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LITURGIA LUTERANA Forma del Rito El domingo es el día principal en el cual la iglesia se congrega: el primer día de la creación cuando Dios transformó las tinieblas en luz, el día en que Cristo fue levantado de entre los muertos, revelándose a sí mismo a los discípulos en las escrituras y en el partimiento del pan. Los bautizados se reúnen para oír la palabra, orar por los necesitados, agradecerle a Dios por el don de la salvación, para recibir el pan de vida y la copa de bendición, y para ser renovados para el testimonio diario de la fe, la esperanza y el amor. Para los invitados, extraños y todos aquellos en necesidad, la iglesia ofrece estas cosas tan buenas de la gracia de Dios. 1 AL CONGREGARSE
Himno de entrada Saludo apostólico Señor, ten piedad Himno de alabanza Oración del día Dios llama y reúne a los creyentes por medio del Espíritu Santo, y en respuesta la comunidad aclama a este Dios bondadoso por medio del canto y la oración. Se puede comenzar con una confesión de pecados y/o con un canto de entrada. La bienvenida de Dios es extendida a la congregación por quien preside. Cuando sea apropiado, una letanía o canto de alabanza puede cantarse inmediatamente antes de la oración del día. Por medio de estos actos, la congregación se prepara para escuchar la palabra de Dios. Palabra Primera lectura Salmo Segunda lectura Aclamación del Evangelio Evangelio Sermón Himno del día Credo Las plegarias Del rico tesoro de la proclamación de las escrituras por los lectores y predicadores, la iglesia oye las buenas noticias de la acción de Dios en este y todo tiempo y lugar. Un ciclo de tres años de lecturas provee porciones de las escrituras hebreas, las cartas del Nuevo Testamento y de los libros del Evangelio para cada semana. Durante Adviento y Navidad el leccionario revela los misterios de la palabra hecha carne. Durante Cuaresma y Resurrección el misterio pascual de la muerte y resurrección de nuestro Señor es proclamado. A través de toda la época de Pentecostés los textos del Nuevo Testamento son leídos en un orden continuo. Durante los últimos domingos del año las lecturas presentan una visión final de un cielo nuevo y una tierra nueva. Este encuentro con la Palabra viva, Jesucristo, es marcado por proclamación y silencio, salmo y canto, movimiento y gesto, el cantar y el hablar. El silencio después de las lecturas da tiempo para meditar sobre la palabra. El sermón anuncia las buenas noticias para la comunidad y para el mundo; el himno del día al mismo tiempo proclama y responde a la palabra; un credo es una respuesta aún mayor. La palabra de Dios, leída, predicada y aclamada, guía a la comunidad a orar por la iglesia, el pueblo en general y por aquellos que sufren o están necesitados. Cena Presentación de las ofrendas Acción de gracias Padrenuestro Cántico Oración Con
acciones de gracias la congregación alaba a Dios por sus bondadosos
dones de la creación y por la salvación en Jesucristo.
A la mesa del Señor se traen el pan y el vino, símbolos
sencillos del amor de Dios, símbolos humildes del trabajo humano.
Por medio de palabra y gesto, oración y canto, la gente eleva
sus corazones en alabanza y acciones de gracias por los regalos de perdón,
vida y salvación, al oír las palabras de Jesús
durante esta cena, recordando su muerte y resurrección. Quien
preside pide que el Espíritu Santo unifique a la comunidad
en el pan y el cáliz del Señor, para que, como un solo
cuerpo en Cristo, ésta también proclame la salvación
de Dios en el mundo. A esta proclamación agradecida la comunidad
se une en un "Amén" y el Padrenuestro. Siendo bienvenidos
a la mesa, cada uno se une a Dios en Cristo, a los demás, y a
la misión de la iglesia en el mundo. Durante la comunión
se pueden cantar himnos, cantos, y salmos. Al recoger la mesa la congregación
puede unirse en un cántico. Una oración corta concluye
la liturgia de la cena.
Envío Bendición Despedida La liturgia en el día del Señor culmina con sencillez. La comunidad recibe la bendición de Dios. Todos son invitados a salir en paz, enviados a servir en palabra y hecho: a hablar las palabras de buenas noticias que han escuchado, a cuidar de aquellos en necesidad, y a compartir lo que han recibido con los pobres y hambrientos.
