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SELECCIONES
DE LECCIONARIOS A la hora de elegir las perícopas de los servicios religiosos dominicales y de los días festivos para el año eclesiástico, los luteranos demostraron una gran fidelidad a la tradición histórica de los leccionarios de la Iglesia de Occidente, tal y como quedaron configurados por la experiencia de la Reforma, y al mismo tiempo se mantuvieron abiertos a los desarrollos modernos de los estudios escriturísticos, hermenéuticos y los relativos al movimiento ecuménico. Tres características fundamentales cabe señalar: 1) aceptación general de las perícopas de la “vieja tradición” de la Iglesia occidental anterior a la Reforma; 2) influjos de la teología de la Reforma luterana, y 3) desarrollos contemporáneos, en especial la adaptación del Ordo Lectionum Missae de la Iglesia católica. Estos rasgos contribuyen a explicar la situación actual del luteranismo mundial. El pluralismo actual puede apreciarse especialmente por los resultados de un conjunto de conferencias organizadas en Ginebra por la Federación Luterana Mundial los años 1968, 1972 y 1974. UN POCO DE HISTORIA EN TORNO AL PASADO. Debemos Recordar que los países de Europa central y Escandinavia, donde echó raíces la Reforma iniciada por Martín Lutero el año 1517, formaban parte de la Iglesia occidental o latina, presentando todos la unidad y diversidad en el uso que hacían de la Sagrada Escritura en las celebraciones litúrgicas, propias del período en que la Edad Media estaba dando paso a los impulsos nuevos del Renacimiento. En lo que tenía de conservadora, la Reforma, movimiento que cristalizó en torno al llamamiento de Lutero a hacer del evangelio (entendido como “justificación por la sola gracia, recibida a través de la sola fe, atestiguada por la sola Escritura”) el punto central de la Iglesia, operaba siguiendo el principio general de conservar con ahínco todo lo que perteneciera al pasado que no fuera contrario al evangelio bíblico. Como consecuencia de este principio, en todos los países luteranos se conservaron el culto, la música y el arte de los siglos anteriores. Lo mismo sucedió con las lecturas litúrgicas en general. El evangelio del día continuó siendo de forma general el mismo que ya había sido consagrado por el uso en Europa occidental por espacio de dos a diez siglos; en los propios del día se conservó como “caput et principale omnium” [1] . Por lo que se refiere a la selección de las epístolas, es cierto que Lutero en 1523 criticó las epístolas tradicionales porque hacían excesivo hincapié en “la conducta y en la exhortación” en lugar de subrayar la “fe en Cristo” y expresó su esperanza de que un día pudiera abordarse la revisión de las mismas, ya que el hombre que seleccionó esas epístolas debió de ser “un defensor extraordinariamente indocto y acérrimo de la obras” [2] . Sin embargo, tres años más tarde, al introducir una forma vernácula de la misa, Lutero expresaba al fin una reticente satisfacción por las lecturas tradicionales: las conservamos “porque no existe nada especialmente censurable en esta costumbre”. La razón que se esgrime es interesante: muchos estudiantes de teología de los que siguen sus cursos en Wittenberg tendrán que predicar “en lugares donde todavía se observa y puede continuar en vigor el sistema de epístolas y evangelios” [3] . Parece, por consiguiente, que Lutero consideró adecuadas las lecturas de la “vieja tradición”; sin embargo, permaneció abierto al cambio. No formuló ninguna “censura a quienes adoptaron los libros completos de los evangelistas” para las lecturas; todo lo más que hizo de cara a la reforma del leccionario consistió en recomendar una lectio continua [4] . Podemos afirmar, por consiguiente, que la Reforma abogó por la revisión del leccionario teóricamente; pero, en la práctica, se limitó simplemente a continuar la herencia medieval y a revisarla sólo en algunos aspectos de escasa importancia [5] . La penuria del espacio no nos permite ver aquí el influjo que ejercieron el racionalismo, el pietismo y otros desarrollos que se produjeron posteriormente en este sistema de lecturas y que también proporcionaron las bases de gran parte de la predicación luterana. En general, puede afirmarse que los cambios se produjeron más en la forma de entender las perícopas tradicionales que en la sustitución de las mismas. Las selecciones de la “vieja tradición” suministraron las bases para la temática de los servicios religiosos, para la predicación, para la himnodia e incluso para las composiciones musicales (por ejemplo, las cantatas de Bach). En el siglo XIX se produjeron, de manera especial, una serie de críticas a las perícopas históricas, como, por ejemplo, las críticas de Schleiermacher, y ciertas tentativas en los sistemas de alternar las lecturas (Gottfried Thomasius, de Erlangen; en la Iglesia de Hannover y en Suecia; y las perícopas de Eisenach en las Landeskirche en 1896) [6] . En principio, sin embargo, incluso estos nuevos leccionarios eran paralelos a las selecciones antiguas, limitándose simplemente a suministrar un segundo o tercer ciclo anual y, otras veces, añadiendo una lectura del Antiguo Testamento a las lecturas del evangelio y de la epístola. En el período siguiente a la Segunda Guerra Mundial, el luteranismo fue orientándose hacia un consenso en la selección de los fragmentos evangélicos históricos de Occidente y gran parte de las lecturas de las epístolas. Incluso en América del Norte, donde se habían reunido las tradiciones luteranas de muchas provincias alemanas, cuatro o cinco regiones de Escandinavia y las minorías evangélicas del este de Europa, apareció en 1958 un Service Book, preparado por ocho Iglesias con un leccionario común [7] . Un fenómeno parecido se estaba produciendo en otras partes del mundo donde los misioneros y colonos de Europa habían implantado iglesias luteranas: se empleaba un leccionario que reflejaba las perícopas de la “vieja tradición”, transplantado desde Suecia, Baviera o Finlandia; constaba generalmente de un solo ciclo anual, si bien algunas iglesias lo enriquecieron con ciclos de dos y tres años; la iglesia Mekane Yesus, de Etiopía, desarrollaría un cuarto ciclo. Debemos añadir que, aún cuando la mayoría de las iglesias alemanas preferían leer anualmente una sola colección de evangelios y epístolas, lograron una variedad de lecturas a base de añadir otras cuatro series de “textos de predicación”. De esta forma, cuando un año no correspondía predicar sobre el evangelio y la epístola de la “vieja tradición”, se leían desde el púlpito un conjunto de lecturas del Antiguo y Nuevo Testamento que servían de fundamento para el sermón del día [8] . Al producirse la decisión del Concilio Vaticano II, por la que se prescindía de las perícopas históricas del Occidente y se invitaba a que “en un período determinado de años se lean al pueblo las partes más significativas de la Sagrada Escritura, a fin de que la mesa de la palabra del Dios se prepare con mayor abundancia para los fieles” [9] , y con la adopción del nuevo Ordo (publicado el año 1969), los luteranos adoptaron diversas posturas. Los luteranos alemanes, a través de la Conferencia Litúrgica Luterana de Alemania, orillaron la invitación que se les hizo a colaborar en las tareas del Consejo para llevar a cumplimiento la Constitución de la Sagrada Liturgia; juzgaron que la estructura del Ordo constituía una “ruptura con el sistema occidental de perícopas que hemos heredado”, que al coordinar una epístola con un texto evangélico, marcaba con un perfil muy peculiar el propio de cada día [10] . La Nordic Pericope Conference (Noruega, Suecia, Dinamarca y Finlandia) adoptó una postura parecida, inclinándose a favor de las perícopas tradicionales occidentales. En América del Norte, sin embargo, los responsables de la Comisión Interluterana para el Culto, integrada por cinco corporaciones