Propio 10 – C - 15 de julio de 2007

Caer en cuenta de lo que está cerca

El Señor, tu Dios, te dará abundante prosperidad en todas tus empresas, en el fruto de tus entrarás, en las crías de tu ganado y en los productos de tu suelo. Porque el Señor volverá a complacerse en tu prosperidad, como antes se había complacido en la prosperidad de tus padres.  Todo esto te sucederá porque habrás escuchado la voz del Señor, tu Dios, y observado sus mandamientos y sus leyes, que están escritas en este libro de la Ley, después de haberte convertido al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma.  Este mandamiento que hoy te prescribo no es superior a tus fuerzas ni está fuera de tu alcance.  No está en el cielo, para que digas: "¿Quién subirá por nosotros al cielo y lo traerá hasta aquí, de manera que podamos escucharlo y ponerlo en práctica?".  Ni tampoco está más allá del mar, para que digas: "¿Quién cruzará por nosotros a la otra orilla y lo traerá hasta aquí, de manera que podamos escucharlo y ponerlo en práctica?"  No, la palabra está muy cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, para que la practiques (Deut. 30, 9-14).

A ti, Señor, elevo mi alma,
Dios mío, yo pongo en ti mi confianza;
¡que no tenga que avergonzarme
ni se rían de mí mis enemigos!

Ninguno de los que esperan en ti
tendrá que avergonzarse:
se avergonzarán los que traicionan en vano.

Muéstrame, Señor, tus caminos,
enséñame tus senderos.

Guíame por el camino de tu fidelidad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador,
y yo espero en ti todo el día.

Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tu amor,
porque son eternos.

No recuerdes los pecados ni las rebeldías de mi juventud:
Por tu bondad, Señor, acuérdate de mi según tu fidelidad.

El Señor es bondadoso y recto:
por eso muestra el camino a los extraviados;
él guía a los humildes para que obren rectamente
y enseña su camino a los pobres (Sal. 25 1-9).

Pablo, Apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo saludan a los santos y santas de Colosas, sus fieles hermanos en Cristo. Llegue a ustedes la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre.
Damos gracias a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, orando sin cesar por ustedes,  desde que nos hemos enterado de la fe que tienen en    Cristo Jesús y del amor que demuestran a todos los santos y santas,  a causa de la esperanza que les está reservada en el cielo. Ustedes oyeron anunciar esta esperanza por medio de la Palabra de la verdad, de la Buena Noticia que han recibido y que se extiende y fructifica en el mundo entero. Eso mismo sucede entre ustedes, desde que oyeron y comprendieron la gracia de Dios en toda su verdad,  al ser instruidos por Epafras, nuestro querido compañero en el servicio de Dios. El es para ustedes un fiel ministro de    Cristo,  y por él conocimos el amor que el Espíritu les inspira.
Por eso, desde que nos enteramos de esto, oramos y pedimos sin cesar por ustedes, para que Dios les haga conocer perfectamente su voluntad, y les dé con abundancia la sabiduría y el sentido de las cosas espirituales.  Así podrán comportarse de una manera digna del Señor, agradándolo en todo, fructificando en toda clase de obras buenas y progresando en el conocimiento de Dios.  Fortalecidos plenamente con el poder de su gloria, adquirirán una verdadera firmeza y constancia de ánimo,  y darán gracias con alegría al Padre, que nos ha hecho dignos de participar de la herencia luminosa de los santos.  Porque él nos libró del poder de las tinieblas y nos hizo entrar en el Reino de su Hijo muy querido,  en quien tenemos la redención y el perdón de los pecados. (Col. 1: 1-14).

En aquel tiempo, un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?".  Jesús le preguntó a su vez: "¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?".  Él le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo".  "Has respondido exactamente, le dijo Jesús; obra así y alcanzarás la vida".
Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: "¿Y quién es mi prójimo?".  Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: "Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto.  Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo.  También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino. Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió.  Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo.  Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: 'Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver'.  ¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?".  "El que tuvo compasión de él", le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: "Ve, y procede tú de la misma manera" (Lc.10: 25-37).