BREVE ORDEN PENITENCIAL De pie En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén Omnipotente Dios: tú penetras los corazones, tú conoces los deseos, tú ves los secretos más íntimos. Purifica los pensamientos de nuestros corazones por la inspiración de tu Espíritu Santo para que te amemos como mereces y dignamente glorifiquemos tu santo nombre; por Jesucristo nuestro Señor. Amén
De rodillas o de pie Se observa silencio para reflexión y examen de conciencia. Misericordioso Dios: confesamos que estamos esclavizados por el pecado y no podemos liberarnos nosotros mismos. Hemos pecado contra ti en pensamiento, palabra y obra, por lo que hemos hecho y por lo que hemos dejado de hacer. No te hemos amado de todo corazón; no hemos amado a nuestros prójimos como a nosotros mismos. Por amor de tu Hijo Jesucristo, ten piedad de nosotros. Perdónanos, renuévanos y dirígenos, a fin de que nos complazcamos en tu voluntad y caminemos por tus sendas, para la gloria de tu santo nombre. Amén
SANTA COMUNIÓN Puede usarse el Breve Orden Penitencial antes de este rito. Quien preside puede anunciar el día litúrgico y su significado antes del himno de entrada, antes de las lecturas, o en otro lugar apropiado.
De pie Himno de entrada o Salmo Saludo apostólico Quien preside saluda a la congregación. La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con ustedes. Y también contigo.
Señor, ten piedad
Himno de alabanza Puede cantarse el himno de alabanza u otro himno apropiado. Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a quienes ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único Jesucristo, Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre: tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros: porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén
o bien: Celebremos la victoria de nuestro Dios. ¡Aleluya! Digno es Cristo, el Cordero inmolado cuya sangre nos ha liberado para ser el pueblo de Dios. Celebremos la victoria de nuestro Dios. ¡Aleluya! Poder, riquezas, sabiduría y fuerza, y honra y alabanza y gloria son de él. Celebremos la victoria de nuestro Dios. ¡Aleluya! Cantemos con todo el pueblo de Dios y unamos nuestras voces al himno universal: Alabanza, honra, gloria y poder sean dados a Dios y al Cordero por siempre. Amén Celebremos la victoria de nuestro Dios, ya que el Cordero inmolado ha comenzado su reinado. ¡Aleluya! ¡Aleluya!
Oración del día El saludo puede preceder la oración. El Señor sea con ustedes. Y también contigo. Oremos. . . . (La oración concluye con.) Amén
PALABRA
Sentados Primera lectura Lectura de ______. Después de la lectura, se puede decir: Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
Salmo Se canta o se dice el salmo.
Segunda lectura Lectura de ______. Después de la lectura, se puede decir: Palabra de Dios. Te alabamos, Señor. De pie Aclamación del Evangelio Se canta una aclamación u otro himno apropiado antes y/o después del Evangelio. GENERAL ¡Aleluya! Señor, ¿a quién iríamos? En tus palabras hay vida eterna. ¡Aleluya! CUARESMA Vuelve al Señor, tu Dios, pues es compasivo y clemente, lento para la ira y grande en su misericordia. o bien: Aleluya, Aleluya, Aleluya Cantemos al Señor con alegría porque ha hecho con nosotros maravillas Cantemos al Señor por que él es bueno, porque es eterna su misericordia Aleluya, Aleluya, Aleluya
Evangelio El Santo Evangelio según _____, capítulo ___. ¡Gloria a ti, oh Señor! Después de la lectura, se puede decir: El Evangelio del Señor. ¡Alabanza a ti, oh Cristo! Sentados Sermón Un silencio para meditación puede seguir al sermón. De pie Himno del día
Credo Puede decirse el credo: el Credo Niceno, en toda fiesta y en los domingos de Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua; el Credo Apostólico, en toda otra ocasión. El credo se omite aquí cuando se celebra el Santo Bautismo u otro rito con un credo.