luteranas de los Estados Unidos y Canadá, manifestaron deseo de adoptar la forma del Ordo [11] . En estas circunstancias, la Federación Luterana Mundial convocó una conferencia para el estudio de las perícopas en Ginebra, el 16 y 17 de agosto de 1968. A pesar de los diversos puntos de vista en torno a si debían revisarse las perícopas de la “vieja tradición” o si debía optarse por un nuevo ciclo de dos o tres años (además del Ordo, había aparecido por entonces un nuevo leccionario en la Iglesia de Inglaterra) [12] , los consultores de Noruega, Finlandia, Alemania Occidental y Alemania Oriental y Estados Unidos lograron llegar a un acuerdo sobre las «Directrices de Ginebra», que proporcionaban un marco para la reforma posterior de las perícopas en la Iglesia luterana. Los consultores invitaban a la Federación Mundial Luterana a trabajar en los objetivos siguientes: 1) un ciclo básico de tres lecturas (evangelio, Antiguo Testamento y una segunda lectura del Nuevo Testamento, distinta de los evangelios) para todos los domingos y festivos del año eclesiástico; 2) la serie de epístolas y evangelios de este ciclo deberían tener como base las perícopas occidentales tradicionales, reformuladas para su mejor comprensibilidad y adecuación; 3) por lo que respecta a los ciclos, «consideraban que eran deseables... con el fin de introducir la riqueza de la Sagrada Escritura en las lecturas de los servicios litúrgicos»; se afirmaba de manera específica que «puede resultar factible y deseable tener en cuenta las perícopas de la Iglesia católica»; sin embargo, se dejaba abierto a discusión «si el número total de ciclos debían ser dos, tres o cuatro», se consignaba con toda franqueza las opiniones discrepantes en torno a la posibilidad de confeccionar una especie de Ordo modelo y en tomo al leccionario histórico de Occidente, y se dejaba a cada iglesia la libertad de tomar sus propias decisiones; 4) se admitió la conveniencia de los estudios que se estaban llevando a cabo, tales como las «conversaciones con la Iglesia católica, con la Comunión Anglicana y otras iglesias, con el fin de conseguir, en la medida de lo posible, un orden común, o al menos en parte, para toda la cristiandad» [13] . Las «Directrices de Ginebra» establecieron las fronteras de la tarea a realizar, si bien es verdad que los europeos por una parte y los norteamericanos por otra subrayaron distintos aspectos de los puntos del acuerdo. Una consulta de carácter informal celebrada en Ginebra el año 1970 permitió continuar los contactos y la coordinación [14] 14. Del 5 al 7 de octubre de 1972 tuvo lugar la II Conferencia de Ginebra, con unos diez participantes de Alemania y países escandinavos, y del 8 al 11 de mayo de 1974 tuvo lugar, también en Ginebra, la tercera Conferencia sobre Perícopas de la Federación Mundial Luterana, esta vez con la asistencia de observadores del Vaticano y de la Iglesia de Inglaterra, así como de participantes del Tercer Mundo y de «iglesias minoritarias», tales como las de Polonia, Francia, Argentina, India e Indonesia, además de Alemania Occidental, Alemania Oriental, Noruega y Estados Unidos. II. SITUACION ACTUAL La reciente reforma del leccionario llevada a cabo por la Iglesia luterana, en la forma que quedó fijada por las Conferencias de Ginebra, se ha plasmado en tres modalidades diferentes: 1) la primera modalidad conserva como básicas las perícopas históricas de Occidente: luteranos de lengua alemana y países que caen bajo la esfera de influencia de la Conferencia Litúrgica Luterana de Alemania; 2) un segundo bloque de iglesias adopta un ciclo de tres años parecido al Ordo: iglesias de Estados Unidos, Canadá y Argentina; 3) los países escandinavos adoptan una forma intermedia; desarrollan un ciclo de dos años, cuya primera serie sigue las lecturas de la «vieja tradición». Anteriormente pusimos de relieve las lecturas de la Conferencia Litúrgica Luterana de Alemania: un solo ciclo anual de lecturas, enriquecido