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El Uso del Incienso en la Liturgia [english version] La utilización del incienso formo parte de los ritos religiosos de las culturas antiguas y asimismo tiene una larga historia tanto en el judaísmo como en el cristianismo. El incienso es mencionado frecuentemente en las escrituras hebreas y en el capítulo primero del evangelio de Lucas, donde encontramos a Zacarías en el templo en el momento en que se ofrenda incienso. El salmista expresa el simbolismo del incienso y la oración. “Que mi oración suba hasta ti como el incienso, y mis manos en alto, como la ofrenda de la tarde” (Salmo 141, 2). Uno de los regalos que ofrecieron los Magos al Cristo niño incluía oro, mirra e incienso. En la Segunda Carta de Corintios 2: 14-16 el conocimiento de Cristo es comparado a una fragancia. El visión del cielo en el libro del Apocalipsis incluye a los ancianos que portaban copas llenas de incienso, descripta como las oraciones de los santos. (Apocalipsis 5, 8) Las nubes de incienso representan la limpieza y la purificación, y el suave aroma sugiere el revestimiento de justicia de Cristo con la que cubre nuestros pecados. El incienso, algunas veces, es utilizado para honrar los objetos sagrados y al pueblo santo, que es el símbolo primario de la liturgia. Por ejemplo, el libro del evangelio, el altar, el pan y el vino, los celebrantes y la asamblea son incensados como una forma de hacer visible su importancia en la liturgia. El incienso es también utilizado para añadir un acompañamiento festivo a las procesiones, agregando “la nube santa” y “el santo aroma” a la atmósfera. El incienso profundiza nuestra experiencia litúrgica porque incorpora el sentido del olfato. La liturgia incluye todos nuestros sentidos, mostrando el significado de nuestros cuerpos y de toda la creación de Dios. El suave aroma del incienso es la puerta de entrada a lo sagrado de la misma forma en que la maravillosa música, las flores, los vitrales nos conducen hacia una cuidadosa meditación sobre la misteriosa presencia de Dios. Como “católicos cristianos” nos alegramos en poder incorporar la riqueza de la tradición de la Iglesia en sus variadas formas, y esto nos hace sentir en conexión con la Iglesia en todo el mundo y de todos los tiempos. Una congregación que desea introducir el incienso en la liturgia puede escoger comprar en primer lugar un pequeño brasero o un hornillo de cerámica. El incienso se lo puede usar en la celebración antes o durante la Gran Plegaria Eucarística. La más fuerte conexión con las escrituras se puede hacer al utilizar incienso durante el recitado del Salmo 141 en la Oración de la Tarde: (“Que mi oración suba hasta ti como el incienso...). Un recipiente con incienso también se lo puede llevar en la procesión delante de la cruz. Un turiferario (también conocido como incensario) es el recipiente que esta tradicionalmente suspendido por cadenas y utilizado para transportar el incienso durante una procesión. Los granos de incienso son guardados en un recipiente conocido como frasco de incienso y de allí se los esparce con una cucharita sobre carbones ardiendo en el turiferario. La persona que transporta el turiferario es llamado de igual manera. En la liturgia de Santa Comunión, el turiferario se lo puede utilizar durante la procesión de entrada (señalando el espacio y la asamblea del pueblo de Dios), durante la procesión del evangelio (indicando uno de los puntos culminantes de la Liturgia de la Palabra), durante el ofertorio incensar el pan y el vino (indicando la parte de la Cena), y en la liturgia del envío (señalando la importancia de nuestro ministerio en el mundo). Durante la Oración de la Mañana y de la Tarde frecuentemente el altar es incensado mientras de recita el Cántico Evangélico, conectando la oración cotidiana con su fundamento central: la santa eucaristía. En algunas congregaciones podemos encontrar a aquellos que se pueden resistir al uso del incienso debido a alguna alergia o porque lo consideran “católico”. Esta última preocupación se la puede enfrentar señalando la forma en que toda nuestra liturgia y sus símbolos y acciones están fundamentados en nuestra tradición católica occidental que tenemos en común. Esta preocupación necesitas ser considerada pastoralmente. Algunas congregaciones utilizan un incienso que no produce alergias. Otras anuncia con anticipación las fechas de los domingos en los cuales se ha de utilizar incienso. Abrir una ventana, conectar un ventilador de techo, o utilizar una modesta cantidad de incienso pueden ser algunas otras formas de ser sensible a la totalidad de la congregación sin comprometer la riqueza que el incienso puede aportar a la liturgia. . Enero de 2003 Copyright © 2003 Evangelical Lutheran Church in America Este documento se lo puede reproducir para uso congregacional siempre y cuando cada copia contengan los datos del copyright