CREDO Niceno Creemos en un solo Dios, Padre todopoderoso, creador de cielo y tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creemos en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza que el Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Creemos en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creemos en la iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Reconocemos un solo bautismo para el perdón de los pecados. Esperamos la resurrección de los muertos y la vida del mundo venidero. Amén
CREDO APOSTÓLICO Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor. Fue concebido por obra del Espíritu Santo y nació de la Virgen María. Padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado. Descendió a los muertos. A1 tercer día resucitó, subió a los cielos, y está sentado a la diestra del Padre. Volverá para juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección del cuerpo, y la vida eterna. Amén
Las plegarias Oremos por todo el pueblo de Dios en Cristo Jesús y por todo el mundo conforme a sus necesidades. Se incluyen oraciones por la iglesia en general, las naciones, los necesitados, la parroquia y peticiones especiales. Se puede invitar a la congregación a que formule peticiones y acciones de gracias. Pueden hacerse oraciones confesionales si no se ha utilizado el Breve Orden Penitencial anteriormente. Quien orare da gracias por los fieles difuntos, especialmente los recién fallecidos.
Las plegarias concluyen: A ti, oh Señor, encomendamos a todos aquellos por quienes oramos, confiando en tu misericordia; por tu Hijo, Jesucristo nuestro Señor. Amén
CENA Se comparte la paz aquí, o bien después del Padrenuestro. La paz del Señor sea siempre con ustedes. Y también contigo. Todos pueden saludarse mutuamente en el nombre del Señor. Sentados Presentación de las ofrendas Se reciben las ofrendas mientras se prepara la Mesa del Señor. El ofertorio propio puede ser cantado por el coro mientras las ofrendas se presentan, o la congregación puede cantar uno de los siguientes ofertorios, o un himno o salmo apropiado. De pie Sean abundantes los viñedos, Señor, y colma nuestra copa de bendición. Recoge una cosecha de las semillas sembradas, y seremos alimentados con el pan de vida. Recoge las esperanzas y sueños de todos junto con las oraciones que ofrecemos. Honra nuestra mesa con tu presencia y danos un anticipo del banquete que será. o bien: ¿Qué daré yo al Señor por todos los favores que me ha hecho? Ofreceré el sacrificio de gratitud, invocando el nombre del Señor. Elevaré la copa de salvación e invocaré el nombre del Señor. Honraré mi palabra al Señor en presencia de su pueblo congregado en los atrios de la casa del Señor; en medio de ti, Jerusalén. o bien: Ahora hermanos los invito por la misericordia de Dios que se entreguen ustedes mismos como sacrificio vivo y santo que agrada Dios Aquí tienen el pan que bajó del cielo para que lo coman y ya no mueran Yo soy el pan vivo bajado del cielo el que coma de este pan vivirá para siempre El pan que yo daré es mi carne y la daré para la vida del mundo Ahora hermanos los invito por la misericordia de Dios que se entreguen ustedes mismos como sacrificio vivo y santo que agrada Dios Después de presentadas las ofrendas, se dice una de las siguientes oraciones.