con una serie de textos suplementarios para la predicación. El mérito de este sistema estriba en que es continuidad de los mil años de historia litúrgica y de la repetición anual de lecturas que ya resultan familiares a los que participan en el culto y con las que llegan a identificar los domingos. Las Neue Lesungen de 1972 constituyeron una reforma moderada al omitir los doblajes de lecturas (como, por ejemplo, la doble multiplicación de los panes, para cuatro mil o cinco mil personas), abreviar los fragmentos de las epístolas, insertar una serie de lecturas alternativas, introducir algunas nuevas y otras del Antiguo Testamento. Los criterios particulares que se tuvieron en cuenta son: «legibilidad» del texto (¿puede comprenderse fácilmente el texto cuando se lee, sin necesidad de exégesis alguna?), «predicabilidad» (¿puede emplearse el texto para los sermones sin que presente dificultades irracionales para, el exegeta?) y «armonía» o «consonancia» con las demás lecturas del día y con el año eclesiástico, de forma que hagan más fácil la comprensión del propio del día y, sobre todo, que preparen y dispongan para el pasaje evangélico que se lee en el día, que es el que «ordena» el servicio como «rector». De manera general, puede afirmarse que la lectura «continua» se abandona; pero se propuso llevar a cabo ciertas omisiones que hicieran más comprensibles algunos pasajes. Puede afirmarse que la postura adoptada por la Conferencia Litúrgica Luterana de Alemania es de lealtad a la tradición de la Iglesia occidental, de una lealtad mayor que la de cualquier otro grupo cristiano, especialmente los católicos romanos y los anglicanos. Sin embargo, el surtido de textos suplementarios, incluidas las indicaciones (además de las seis series) para maitines y vísperas, más las series en preparación formadas de los salmos, los apócrifos para la predicación catequética y los textos sobre temas especiales (como, por ejemplo, sobre «la paz» y «la protección del medio ambiente»), permiten una verdadera flexibilidad. Las perícopas seleccionadas están siendo objeto de experiencia en las congregaciones y sometidas al examen de los expertos (por ejemplo, al análisis llevado a cabo por los miembros de la Facultad de Teología de la Universidad de Halle-Wittenberg, en la República Democrática Alemana) [15] . La serie de textos para dos años que se publicó para los países escandinavos en la V Conferencia Nórdica sobre Perícopas en 1973 todavía no tiene realmente carácter oficial en Noruega, en Suecia, en Dinamarca y en Finlandia, sino que está pendiente de la aprobación oficial de las autoridades eclesiásticas. El año primero sigue la línea de las perícopas históricas de Occidente con algunos cambios que se aproximan con frecuencia a los cambios introducidos en Alemania; y el año segundo utiliza unas lecturas evangélicas que por su pensamiento son paralelas muchas veces a las de la serie primera. Más de una docena de los fragmentos seleccionados del Antiguo Testamento están tomados de los salmos. Aunque en América del Norte la Comisión Interluterana para el Culto se inclinaba por adoptar de alguna manera el Ordo la Subcomisión para las Perícopas de este mismo organismo optó principalmente por llevar a cabo una revisión de las perícopas históricas de Occidente. Dicha Subcomisión concluyó esta tarea el año 1971, utilizando frecuentemente perícopas propuestas en la revisión de los países escandinavos y de Alemania, que por aquel entonces se estaba llevando a cabo, pero dando muestras probablemente de una tendencia más radical al cambio e impulsada a menudo también por la presencia de un buen número de escrituristas en la realización del proyecto. Esta revisión, que consta de un solo ciclo anual, ha tenido cierta utilización en Estados Unidos y Canadá [16] . Pero fue la versión luterana del Ordo, publicada por la Subcomisión de la Comisión Interluterana para el Culto, la que supuso el despegue más importante