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Propio 17-C - 2 de Septiembre de 2007 Especie amenazada de extinción El orgullo comienza cuando el ser humano se aparta del Señor y su corazón se aleja de aquel que lo creó. Porque el comienzo del orgullo es el pecado y el que persiste en él, hace llover la abominación: por eso el Señor envió calamidades imprevistas y arrasó a los soberbios hasta aniquilarlos. El Señor derribó los tronos de los poderosos y entronizó a los apacibles en lugar de ellos. El Señor arrancó de raíz a las naciones y plantó a los humildes en lugar de ellas. El Señor arrasó los territorios de las naciones y las destruyó hasta los cimientos de la tierra. A algunas las arrasó y las hizo desaparecer, y borró hasta su recuerdo de la tierra. El orgullo no fue creado para el ser humano ni el arrebato de la ira para los nacidos de mujer (Ecli. 10:12-18). ¡Aleluya!
Feliz la persona que teme al Señor En
su casa habrá abundancia y riqueza, Dichoso
el que se compadece y da prestado, No
tendrá que temer malas noticias: El
malvado, al verlo, se enfurece, Perseveren
en el amor fraternal. No se olviden de practicar la hospitalidad, ya que
gracias a ella, algunos, sin saberlo, hospedaron a los ángeles. Acuérdense
de los que están presos, como si ustedes lo estuvieran con ellos, y de
los que son maltratados, como si ustedes estuvieran en su mismo cuerpo.
Respeten el matrimonio y no deshonren el lecho conyugal, porque Dios condenará
a los lujuriosos y a los adúlteros. No se dejen llevar de la avaricia,
y conténtense con lo que tienen, porque el mismo Dios ha dicho: No te
dejaré ni te abandonaré. De manera que podemos decir con plena confianza:
El Señor es mi protector: no temeré. ¿Qué podrán hacerme los seres humanos?
Acuérdense de quienes los dirigían, porque ellos les anunciaron la Palabra
de Dios: consideren cómo terminó su vida e imiten su fe. Un
sábado, Jesús entró a comer en casa de uno de los principales fariseos.
Ellos lo observaban atentamente. Presumidos al frente Alguna tendrá que redactarse un elenco, un listado, de virtudes en extinción. Ya hay que empezar a preocuparse por ello. La humildad, la modestia, encabezaría la lista. Es una especie muy rara, rarísima, aunque aún no desparecida. Personalmente trato a bastantes y siempre brindan serenidad. Lo preocupante es que a estas personas se las soporta mal y quedan marginadas, o casi. Pareciera que este modelo de vida hubiera sido superado, es casi un ejemplo indeseado, hasta malo. Hoy, se dice, hay que hacerse valer, imponerse, vender bien la propia mercancía, incluso la decadente y caduca, y abrirse paso. Si faltan títulos de mérito hay que abrirse paso a codazos si hace falta, o haciendo gala de petulancia, vanidad, arribismo insolente. A quien se oculta se lo titula de pusilánime y desertor de la modernidad. Falta el sentido de los propios límites, de la justa medida, de proporción. La categoría evangélica de “siervos inútiles” es suplantada por la “raza dominante”, ceñuda, presumida y atropelladora. No está de más que cada uno verifique si en su vida no ha desparecido la humildad. Si, como creo, es virtud en peligro de extinción, hay que comprometerse a cultivarla. No importa si se cotiza en baja en la bolsa de valores. Dios no va con la moda. La humildad siempre es agradable a su vista, la modestia siempre lo es. La importancia de los no importantes Escuchando las parábolas de Jesús es oportuno subrayar que él era lo que hoy llamaríamos un excelente observador de las costumbres. Pero su mirada no se detiene en lo superficial, penetra a lo hondo, pone al descubierto la raíz de ciertos comportamientos guiados por la vanidad y el interés propio. Con relación a la parábola de quienes corren para ubicarse en los lugares de mayor importancia en el banquete, cabe señalar que hoy en día nadie es tan despistado como para ponerse al descubierto y tener que dejar a la fuerza y a la vista de todos el lugar que ha a ocupado indebidamente. El arribismo juega hoy su partida antes del banquete. No se ahorran medios para lograr el objetivo, ni codazos, ni influyentes apoyos y, aún, el meter miedo y las maniobras oscuras y violentas. Les importa poco si en se camino dejan jirones de la ropa llamada dignidad personal. Luego viene la parábola tipo recomendación dirigida al huésped a que no invite a la gente importante que puede devolver la invitación, sino a los que lo harán dichoso porque no podrán devolverle la cortesía. La gratuidad y no el cálculo oportunista. La compañía de los que importan sin dejarse influir en su elección por la lógica del poder y la promoción social. Jesús no habla por habla no más. Tampoco dice livianamente: Todo el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado. Sus palabras las hemos de tomar al pie de la letra. Desde la perspectiva del Evangelio lo importante es no ser importante, no estar pagado de sí mismo. djc . |