LITURGIA : PREGUNTAS Y RESPUESTAS

Algunos pensamientos relacionados con las preguntas más frecuentes, realizadas por el equipo de liturgia de la ELCA.

El SALUDO DE LA PAZ.

Para muchas personas, los momentos en la liturgia que siguen a las plegarias de la iglesia o al finalizar el Padrenuestro en la Plegaria Eucarística son de cierta incomodidad. El ministro que preside se expresa de la siguiente forma: “La paz del Señor sea siempre con ustedes”. La congregación responde: “Y también contigo”. Los miembros de la congregación son entonces invitados a “compartir la paz” saludándose mutuamente en el nombre del Señor. Pero ¿qué significa este gesto realmente?

El compartir la paz no es simplemente un saludo amistoso o de buena educación con aquellos que se encuentran sentados a nuestro alrededor. Compartir la paz de Dios tampoco es un tiempo como para ponernos al día con las novedades o para recordar a alguien una reunión próxima. Compartir la paz de Dios no requiere que todos los celebrantes saluden a cada uno de los participantes presentes.

El compartir unos con otros la paz de Dios es un acto de reconciliación. Es una oportunidad para que el pueblo de Dios se reconcilie unos con otros al mismo tiempo que ofrecen sus dones a Dios y antes de recibir el don de la Santa Comunión.

Jesús en el Sermón del Monte, tal como esta registrado en el Evangelio de Mateo, coloca los cimientos para la práctica del saludo de la paz de Dios: “Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas que tu hermano o hermana tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano o hermana, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda” (Mateo 5: 23-24).

Otras fuentes perteneciente a la iglesia primitiva confirman la práctica de compartir el don de la paz. En la “Didajé o Doctrina de los Doce Apóstoles”, en un documento de la iglesia antigua casi contemporáneo de los escritos del Nuevo Testamento, la comunidad cristiana es alentada a que “El día del Señor, reuníos para la partición del pan y la acción de gracias, después de haber confesado vuestros pecados, para que sea puro vuestro sacrificio. Cualquiera, empero, que tuviere una contienda con su hermano o hermana, no os acompañe antes de reconciliarse, para que no sea profanado vuestro sacrificio. Xiv.1-2”1

Este pasaje de la Didajé confirma que el modelo del que Jesús habla en el Sermón del Monte se transformó en un gesto semanal practicado en la Santa Comunión de los primeros cristianos.

A lo largo de los siglos, el intercambio de la paz se ubica en la liturgia después del Padrenuestro y antes de la distribución de la comunión. Muchas congregaciones intercambian la paz en ese momento, ya que se relaciona el signo de la paz con el hacer visible la petición del Padrenuestro que dice: “ perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”. El “Libro de Liturgia y Cánticos” lo ubica, siguiendo antiguas tradiciones, luego de las plegarias y antes de la presentación de las ofrendas (pág.60) pero indicando que también se puede realizar después del Padrenuestro.

El hecho de compartir la paz luego de las plegarias de la iglesia no es accidental. La comunidad se ha constituido en asamblea de creyentes a través de su intercesión por la iglesia, el mundo y por todos aquellos y aquellas que están en necesidad. Luego de esto y antes de tener la oportunidad de presentar nuestras ofrendas materiales a Dios, hacemos realidad nuestra mutua reconciliación Habiendo sido reconciliados, completamos en ese momento nuestra acción de gracias a Dios y recibimos los dones en el altar de Dios como un pueblo que vive en la unidad, es decir, como una comunión visible.

Visto en este contexto, se hace claro el porque el intercambio de la paz de Dios no es un momento oportuno como para hacer comentarios con nuestros vecinos sobre un nuevo vestido o para recordar a alguien la cena de la semana próxima. Es un tiempo para reconciliarse unos con otros. Es un tiempo para dejar de lado las diferencias y reconocer nuestra unidad como hijos e hijas de Dios.

¿Qué nos puede enseñar el intercambio de la paz en nuestra vida cotidiana?. Los cristianos forman un pueblo que busca la reconciliación de unos con otros. El realizar el gesto de la paz es una acción diaria que tiene resonancias en nuestra vida de todos los días. No necesitamos venir a la iglesia el domingo por la mañana con el objetivo de ponernos en paz con nuestro prójimo y con los miembros de nuestro grupo familiar. El compartir la paz de Dios es una oportunidad diaria.

Que la paz del Señor sea contigo.

Preparado por Dennis y Linda Post Bushkofsky

Este artículo apareció en Marzo de 1998 en la edición de “Lutheran Woman Today”.

Traducido y adaptado por el Pastor Lisandro Orlov. Diciembre 1998

1 Documentos de la Iglesia Primitiva: “Los Padres Apostólicos” Ediciones Desclée, de Brouwer. Buenos Aires. 1948. Pág.41