con respecto a las perícopas históricas de Occidente, si bien permaneciendo todavía dentro del espíritu del punto tercero de las directrices de Ginebra. La versión fue ultimada el año 1972 y se publicó al año siguiente [17] ; este leccionario de tres ciclos anuales pone de manifiesto los aspectos fuertes y débiles del Ordo. En un tercio del tiempo litúrgico cambia las perícopas del Ordo y difiere totalmente en la sexta parte de los casos poco más o menos, de acuerdo las más de las veces con las perícopas elegidas por las iglesias reformadas Episcopaliana y Presbiteríana [18] . La sugerencia formulada en Ginebra el año 1968 en el sentido de que el año primero de un ciclo que constara de varíos años debería seguir las perícopas de la «vieja tradición» se mostró impracticable debido a que los principios de construcción que inspiraban el Ordo eran completamente diferentes. La Subcomisión propuso el empleo de los libros apócrifos (los «déutero-canónicos» de la Iglesia católica) en seis casos (a base de alternarlos siempre con lecturas de los libros canónicos), pero la Comisión Interluterana para el Culto rechazó esta propuesta por la sensibilidad de una de las iglesias participantes ante los problemas escriturísticos. Este leccionario comenzó a emplearse en el adviento de 1973 con el ciclo C, y en la actualidad se emplea mucho en Estados Unidos y Canadá, uso que se ve fomentado por el culto litúrgico y la predicación homilética [19] . La Conferencia de Ginebra de 1974, después de constatar esta variedad de sistemas (juntamente con los cambios ordinarios en la estructura del año eclesiástico), apremió a las iglesias participantes a que experimentaran las perícopas que cada una había desarrollado, descubrieran criterios, sobre todo de naturaleza teológica, y los calibraran teniendo en cuenta la situación misionera de cada una de ellas, con el fin de poder celebrar, después de una serie de contactos y conferencias a nivel regional, otra conferencia general hacia el año 1980 para intercambiar las experiencias obtenidas. Volvió a reiterarse el objetivo último de conseguir un leccionario lo más uniforme posible y se expresó el deseo de que en el futuro la labor pudiera ser todavía más ecuménica que en el pasado. III. ALGUNOS PRINCIPIOS ESPECIFICOS Ante esta variedad cabe preguntarse si existe una gran comunidad de criterios entre los luteranos. Los criterios de coincidencia son considerables, aunque de hecho sólo una parte de estos principios se han establecido concretamente por escrito [20] . Además de que un fragmento posea «legibilidad» (cuyo sentido el comité de la Comisión Interluterana para el Culto expresó con estas palabras: «¿Puede leerse perfectamente en las traducciones corrientes?»), «predicabilidad» (que para dicho comité significaba «apto para ser proclamado» teniendo en cuenta las situaciones actuales) y «armonía» (que para el comité norteamericano y canadiense suponía no sólo la «trabazón» que debía guardar con otra u otras lecturas de un domingo, sino también con los domingos próximos y con todo el año litúrgico), los luteranos estarían de acuerdo en aceptar cualquier perícopa teniendo en cuenta su adecuación con el evangelio, entendiendo por evangelio no el fragmento seleccionado para un día determinado de uno de los cuatro libros canónicos llamados Evangelios, sino la buena nueva sobre la acción redentora de Dios que se manifiesta a lo largo de la Escritura. En este sentido los luteranos ya entendían clásicamente «evangelio» como «justificación», aunque también podían expresarlo con otros motivos, tales como «perdón» o «reconciliación»o «alianza». Entendido de esta forma, «evangelio» proporciona la pauta para valorar la Escritura sobre la base de lo que es la entraña de la Biblia: Jesucristo. Estrechamente relacionada con este punto encontramos la dicotomía Ley-Evangelio, que contrapone «1o que nos hace reos de nuestros pecados» (la Ley) y «lo que nos habla de la obra