Gran plegaria eucarística Quien preside comienza la gran plegaria eucarística, cantando o diciendo: El Señor sea con ustedes. Y también contigo. Elevemos los corazones. A1 Señor los elevamos. Demos gracias al Señor nuestro Dios. Es justo darle gracias y alabanza. En verdad es digno, justo y saludable que en todo tiempo y en todo lugar te demos gracias y alabanza, . . . (sigue luego el prefacio propio, concluyendo con:) . . . alabamos tu nombre y nos unimos a su himno eterno: o bien: . . . alabamos para siempre tu glorioso nombre, cantando: Santo, santo, santo, es el Señor, Dios del Universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosana en el cielo Bendito el que viene en el nombre del Señor. Hosana en el cielo o bien: Santo, santo, santo, santo es el Señor Dios del Universo, Santo es el Señor Santo, Santo, Santo, Santo es el Señor Dios del Universo, Santo es el Señor Hosana en el cielo, Hosana en las alturas bendito el que viene en el nombre del Señor Hosana en el cielo, Hosana en las alturas bendito el que viene en el nombre del Señor Quien preside sigue, usando una de las siguientes oraciones: PLEGARIA EUCARÍSTICA I Santo Dios, gran Señor, Padre de infinita bondad; sin límites es tu misericordia y eterno es tu reino. Tú has infundido luz y vida en toda la creación; cielo y tierra están llenos de tu gloria. Por Abraham prometiste bendecir a todos los pueblos. Rescataste a Israel, tu pueblo escogido. Por los profetas renovaste tu promesa; y, en estos últimos tiempos enviaste a tu Hijo, quien con palabras y obras proclamó tu reino, y se sometió a tu voluntad, aún hasta ofrendar su vida. La noche en que fue entregado, nuestro Señor Jesús tomó pan y dio gracias; lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: Tomen y coman; esto es mi cuerpo, dado por ustedes. Hagan esto en memoria mía. De igual manera, después de haber cenado, tomó la copa, dio gracias y la dio a beber a todos, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, derramada por ustedes y por todo el mundo para el perdón del pecado. Hagan esto en memoria mía. Pues cada vez que comemos de este pan y bebemos de esta copa, proclamamos la muerte del Señor, hasta que vuelva. Cristo ha muerto. Cristo ha resucitado. Cristo vendrá de nuevo. Por tanto, Padre de gracia, con este pan y esta copa recordamos la vida que nuestro Señor ofreció por nosotros. Y, creyendo el testimonio de su resurrección, esperamos su regreso con pode para compartir con nosotros el gran banquete prometido. Amén. Ven, Señor Jesús. Te rogamos, ahora, que envíes tu Espíritu Santo, el espíritu de nuestro Señor y de su resurrección, para que nosotros que recibimos el cuerpo y sangre del Señor vivamos para alabar tu gloria y recibir nuestra herencia con todos tus santos en luz. Amén. Ven, Espíritu Santo. Une nuestras oraciones con las de tus siervos de todo tiempo y de todo lugar y recógelas con las súplicas perpetuas de nuestro gran sumo sacerdote hasta que él venga como Señor triunfante de todo. Por él, con él, en él, a ti Dios Padre todopoderoso, en la unidad del Espíritu Santo, es dada toda honra y gloria, ahora y siempre. Amén Sigue el Padrenuestro.
PLEGARIA EUCARÍSTICA II Santo eres tú en verdad, oh Dios, la fuente de toda santidad: de la oscuridad haces brotar la luz, de la muerte la vida, del silencio la palabra. Te adoramos por nuestras vidas y por el mundo que nos brindas. Te damos gracias por el mundo que ha de venir y por el amor que reinará por doquier. Te alabamos por la gracia mostrada a Israel, tu escogido, el pueblo de tu promesa. Y te damos gracias porque a pesar de la persecución, la represión, destierro y discriminación, del cual muchos han sido víctimas, no se desvanecen nuestros sueños, nuestros ideales, y nuestras esperanzas de construir una sociedad más justa y más humana para nuestros hijos. Por eso, seguimos confiando en tus misericordias, que son nuevas cada mañana, y en la solidaridad de todos tus hijos que son amantes de la paz. En todo esto te bendecimos por tu Hijo unigénito que cumplió y cumplirá todas tus promesas. La noche en que fue entregado, nuestro Señor Jesús tomó pan y dio gracias; lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: Tomen y coman; esto es mi cuerpo, dado por ustedes. Hagan esto en memoria mía. De igual manera, después de haber cenado, tomó la copa, dio gracias y la dio a beber a todos, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, derramada por ustedes y por todo el mundo para el perdón del pecado. Hagan esto en memoria mía. Pues cada vez que comemos de este pan y bebemos de esta copa, proclamamos la muerte del Señor, hasta que vuelva. Cristo ha muerto. Cristo ha resucitado. Cristo vendrá de nuevo. Por tanto, oh Dios, con este pan y esta copa recordamos la encarnación de tu Hijo: su nacimiento humano y el pacto que hizo con nosotros. Recordamos el sacrificio de su vida: su cenar con los rechazados y pecadores y su aceptación de la muerte. Pero sobre todo en este día recordamos su resurrección de la tumba, su ascensión al trono de poder y su envío del Santo Espíritu vivificador. Clamamos pidiendo la resurrección de nuestras vidas, cuando Cristo vendrá de nuevo con hermosura y poder para compartir con nosotros el gran banquete prometido. Amén. Ven; Señor Jesús. Te rogamos, ahora, que envíes tu Espíritu Santo, a fin de que nosotros y todos cuantos participamos de este pan y esta copa podamos ser unidos en la comunión del Espíritu Santo, podamos entrar en la plenitud del reino celestial, y podamos recibir nuestra herencia con todos tus santos en luz. Amén. Ven, Espíritu Santo. Une nuestras oraciones con las de tus siervos de todo tiempo y de todo lugar y recógelas con las súplicas perpetuas de nuestro gran sumo sacerdote hasta que él venga como Señor triunfante de todo. Por él, con él, en él, a ti, Dios Padre todopoderoso, en la unidad del Espíritu Santo, es dada toda honra y gloria, ahora y siempre. Amén Sigue el Padrenuestro.
