HATCHKIN, Washington, EE. UU. de América.

Párroco Christian MHAGAMA, Tanzania.

Prof. Dr. Estanislao NAPIORKOWSKI. Dublín.

Dr. Vicente PFNOR, Münster, República Federal de Alemania.

Prof. Dr. Gualterio KASPER, Tubinga, República Federal de Alemania.

Prof. Hervé LEGRAND. París, Francia.

Prof. Dr. Hems SCHOTTE, Paderborn, República Federal de Alemania.

Mons. Carlos MOELLER. Roma, Italia.

Miembros Luteranos;

Obispo Germán DIETZFELBINGER, Munich, República Federal de Alemania.

Pastor Dr. Carlos HAFENSCHER, Budapest, Hungría.

Dr. P. NASUTION, Ginebra, Suiza.

Párroco Isaac NSIBU, Tanzania.

Dr. Carlos THUNBERG, Dinamarca.

Pastor Dr. Bertoldo WEBER, Sao Leopoldo, Brasil.

Prof. Dr. Harding MEVER, Estrasburgo, Franela.

Prof. Dr. Wenzel LOHFF. Hamburgo, República Federal de Alemania.

Dr. Ulrrlco KOHN, Leipzlg, República Democrática Alemana.

Dr. Carlos MAU, Ginebra, Suiza.

Daniel MARTENSEN, Ginebra, Suiza.




[1] Texto original en alemán en Lutherliche Weft-Information 12 (1980) 3.7. Posteriormente recogido en DWU, 323-328. Versión española en Diálogo Ecuménico 16 (1981) 386-393.

[2] Esto se acentúa en la convocatoria imperial a la Dieta de Augsburgo (1530) y se Introdujo en el prólogo de la CA: BSLK 44 y 46.

[3] Diálogo oficial luterano-católico. en USA: Lutherans and Catholics in Dialogue, III. The Eucharist as Sacrifice (Washington-Nueva York 1967); IV. Eucharist and Ministry (Washington-Nueva York 1970); V. Papal Primacy and the UnIversal Church (Washington-Nueva York 1974) (traducción española en Seminarios 57-58 [1975] 489-501; y 'Teaching Authority and Infalibility In the Church', Theologlcal Studies 39 (1979), 13-166.

Diálogo oficial Internacional luterano-católico:”-Das Evangelium und die Klrche. (Malta 1971; Una Sancta. 27 (1972) 15-25; Das Herrenmahl (Paderbom-Francfort del Meno 1979) (cf. supra en este mismo apartado la versión española de estos dos últimos documentos y sus referencias:  “EI Evangelio y la Iglesia”  y “La Cena del Señor” que usted puede encontrar en este sitio de Internet.

[4] Véase  la conclusión de la primera parte de la CA: BSLK 83d.

[5] Cf. Confessio Augustana. Bekenntils des einen G/aubens. Gemeinsame Unterauchung katholischer und lutherischer Theologen (Francfort del Meno.Pader­bom 1980).

[6] Cf. CA IV, VI y XX; Relación de Malta. nn. 26 y 48.

[7] Cf. Relación de Malta, nn. 18 ss y 47 ss.

[8] Cf. La Cena del Señor.

[9] Cf. CA VII; Relación de' Malta. nn. 47 ss., Y El ministerio espiritual en la Iglesia.

[10]    Cf. La Cena del Señor, nn, 46-76.

[11]    Cf. La Cena del Señor, nn. 1-45; 76. Ver el apéndice de este documento “Die liturgische Feler des Herrenmahls” (pp. 48 y ss. de la ed. alemana), donde se ofrecen las diversas liturgias actuales luteranas de la Eucaristía.

[12]    Cf. Ante todo el II Concilio Vaticano, Decreto sobre la renovación de la vida religiosa.

[13]    Adviértase el fenómeno de las comunidades evangélicas y formas análogas de vida común.

[14] II Concilio Vaticano, Decreto sobre el Ecumenismo, n. 4