realizada por Dios para salvarnos» (el Evangelio). Con esto surge una conciencia de kerigma y didajé (o una conciencia «indicativa» e «imperativa»), dos formas de dirigirse Dios a la comunidad de los redimidos. A la hora de seleccionar las perícopas, es necesario preguntarse si se ha guardado el debido equilibrio o si, por el contrario, hay una preponderancia de moralismo, como Lutero advirtió en las perícopas del «defensor de las obras» medieval que seleccionó muchas de las epístolas de la «vieja tradición». Otra de las preocupaciones de este grupo fue la «catolicidad canónica», con el fin de conseguir un equilibrio representativo de los diversos libros bíblicos. Ciertamente había que tener en cuenta la historia de la liturgia, el uso ecuménico de los textos, las posturas de las diversas confesiones, los riesgos a la hora de emplear ciertos pasajes, así como el énfasis sobre los grandes temas de la fe y la sensibilidad ética necesaria. Los problemas de tipo práctico, como son la extensión de, las lecturas, los versículo s donde comenzar o terminar la lectura y la posibilidad de ciertos acentos antisemitas estuvieron muy presentes en el pensamiento del comité de la Comisión Interluterana para el Culto. Si se tiene en cuenta que este grupo norteamericano y canadiense estuvo trabajando para confeccionar unos leccionarios de un ciclo y tres ciclos anuales, tuvo que tener muy presente la compatibilidad mutua de uno y otro leccionario y de las perícopas ya existentes. Al mismo tiempo, por tener siempre presente el principio de la Reforma según el cual la Escritura se interpreta por la misma Escritura (sacra Scriptura sui ipsius interpres), la Comisión Americana estaba un poco más dispuesta que su paralela, la Conferencia Litúrgica Luterana de Alemania, a apoyarse ligeramente en la «armonía» de todas las lecturas de un día determinado para permitir que cada una tuviera su propia integridad dentro del marco de las diversas teologías de la Biblia. IV. PROBLEMAS DE CARA AL FUTURO Al margen de estas experiencias de las iglesias luteranas, se plantean algunos problemas que deben afrontar no sólo los luteranos, sino también otros cristianos que sientan aprecio por los leccionarios. 1) ¿Qué uniformidad es deseable que tengan las perícopas? El empleo de tres lecturas (una del Antiguo Testamento, la epístola del Nuevo Testamento o de otros libros y el evangelio) ya resulta algo corriente: pero, ¿toda asamblea (,o predicador) es capaz de utilizar tres lecturas?; ¿ o no debería haber más que una (especialmente en las situaciones de misión) que suministrara el material para toda la meditación y reflexión de ese día? Si se leen dos o tres lecturas, ¿deberían elegirse buscando una unidad o cada una debería ir por su propio camino como una intersección de tres calles (la epístola del ardo orientada hacia el evangelio y hacia el pasaje del Antiguo Testamento)? ¿Tiene que ser siempre la lectura del evangelio la «rectora» o puede ser dominante la epístola del Antiguo Testamento, como sucede a veces en el leccionario de la Iglesia de Inglaterra? [21] 2) El orden que seguimos en las lecturas, ¿debe ser el de la Biblia (de manera que' se lea durante gran parte del año un libro evangélico en particular y los capítulos de las epístolas seguidos, como ocurre actualmente en el ardo) o todavía queda algo por decir de los mil años de tradición en que los fragmentos seleccionados para el evangelio y la epístola guardaban correlación y se identificaban con unos domingos concretos año tras año? 3) ¿Constituye un hallazgo feliz de los principios del ardo el hecho de que el uso de un evangelio sinóptico para cada uno de los tres años nos obligue a centrarnos en la teología de Mateo y su descripción de Jesús en el año A, de Marcos en el año B y de Lucas en el año C (subrayando con esto el énfasis que los estudios bíblicos hacen frecuentemente en la «historia de las formas» y en la teología de cada uno de los evangelistas), o