PLEGARIA EUCARÍSTICA III Bendito eres tú, Señor de cielo y tierra. Apiadándote de nuestro mundo caído diste a tú único Hijo para que todos los que creen en él no perezcan, sino que tengan vida eterna. Te damos gracias por la salvación que tú nos has preparado por Jesucristo. Envía ahora tu Espíritu Santo a nuestros corazones, para que recibamos a nuestro Señor con fe viva ahora que viene a nosotros en su santa cena. Ven, Señor Jesús. La noche en que fue entregado, nuestro Señor Jesús tomó pan y dio gracias; lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: Tomen y coman; esto es mi cuerpo, dado por ustedes. Hagan esto en memoria mía. De igual manera, después de haber cenado, tomó la copa, dio gracias y la dio a beber a todos, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, derramada por ustedes y por todo el mundo para el perdón del pecado. Hagan esto en memoria mía. Sigue el Padrenuestro.
PLEGARIA EUCARÍSTICA IV Te damos gracias, Padre, por Jesucristo, tu amado Hijo, a quien enviaste en estos tiempos postreros para salvarnos y redimirnos y para proclamarnos tu voluntad. Él es tu Palabra, inseparable de ti. Por él creaste todas las cosas, y por él te complaces. Él es tu Palabra enviada del cielo a encarnarse en el seno de una virgen. Asumiendo así nuestra naturaleza, tomó nuestra parte y fue revelado como Hijo tuyo, nacido del Espíritu Santo y de la Virgen María. Es él, nuestro Señor Jesús, quien cumplió toda tu voluntad y rescató para ti un pueblo santo; extendió sus brazos en sufrimiento para liberar del sufrimiento a los que en ti confían. Es él quien, entregado a una muerte que libremente aceptó para destruir la muerte, para romper las ataduras del mal, para hollar bajo sus pies al infierno, para iluminar a los justos, para establecer su pacto y para revelar la resurrección, tomando pan y dándote gracias, lo dio a comer a todos, diciendo: Esto es mi cuerpo, dado por ustedes. Hagan esto en memoria mía. Del mismo modo tomó la copa, dio gracias y la dio a beber a todos, diciendo: Esta es mi sangre derramada por ustedes. Hagan esto en memoria mía. Recordando pues, su muerte y resurrección, alzamos este pan y esta copa ante ti, dándote gracias por habernos hecho dignos de estar en tu presencia y servirte como tu pueblo sacerdotal. Y te pedimos: envía tu Espíritu sobre estos dones de tu iglesia; reconcilia en unidad a todos los que comparten este pan y vino; llénanos de tu Espíritu Santo para afirmar nuestra fe en la verdad, para que podamos alabarte y glorificarte por tu Hijo Jesucristo. Por él toda gloria y honra son tuyas, Padre todopoderoso, con el Espíritu Santo, en tu santa iglesia, ahora y siempre. Amén Sigue el Padrenuestro.
