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Reunidos para celebrar: La Cena [1] Lo que yo recibí del Señor, y a mi vez les he transmitido, es lo siguiente: El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó el pan, dio gracias, lo partió y dijo: “Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía.” De la misma manera, después de cenar, tomó la copa, diciendo: “Esta copa es la Nueva Alianza que se sella con mi Sangre. Siempre que la beban, háganlo en memoria mía”. Y así, siempre que coman este pan y beban esta copa, proclamarán la muerte del Señor hasta que él vuelva. (1 Corintios 11:23-26) [2] Al celebrar un servicio eucarístico completo cada domingo, muchas iglesias luteranas honran la tradición del Nuevo Testamento y de la era apostólica, así como el estándar de práctica en las confesiones luteranas. El antiguo orden de la celebración provee una oportunidad de alabar y agradecer a Dios, recordar la historia del pueblo de Dios y recibir las “palabras visibles” de Cristo con el pan y el vino. Reunidos alrededor de la mesa del Señor cada uno recibe una porción de persona pobre, un pedazo de pan y un sorbo de vino. Aquí, la communio sanctorum [3] , la comunión del pueblo santo que recibe cosas santas, es expresada gráficamente; la presencia de “toda la corte celestial” es recordada y reconocida. Santo,
santo, santo es el Señor, Dios del universo. Las antiguas plegarias cristianas comparan la congregación reunida con los granos de trigo recolectados, molidos y horneados, para formar un solo pan. San Agustín también dice: ¿Entienden el cuerpo de Cristo? Escuchen al apóstol diciendo a los fieles: “Ustedes son el cuerpo y los miembros de Cristo.” Si ustedes son el cuerpo de Cristo y sus miembros, entonces es el propio misterio de ustedes el que es colocado sobre la mesa del Señor; es el propio misterio de ustedes el que reciben. Es a lo que ustedes son a lo cual ustedes le responden “Amén”, y al responder suscriben. Pues a ustedes se les dice “El cuerpo de Cristo”, y ustedes responden “Amén”. Sean miembros del cuerpo de Cristo y que su “Amén” sea verdadero. [5] La fracción del pan da identidad a la comunidad cristiana y a sus miembros bautizados. Aún más, llama a los fieles a tomar conciencia y acción social, económica y política. Promueve un sistema económico justo que posibilite a las personas ofrecer dones y satisfacer su hambre. En otras palabras, la condición de una Eucaristía aceptable a Dios es que los pobres deben comer materialmente…Es el banquete el que requiere que todos los que lo comparten hayan satisfecho su hambre material a través de la justicia histórica. La Eucaristía es un recordatorio de justicia, celebra la justicia y anuncia la justicia del Reino (por justicia entendemos salvación y liberación). [6] El arzobispo salvadoreño católico romano, Oscar Romero, declara en una homilía del día de su asesinato, el 24 de marzo de 1980: Esta santa Misa, esta Eucaristía, es claramente un acto de fe. Este cuerpo partido y esta sangre derramada por los seres humanos nos animaron a entregar nuestro cuerpo y sangre hasta el sufrimiento y el dolor, como lo hizo Cristo -no por nosotros mismos, sino para traer justicia y paz a nuestro pueblo. [7] El Padrenuestro, que concluye la gran plegaria eucarística, es la oración de todos: los jóvenes y los ancianos, los ricos y los pobres. Es orado por toda la asamblea. Pertenece a aquellos que son despreciados, a aquellos que son considerados como enemigos, a aquellos que luchan por la liberación. Jesús no nos enseñó a orar Padre “mío”. Dios es el padre y la madre de todos. Las preocupaciones de los débiles, de los pobres, de los impotentes son las preocupaciones de Dios. Como hijos de Dios y co-trabajadores, somos llamados a ser un canal para el cambio y la transformación. Cuando oramos “Nuestro pan de cada día dánoslo hoy”, estamos orando que todas las personas en la tierra puedan satisfacer diariamente sus necesidades básicas: alimentación, vestido, techo, trabajo, educación, servicios sanitarios, seguridad. Hoy en día, el capitalismo globalizado y la economía de mercado han transformado las vidas humanas y los recursos naturales en meras mercancías, que permiten la acumulación de riquezas y capital a apenas un 20 por ciento de la población global. Al mismo tiempo, 80 por ciento de la población mundial es empujada a los márgenes, convirtiéndolos en indigentes y excluidos de la participación plena en la vida comunitaria y económica. En otras palabras, la mayoría de la población mundial no tiene satisfechas sus necesidades básicas –el pan de cada día. Como mayordomos de la creación de Dios somos llamados a cuidar y sostener la creación de modo que todas las personas así como las generaciones venideras tengan también su pan cotidiano. Hoy en día en muchos lugares tales como El Salvador, Colombia, Bolivia, Chiapas en México y Haití la gente vive en constante amenaza de muerte a causa de los conflictos, la guerra civil y las luchas por la liberación. Hay una necesidad urgente de sanación y reconciliación. A causa del creciente fundamentalismo y fanatismo religioso en la India y otras naciones vecinas, muchas comunidades se encuentran bajo constante amenaza de violencia comunitaria. En estas y muchas otras situaciones, la petición “perdónanos nuestras deudas” nos llama a esforzarnos por la reconciliación y la sanación de todo el mundo. En el registro más temprano del Nuevo Testamento de la institución de la Cena del Señor, San Pablo ubica la Eucaristía en el contexto de problemas sociales en la congregación de Corinto. La