más bien este centrarse en el Cristo de cada evangelista no oscurecerá el Jesús histórico? [22] 4) El «ecumenismo», ¿exige relacionarse primariamente con los usos litúrgicos de los otros cristianos de la región en que se vive (con lo que surgirían ciertos peligros de religión provincial o nacional) o exige más bien aceptar en todo el mundo hoy el leccionario de la familia confesional a que se pertenece? ¿O lo «ecuménico» lleva también consigo una especie de continuidad con los santos de épocas pretéritas? Los luteranos de América del Norte y del Sur han afrontado este problema de una forma que quizá otros no la han hecho. Para ellos el problema se planteaba en estos términos: ¿ significa la responsabilidad ecuménica conformarse a las costumbres de ,otras iglesias litúrgicas en 10 que respecta a los leccionarios (en concreto a la Iglesia católica y anglicana), a la mayor responsabilidad estriba en ser fieles al luteranismo mundial? Incluso los católicos se plantean el interrogante de si el futura del ecumenismo debe ir por los caminos de un nuevo leccionario del siglo veinte a más bien no existe una deuda con los siglos pasados de la iglesia occidental, deuda que no debe descartarse a la ligera. Al plantearse tales problemas, las iglesias luteranas han iniciado también una serie de experimentos en torno a los leccionarios con el fin de suministrar datos para las respuestas. Desean compartirlos, a su debido tiempo, con otros que coma ellos conservan el depósito de la lectura y proclamación públicas de la Sagrada Escritura de una forma ,ordenada, comprensiva y adecuada como parte del servicio que Dios nos presta cuando nos reunimos juntamente con la Palabra. John REUMANN (Es ministro de la Iglesia Evangélica Luterana de América. Estudio en las Universidades de Pensilvania, Cambridge, Gotinga y Oxford. Doctor en filosofía, es actualmente profesor de Nuevo Testamento en el Seminario Teológico Luterano de Filadelfia (Estados Unidos). Figuran entre sus obras plrincipales: “Jesús in the Church’s Gospel”; “Modern Scholarship and the Earliest Sources” (1973); “Creation and new Creation”; “The Past, Presente and the Future of God’s Creative Activity” (1973), es editor y colaborador de “Pedro en el Nuevo Testamento” Editorial Sal Terrae. Santander. 1976. [Traducción: ]. ]. DEL MORAL] CONCILIUM. Revista Internacional de Teología. Uso y Sentido de la Escritura en la Celebración Litúrgica. Nº 102. Febrero 1975 [1] Michael Präetorius, Sintagma Musicum (1615) [2] Formulae Missae, en D. Martín Luthers Werke (edic. de Weimar)12 (1891), líneas 19-20: “Insigniter indoctus et superstitiousus operam ponderator” [3] Deutsche Messe: edic. de Weimar 19, p.79, líneas 9-12; German Mass: edic. de Filadelfia; edic. americana 53, p.68 [4] Ibid, cf. Edic. de Filadelfia, pp. 103s, nota 46; y Sobre el orden del culto público: edic. de Filadelfia 6, pp.61s; edic. americana 53, pp.12s. [5] Puede verse un estudio general en Luther D. Reed, The Lutheran Liturgy (Filadelfia, edic. rev. 1959) 288-292 y 453-462; tambien L. Fendt, Die Alten Perikopen (Tubinga 1931) [6] Reed, op.cit., pp.454 y 460. Pueden verse listas adicionales en Paul Nesper, Biblical Texts (Columbus, Ohio 1952) [7] Service Book and Hymnal (1958), pp. 75-116. La edición del texto (1967), pp. 644-655, añade seis juegos suplementarios de lecturas; pero éstas se publicaron simplemente para satisfacer “las conveniencias de las asambleas acostumbradas a ellas (una serie para maitines y vísperas, Thomasius, Hannover, Eisaenach y unos ciclos de dos años familiares a los luteranos americanos de ascendencia sueca y noruega), que de ninguna manera forman parte de la Liturgia Común adoptada por las iglesias. El objetivo era un único leccionario, que se empleara anualmente y cuya base fueron las perícopas occidentales tradicionales. [8] Cf. Ordnung der Predigtexte (Berlín 1958,1965), adoptado por ejemplo, en la India por la iglesia lulterana de Tamilnadu y publicado