PLEGARIA EUCARÍSTICA V Esta plegaria eucarística toma en cuenta a los niños. Al usarla no se utiliza ni prefacio ni Santo, porque la plegaria los incluye. Vea la música en el número 229. Dios y Padre nuestro, tú has querido que nos reunamos delante de ti para celebrar una fiesta contigo, para alabarte y para decirte lo mucho que te admiramos. Te alabamos por todas las cosas bellas que has hecho en el mundo y por la alegría que has dado a nuestros corazones. Te alabamos por la luz del sol y por tu palabra que ilumina nuestras vidas. Te damos gracias por esta tierra tan hermosa que nos has dado, por los pueblos que la habitan y por habernos hecho el regalo de la vida. De veras, Señor, tú nos amas, eres bueno y haces maravillas por nosotros. Por eso, todos juntos te cantamos: Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Tú, Señor, te preocupas siempre de nosotros y de todos los pueblos y no quieres estar lejos de ellos. Tú nos has enviado a Jesús, tu Hijo muy querido. El vino para salvarnos, curó a los enfermos, perdonó a los pecadores. A todos les dijo que tú nos amas. Se hizo amigo de los niños y los bendecía. Por eso, Padre, te estamos agradecidos y te aclamamos: Bendito el que viene en el nombre del Señor. Hosanna en el cielo. Pero no estamos solos para alabarte, Señor. La iglesia entera, que es tu pueblo, extendida por toda la tierra, canta tus alabanzas. Con ella y con todos los ángeles te cantamos el himno de tu gloria: Santo, santo, santo es el Señor, Dios del universo. Hosanna en el cielo. Padre santo, para mostrarte nuestro agradecimiento, hemos traído este pan y este vino; haz que, por la fuerza de tu Espíritu, sean para nosotros el cuerpo y la sangre de Jesucristo, tu Hijo resucitado. Así podremos ofrecerte, Padre santo, lo que tú mismo nos regalas. Porque Jesús, un poco antes de su muerte, mientras cenaba con sus apóstoles, tomó pan de la mesa y, dándote gracias, te bendijo, lo partió y se lo dio, diciendo: Tomen y coman; esto es mi cuerpo, dado por ustedes. Hagan esto en memoria mía. Del mismo modo, al terminar la cena, tomó el cáliz lleno de vino, y, dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus amigos, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, derramada por ustedes y por todo el mundo para el perdón del pecado. Y les dijo también: Hagan esto en memoria mía.
Aquí se puede compartir la paz, si no se ha hecho antes. Sentados Comunión Puede partirse el pan para comulgar. A1 dar el pan y vino a cada comulgante los ministros dicen: El cuerpo de Cristo, dado por ti. La sangre de Cristo, derramada por ti. Al recibir el pan y vino los comulgantes pueden decir: Amén Himnos u otra música pueden emplearse durante la comunión; uno de los himnos puede ser el Cordero de Dios (Agnus Dei): Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo: ten piedad de nosotros. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo: ten piedad de nosotros. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo: danos tu paz. De pie Después que todos han regresado a sus lugares, quien preside puede decir estas palabras u otras parecidas: El cuerpo y la sangre de nuestro Señor Jesucristo los fortalezca y conserve en su gracia. Amén
Cántico Se puede cantar uno de los siguientes cánticos u otro himno o canto apropiado. Cántale alabanzas al Señor y dale gracias. Cuéntale a todos cuánto ha hecho. Alégrese el que busca al Señor y llámese cristiano con orgullo. El Señor es fiel a su promesa y guía a su pueblo jubiloso, cantando agradecido: ¡Aleluya, aleluya! o bien: Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra, porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones, y gloria de tu pueblo Israel. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo; como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén
Oración Se dice una de estas oraciones u otra apropiada.
Se
guarda silencio para meditación.
ENVÍO
Bendición Quien preside bendice a la congregación.
Se puede cantar un himno de salida. Despedida Vayan en paz. Sirvan al Señor. Demos gracias a Dios.
Dios te bendiga, protección te dé; su gracia sea siempre tu sostén; que su ángel siempre a tu redor esté; abrigo
por doquier te dé. Amé ® 1 Se puede utilizar el término Santa Misa de acuerdo con la Confesión de Augsburgo, Art. 24. Los elementos centrales de la liturgia de la Santa Comunión se han presentado en letras mayúsculas. Los otros elementos apoyan y revelan la forma esencial de la adoración cristiana. |