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Propio 15-C - 19 de agosto de 2007 Tener ánimo: ¿Todavía una virtud? Los jefes dijeron al rey: "Que este hombre sea condenado a muerte, porque con semejantes discursos desmoraliza a los hombres de guerra que aún quedan en esta ciudad, y a todo el pueblo. No, este hombre no busca el bien del pueblo, sino su desgracia". El rey Sedecías respondió: "Ahí lo tienen en sus manos, porque el rey ya no puede nada contra ustedes". Entonces ellos tomaron a Jeremías y lo arrojaron al aljibe de Malquías, hijo del rey, que estaba en el patio de la guardia, descolgándolo con cuerdas. En el aljibe no había agua sino sólo barro, y Jeremías se hundió en el barro. Ebed Mélec, el cusita, un eunuco de la casa del rey, se enteró de que habían puesto a Jeremías en el aljibe. Mientras el rey estaba sentado a la puerta de Benjamín, Ebed Mélec salió de la casa del rey y le dijo: "Rey, mi señor, esos hombres han obrado mal tratando así a Jeremías; lo han arrojado al aljibe, y allí abajo morirá de hambre, porque ya no hay pan en la ciudad". El rey dio esta orden a Ebed Mélec, el cusita: "Toma de aquí a tres hombres contigo, y saca del aljibe a Jeremías, el profeta, antes de que muera". Ebed Mélec tomó consigo a tres hombres y entró en la casa del rey, en el vestuario; tomó de allí unos trapos y unos vestidos viejos, y se los hizo llegar a Jeremías con unas cuerdas, dentro del aljibe. Ebed Mélec, el cusita, dijo a Jeremías: "Colócate estos trapos y estos vestidos viejos entre las axilas y las cuerdas". Jeremías lo hizo así. Ellos tiraron a Jeremías con las cuerdas y lo sacaron del aljibe. Y Jeremías permaneció en el patio de la guardia (Jer. 38, 4-13). El
Señor se levanta en la asamblea divina ¡Defiendan
al desvalido y al huérfano, Pero
ellos caminan en la oscuridad, Yo
había pensado: "Ustedes son dioses, Pero
morirán como cualquier hombre, Por
la fe, Isaac, en vista de lo que iba a suceder, bendijo a Jacob y a Esaú.
Y por la fe, Jacob, antes de morir, bendijo a cada uno de los hijos de
José, mientras se inclinaba, apoyado en su bastón. Por la fe, José, al
fin de su vida, hizo alusión al éxodo de los israelitas y dejo instrucciones
acerca de sus restos. En
aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Yo he venido a traer fuego sobre
la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo! Tengo que recibir
un bautismo, ¡y qué angustia siento hasta que esto se cumpla plenamente! La culpa de tener los ojos abiertos ¿Qué hay que hace para no cansarse, para no perder el ánimo cuando el Justo es colgado en la cruz? ¿Qué hay que hace para no cansarse, para no perder el ánimo cuando el profeta es puesto para morir en un aljibe lleno de barro? El rey se rinde ante las maniobras y las intrigas, lo partidos, las venganzas, y condena a Jeremías a la muerte. Éste paga por su fidelidad, Dios le confió su palabra y le encargó hablar a su pueblo. ¿De qué lo acusan? De desmoralizar a la tropa. Jeremías no quiere cultivar en el pueblo falsas ilusiones de bienestar fácil que son el peor enemigo de la esperanza. Los anima a abrir los ojos y enfrentar la dolorosa realidad. La culpa no es del meteorólogo que anuncia la tormenta, es de los operadores preocupados por que la gente no se asuste. Jeremías es culpable porque piensa e invita a hacerlo. No confunde el bienestar del pueblo con el facilismo; reserva el incienso para el único Señor y Dios, no para el rey o el partido dominante, ni para un pueblo que suponen ha de complicarse la vida enfrentando problemas reales. Por eso Jeremías es el aguafiestas insoportables para los vividores del poder. El incienso es para Dios, en el palacio del poder sólo oscurece la visión de la realidad. Y esos palacios hoy se multiplican. Ánimo, coraje, para salir fuera Bonito martirio, en un aljibe lleno de barro, una muerte esperada y humillante. Sus enemigos evitan convertirlo en mártir y sepultan en el barro su dignidad. Sospechas, calumnias, difamaciones, denuncias, insistentes acusaciones, incluso sin fundamento pero repetidas, ¿quién no va a creerlas? Menos mal que hay extranjero, Ebed Meléc, etíope, cusita, eunuco, que está fuera de los juegos del poder y que tiene la conciencia clara aunque la piel sea oscura. Denuncia la conspiración y tiene el valor de plantarse ante rey y mostrarle su desacuerdo con la medida tomada. Jeremías es sacado a fuerza de brazos del aljibe, el rey lo salva. O, mejor es decir que el rey fue salvado porque puede escuchar, si quiere, una voz desinteresada y libre. Por que el rey, la nación, estará a salvo siempre que se pueda escuchar la voz de alguien que rompa la conjura del “sí” con decidido “no”, que no incense al poder de turno. El etíope también está a salvo, a salvo del silencio cómplice, de la cobardía, del miedo a comprometerse. Jeremías en aljibe lleno de barro es un perdedor. También así es visto Jesús sobre la cruz. Sin embargo, ambos son vencedores. Jeremías vuelve a salir. Jesús resucita y está a la derecha del Padre. Pero, el ánimo: ¿es una virtud todavía? djc |