congregación estaba constituida por personas ricas y esclavos analfabetos. Cuando se reunían todos para la Santa Comunión, los ricos tenían de todo para comer y beber, pero no compartían nada de eso con los pobres trabajadores esclavos que no podían traer nada para la fiesta de amor de la comunidad. Pablo reprende a los ricos por olvidarse del significado básico de koinonia [8] como compartir (1 Corintios 10:17; 1 Corintios 11:17-34): solamente hay un pan que es partido y compartido. El compartir el cuerpo y la sangre de Cristo llama a los fieles a compartir sus recursos los unos con los otros y a ser una comunidad de esperanza para todos los seres humanos. Compartir es una característica básica de la vida comunitaria observada entre los primeros cristianos, quienes intentaban hacer verdadera esta expectativa. Con gran poder los apóstoles daban testimonio de su nueva vida en Cristo. La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo era común entre ellos. Los Apóstoles daban testimonio con mucho poder de la resurrección del Señor Jesús y gozaban de gran estima. Ninguno padecía necesidad, porque todos los que poseían tierras o casas las vendían y ponían el dinero a disposición de los Apóstoles, para que se distribuyera a cada uno según sus necesidades. (Hechos 4:32-35) [9] La propiedad común y compartida de acuerdo a las necesidades de cada persona eran principios básicos en una comunidad que había sido inspirada por la resurrección de Cristo. El sacramento de la Santa Comunión también llama a los fieles a compartir la vida los unos con los otros. El acto de compartir el cuerpo y la sangre de Cristo nos une a Jesús quien se vació a sí mismo completamente, compartiendo su vida para que todos puedan tener vida. Existen muchas razones por las cuales algunas iglesias no celebran la Eucaristía frecuentemente. Las congregaciones en algunas áreas en vías de desarrollo no pueden hacer frente fácilmente a la compra de elementos necesarios para la celebración del sacramento en forma frecuente, siendo el vino en particular un artículo caro e importado. Las regulaciones, que en algunas iglesias que permiten únicamente a los líderes ordenados distribuir la comunión, hacen que tome a una persona ordenada un tiempo bastante largo para distribuir el pan y el vino a las grandes congregaciones a las que sirven, a menudo con 800 personas o más en un domingo con comunión. Debido a una falta de pastores ordenados, algunas congregaciones de pueblo en la India no celebraron el sacramento en quince años. Se deben proveer formas para asegurar el acceso regular y frecuente a la cena de Cristo. Una oración post-comunión común en la liturgia luterana heredada de Martín Lutero, refleja el deseo del Reformador de expresar gratitud por lo que hemos recibido. La segunda parte de la colecta -“te imploramos que, en tu misericordia, nos fortalezcas por este don en fe hacia ti y en ferviente amor mutuo” [10] - expresa una determinación de vivir en amor. Irónicamente, en algunos lugares los fieles que han recibido el pan y el vino de la presencia de Cristo se van de la iglesia antes de que se diga esta oración a fin de disfrutar algo más de su fin de semana, sin siquiera pensar en la falta de gratitud que esto muestra. En algunas congregaciones el lugar de adoración está medio vacío al momento de cantar el cántico post-comunión. Tales personas, aunque están presentes en el servicio de adoración comunitario, permanecen totalmente individualistas a través del culto. Confiesan sus pecados personales, escuchan el perdón anunciado sólo para ellos y reciben el cuerpo y la sangre de Cristo sólo para tener la seguridad de que sus pecados individuales son perdonados. Dejan el edificio de la iglesia, intactos de cualquier sentimiento de comunidad, contentos de ser creyentes individualistas, en lugar de ser miembros funcionales del cuerpo de Cristo. La liturgia dominical puede crear en la comunidad conciencia de nuestro lugar en la historia de los santos, de nuestra responsabilidad en el tiempo actual, de nuestras ineptitudes y nuevas preocupaciones y de la relevancia de nuestra fe. También ofrece la guía del Espíritu Santo y el apoyo de la comunidad reunida para nuestra misión en nuestra vida cotidiana. “El cuerpo de Cristo, dado por ti”. Estas palabras de distribución incorporan a cada persona al cuerpo que libremente continúa entregándose por el bien del mundo. El antiguo consejo mantiene su urgencia todavía hoy: “Que nadie prive a la iglesia permaneciendo afuera, si lo hacen, privan al cuerpo de Cristo de uno de sus miembros” [11] . Vamos
todos al banquete, El Salvador Aportes para la reflexión y discusión Reflexionen sobre sus costumbres locales relacionadas a la celebración de la Santa Comunión.
[1] Traducción Gathered for Worship, The Lutheran World Federation. Department for Theology and Studies. Office for Worship and Congregational Life. Ginebra. Junio 2003: “Meal” pp. 47-52. Traductor William Stegemann. [2] Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. [3] Se mantiene el original en idioma latino. [4] Libro del Liturgia y Cántico, p. 61. [5] Agustín, Sermón 272. Traducción desde el inglés. [6] DUSSEL, Enrique: Christian Art of the Oppressed in Latin America in Symbol and Art in Worship, Luis Maldonado and David Power (Eds.), Concilium 132 (Seabury: New York, 1980), p.41. [8] Se mantiene el original en idioma griego. [9] Traducción: El Libro del Pueblo de Dios. [10] Libro de Liturgia y Cántico, p.68. [11] Didascalia Apostolorum. Traducción desde el inglés. [12] Libro de Liturgia y Cántico, himno 410. |