The use of incense was a part of the religious rites of ancient cultures and has also had a long history in both Judaism and Christianity. Incense is mentioned frequently in the Hebrew Scriptures and in Luke 1 Zechariah is in the temple at the time of the incense offering. The psalmist expresses the symbolism of incense and prayer: “Let my prayer rise like incense before you; the lifting up of my hands as the evening sacrifice.” (Psalm 141:1) The gifts the Magi offered to the Christ Child included gold, frankincense and myrrh. In 2 Corinthians 2:14-16 the knowledge of Christ is compared to a fragrant odor. The vision of heaven in Revelation includes the elders holding bowls of incense, described as the prayers of the saints. (Revelation 5:8) The clouds of incense represent cleansing and purification, and the sweet smell suggests Christ’s robe of righteousness that covers our sin. Incense is sometimes used to give honor to holy things and holy people, the primary symbols of the liturgy. For example, the gospel book, the altar, the bread and wine, the ministers and the assembly are incensed as a way of showing their importance in worship. Incense is also used to add a festive accompaniment to processions, adding “holy clouds” and “holy smells” to the air. Incense deepens our experience of the liturgy because it incorporates the sense of smell. The liturgy involves all of our senses, showing the significance of our bodies and all of God’s creation. The sweet swell of incense is a doorway to the holy in the same way that beautiful music, flowers, and stained glass can lead us to ponder the mystery of God’s presence. As “catholic Christians” we rejoice that we can incorporate the richness of Church’s tradition in many forms, and thus feel connected to the Church around the world and through the ages. A congregation that wants to introduce incense in the liturgy may choose to first purchase a brazier or pottery bowl. Incense could be used before the service or during the Great Thanksgiving. The strongest connections to scripture will be made by using incense during Psalm 141 at Evening Prayer (“Let my prayer rise before you as incense).” A bowl of incense can also be carried in a procession before the cross. A thurible (also known as a censer) is the vessel that is typically suspended by chains and used for carrying incense in a procession. The grains of incense are kept in a vessel known as an incense boat and are then sprinkled by a spoon onto a lighted charcoal in the thurible. The person who carries the thurible is called a thurifer. In the liturgy of Holy Communion, the thurible may be used in the entrance procession (marking the space and the gathered people of God), the gospel procession (marking the highpoint of the Word portion of the liturgy), at the offertory to cense the bread and wine (marking the Meal portion), and at sending (heightening the importance of our ministry in the world). During Morning and Evening Prayer the altar is often censed during the Gospel Canticle, connecting daily prayer with it’s central foundation, the holy eucharist. In some congregations there will be those who resist the use of incense due to allergies or because it is considered “catholic.” The latter concern can be addressed by stressing how our entire liturgy and its symbols and actions are based in our common western catholic tradition. The former concern needs to be considered pastorally. Some congregations use “non-choking” or “hypo-allergenic” incense. Others announce ahead of time on which Sundays or at what services incense will be used. Opening a window, turning on a ceiling fan, or using a modest amount of incense are other ways of being sensitive to the whole congregation without compromising the richness that incense can bring to the liturgy. January 2003 Copyright © 2003 Evangelical Lutheran Church in America This document may be reproduced for use in your congregation as long as the copyright notice appears on each copy. |