juntamente con una serie de textos de los salmos y unos doscientos “textos marginales” en Perikopenbuch zur Ornung der Predigtexte (Berlín 1966). En la primavera de 1974 la LLKD ultimaba un segundo anteproyecto para una revisión ulterior (“Zweite Entwurf die Revisión der Predigtext-ordnung”) en la que se predicaban los evangelios y epístolas tradicionales los años uno y dos; en los años tres y cuatro se alternaban evangelios y lecturas del Antiguo Testamento y los años cinco y seis se alternaban epistolas y lecturas del Antiguo Testamento. Las perícopas del Antiguo Testamento quedaban, pues, distribuidas en los años 3-6, siendo este último el único señalado para predicar los cuartos domingos. [9] “Constitución sobre la Sagrada Liturgia”, cap, II, sec.51: Concilio Vaticano II. Constituciones. Decretos. Declaraciones (Madrid 1965), p. 174. [10] Lesungen: Neue Lesungen für den Gottesdienst (Hamburgo 1972), p. 6: “La ruptura con el sistema de perícopas occidental tradicional no era de ninguna utilidad, según la opinión de las iglesias luteranas, sino que constituía un obstáculo en relación con las asambleas” “El Ordo romano ha abandonado la distribución tradicional de una epístola y un evangelio para imprimir un carácter peculiar al propio del día”. [11] Las cinco corporaciones, posteriormente reducidas a cuatro por la fusión de dos de ellas, que integra el Sínodo Luterano de la Iglesia de Missouri y que no había intervenido en la producción del Service Book and Hymnal. Esta postura de la ILCW fue exactamente la contraria de la que adoptó el grupo de estudio que confeccionó el leccionario en el SBH hacia poco más de una década y que “nunca tuvo la idea de abandonar el esquema de las lecturas o de cambiar los acentos del sistema tradicional” (Reed, op. Cit. P. 456) [12] The Calendar and Lessons for the Church’s Year (Londres 1969) [13] Los principios 1, 2 y 4 están citados en Lesungen, op. cit., pp. 6s. [14] Puede verse una breve referencia en «Lutheran World» 17 (1970), pp. 181 y 183s. [15] Cf. Erich Hertzsch, Neue Lesungen für den Gottesdienst: «Theologische Literaturzeitung» 99 (1974}, cols. 13-20, por lo que respecta a detalles. [16] Publicada en «Contemporary Worship» 6, The Church Year: Calendar and Lectionary (Minneápolis, Filadelfia y San Luis 1973), pp. 169-178, d. 17-19 Y 121-148. Estadísticamente esta revisión de 1971 coincide con las perícopas de la «vieja línea» del SER americano únicamente en un tercio del tiempo aproximadamente, con la mayoría de los cambios introducidos en las perÍcopas del Antiguo Testamento y de las epístolas, si bien muchos de estos cambios se limitan sólo al empleo de un libro evangélico diferente, por ejemplo, Marcos, en lugar de su paralelo tradicional, y a desplazamientos de una semana a la siguiente. [17] «Contemporary Worship» 6, Pp. 47-119; d. 19-24 y 121-148. [18] The Church Year: «Prayerbook Studies» 19 (Nueva York 1970). The W orshipbook (Filadelfia 1970). [19] Por ejemplo, la serie Proclamación, iniciada en 1973 con el ciclo C, ofrece una exégesis y comentarios homiléticos sobre las tres lecturas por un equipo ecuménico compuesto de luteranos, católicos, episcopalianos y presbiterianos (Filadelfia). [20] Véase especialmente «Contemporary Worship» 6, pp. 16-17. [21] En Neue Lesungen, el domingo sexto después de la fiesta de la Trinidad (séptimo después de Pentecostés), por ejemplo, realmente es la epístola, Rom 6,3-8,9-11, quien da el tono con su tema del bautismo (y la Cena del Señor a la semana siguiente). Resulta interesante observar cómo el texto americano seleccionado para ese domingo (Rom 6,1-11), con las lecturas que le sirven de apoyo, contempla un tema más amplio, «bautismo y nueva vida» o «el Espíritu de Dios opera a través del agua». [22] 22 Cf. mi artículo Redaktionsgeschichte and Roman Ordo: Some Principles and Problems in Pericope Reform, que aparecerá en el volumen dedicado a la memoria de Ulrich S. Leupold (Waterloo, Canadá). |