Demasiado sencillo

Todo está ahí al alcance de las manos, de los ojos, del corazón. Basta inclinarse, escuchar, ver.

La palabra está muy cerca de ti, en tu boca, y en tu corazón, para la practiques (Deut. 30, 14).

Pero, a nosotros no nos gustan las cosas demasiado cercanas. Nos interesan las lejanas, las que parecen inalcanzables y, por eso, más estimulantes.

`¿Quién subirá por nosotros al cielo y lo traerá hasta aquí, de manera que podamos escucharlo y ponerlo en práctica? (Deut. 30, 12).

A lo mejor no dudamos en cruzar los mares y explorar los cielos para experimentar algún temblor trascendente en ciertas atmósferas particulares. Un libro con fórmulas misteriosas y palabras en clave, claves para entender el mundo. ¿La Biblia? ¿Los evangelios? No, algo más excitante por lo misterioso, algo de más allá para el más acá, algo distinto de lo que ya suponemos archisabido.

Si me presento a mis conocidos y les digo que he leído Deuteronomio, además de trabarse mi lengua me mirarán como diciendo: esto a quien le importa, pero si digo he leído...

No nos gustan las cosas simples y directas. Si el problema tiene una solución sencilla, seguro que hay trampa. Vamos al psicólogo, al sociólogo, al parapsicólogo, al astrólogo, al...

¿Hay que tomar una decisión que es clara, evidente, necesaria? ¡Momentito! Si no hay complicaciones carece de interés. Necesitamos asegurarnos que es compleja y, si no lo hacemos nosotros mismos, vamos en busca de quien nos la presente de esa manera. Buscamos algo extraño que nos impacte, si viene envuelto en palabras extrañas y hasta incomprensibles, mejor que mejor.

Sin embargo, la palabra está muy cerca de ti, en tu boca, y en tu corazón, para la practiques.

Es que la categoría de lo extraño y curioso reemplaza a la del compromiso personal. Lo lejano y extraño es como una coartada para no comprometerse con lo que está a nuestro lado.

El saber implica y comprende al hacer

Llega el momento en que hay que inventar de nuevo lo antiguo, empezar a leer lo que conocemos, reaprender las oraciones que aprendimos, comprender lo que ya explicamos a otros, descubrir de nuevo a quien ya vive a nuestro lado, a desear lo que ya tenemos...

Llega el momento de que el saber se traduzca en el hacer.

Pero, ¿el doctor quería saber la verdad?

Pretendía discutir, examinar la cuestión, abrir un debate, resolver un caso, hacer presente que... Le venía bien un saber que no lo comprometiese en demasía.

Sin embargo  a Jesús no le cae bien ese discurso sin compromiso. Al Maestro se lo ve apresurado a cerrar el debate teórico e interesado en ver su aplicación.

“¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?”...

Y establecido el fundamento, le dice: Obra así y alcanzarás la vida.

Y luego de contarle la parábola y preguntarle sobre su sentido, le insiste: “Ve y procede de la misma manera”.

Sabes todo, obra y procede, pues el conocimiento en la vida cristiana no es un saber que se acumula ni un ver como dos de los personajes de la parábola, sino que conocimiento es compromiso. Compromiso como el del Buen Pastor que da su vida por las ovejas, aún por las que no son de su redil más cercano. Mi prójimo es aquel a quien me acerco, de quien me hago prójimo.

Obra así y Ve y procede, no tienes porque buscar lejos ni esperar en demasía, hay alguien que te espera, tu prójimo.  El samaritano se conmovió, le dolió dentro la desgracia de su prójimo y actuó. Una razón del corazón. Sólo si se arriesga el corazón se es sabio en verdad.

Visibilidad

Jesús es el auténtico samaritano. Es quien se inclina, venda nuestras heridas, nos devuelve un rostro humano. Es quien se conmueve por el que está necesidad, por el que sufre, por el que sufre los males de este mundo, la soledad de esta vida, por el que está sólo sin Dios.

El conmoverse de corazón que lleva a la acción del amor y al compromiso es hacer visible la imagen de Dios en Cristo, éste es el auténtico conocimiento de la sabiduría, la divina. djc