25 de febrero de 2007 - 1º domingo de Cuaresma C

Cree y confiesa

Cuando entres en la tierra que el Señor, tu Dios, te da en herencia, cuando tomes posesión de ella y te establezcas allí, recogerás las primicias de todos los frutos que extraigas de la tierra que te da el Señor, tu Dios, las pondrás en una canasta, y las llevarás al lugar elegido por el Señor, tu Dios, para constituirlo morada de su Nombre. Entonces te presentarás al sacerdote que esté en funciones en aquellos días, y le dirás:
"Yo declaro hoy ante el Señor, tu Dios, que he llegado a la tierra que él nos dio, porque así lo había jurado a nuestros padres".  El sacerdote tomará la canasta que tú le entregues, la depositará ante el altar,  y tú pronunciarás estas palabras en presencia del Señor, tu Dios: "Mi padre era un arameo errante que bajó a Egipto y se refugió allí con unos pocos hombres, pero luego se convirtió en una nación grande, fuerte y numerosa.  Los egipcios nos maltrataron, nos oprimieron y nos impusieron una dura servidumbre.  Entonces pedimos auxilio al Señor, el Dios de nuestros padres, y él escuchó nuestra voz. Él vio nuestra miseria, nuestro cansancio y nuestra opresión,  y nos hizo salir de Egipto con el poder de su mano y la fuerza de su brazo, en medio de un gran terror, de signos y prodigios.  Él nos trajo a este lugar y nos dio esta tierra que mana leche y miel.  Por eso ofrezco ahora las primicias de los frutos del suelo que tú, Señor, me diste". Tu depositarás las primicias ante el Señor, tu Dios, y te postrarás delante de él.  Luego te regocijarás por todos los bienes que él te concede, a ti y a tu casa, y también se alegrarán el levita y el extranjero que viven contigo (Deut. 26, 1-11).

Tú que vives al amparo del Altísimo
y resides a la sombra del Todopoderoso,
ä di al Señor: "Mi refugio y mi baluarte,
mi Dios, en quien confío".

Porque hiciste del Señor tu refugio
y pusiste como defensa al Altísimo.
No te alcanzará ningún mal,
ninguna plaga se acercará a tu carpa,
porque él te encomendó a sus ángeles
para que te cuiden en todos tus caminos.

Ellos te llevarán en sus manos
para que no tropieces contra ninguna piedra;
caminarás sobre leones y víboras,
pisotearás cachorros de león y serpientes.

"Él se entregó a mí, por eso, yo lo libraré;
lo protegeré, porque conoce mi Nombre;
me invocará, y yo le responderé.

Estaré con él en el peligro,
lo defenderé y lo glorificaré;
le haré gozar de una larga vida
y le haré ver mi salvación" (Sal. 91, 1-2 y 9-16)

La palabra está cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, es decir la palabra de la fe que nosotros predicamos. Porque si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvado. Con el corazón se cree para alcanzar la justicia, y con la boca se confiesa para obtener la salvación  Así lo afirma la Escritura: El que cree en él, no quedará confundido. Porque no hay distinción entre judíos y los que no lo son: todos tienen el mismo Señor, que colma de bienes a quienes lo invocan. Ya que todo el que invoque el nombre del Señor se salvará (Rom. 10, 8b-13).

En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, regresó de las orillas del Jordán y fue conducido por el Espíritu al desierto, ä donde fue tentado por el demonio durante cuarenta días. No comió nada durante esos días, y al cabo de ellos tuvo hambre. El demonio le dijo entonces: "Si tú eres Hijo de Dios, manda a esta piedra que se convierta en pan". Pero Jesús le respondió: "Dice la Escritura: El hombre no vive solamente de pan".  Luego el demonio lo llevó a un lugar más alto, le mostró en un instante todos los reinos de la tierra  y le dijo: "Te daré todo este poder y el esplendor de estos reinos, porque me han sido entregados, y yo los doy a quien quiero.  Si tú te postras delante de mí, todo eso te pertenecerá".  Pero Jesús le respondió: "Está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto". Después el demonio lo condujo a Jerusalén, lo puso en la parte más alta del Templo y le dijo: "Si tú eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo,  porque está escrito: El dará órdenes a sus ángeles para que ellos te cuiden. Y también: Ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra". Pero Jesús le respondió: "Está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios".  Una vez agotadas todas las formas de tentación, el demonio se alejó de él, hasta el momento oportuno (Lc. 4, 1-13).

Introducción
¿Les gusta “chusmear”? ¿Llevar chismes, contarse cosas que pasan? Espero que sí, porque de eso de lo que hablamos hoy. Sólo que en vez de hablar en contra algo o alguien, lo haremos a favor. Si les gustan los chismes, llegaron al lugar adecuado.
Por cierto no creerán que los voy a alentar volver a casa, tomar el teléfono y empezar a desparramar las pequeñas noticias más o menos escandalosas que serán comidilla del barrio. No les hablo de compartir malas nuevas, sino las buenas, el Evangelio de Cristo Jesús. Es un desafío que el mismo Dios nos presenta: Regresar a casa, a nuestro vecindario, a nuestros amigos, a nuestra familia, a nuestro trabajo, a nuestro estudio, y:
Chusmear el evangelio
Pues el evangelio ha de ser escuchado para ser creído, así que compartirlo es una tarea que se nos ha encomendado como pueblo de Dios en este lugar. Predicar no es subir al púlpito, escuchar a un pastor, sino anunciar, comunicar, decir con ganas. Y esto lo hacemos cada vez que abrimos la boca para hablar.. Anunciamos que estamos contentos o enojados, que odiamos o amamos, que estamos cansados o llenos de energía... No importa cuándo y cómo, siempre al abrir la boca decimos algo acerca del Evangelio. Toda palabra del cristiano testifica de la salvación en Cristo. Por eso utilizo la palabra “chusmear”, para indicar lo que Pablo nos enseña: testificar, contar, lo que Dios ha hecho y hace en Cristo Jesús.

Pasar el Evangelio de boca en boca no es sencillo
A todos nos gusta, pero descubrimos que pasar el Evangelio no es algo sencillo. No estamos solos en ese sentimiento, con nosotros están Jonás, Moisés y otros muchos. No somos brillantes predicadores, no obramos portentos que dejen a la gente pasmada. No somos dueños de un canal de televisión o de una radio, tampoco de un periódico. En verdad, poco poder y brillo hubo en los anunciadores de Cristo. La voz la pasaron esclavos y sirvientes, comerciantes, mujeres junto al río y en el mercado, y el Evangelio llegó a muchos lugares. Hoy se ve al tiempo del Nuevo Testamento como algo extraño, para nosotros comunicar el Evangelio es tarea especialistas, de funcionarios. Habrá quienes ayuden especializándose, pero la tarea es de todos los cristianos.

Algo que pasar, algo que “chusmear”
Jesucristo, vencedor de la muerte y resucitado, sigue siendo una importante novedad. Si en las noticias de la mañana nos enterarnos que alguien fue resucitado hoy, a que vamos y se lo contamos a nuestros conocidos. Algo que nos conmueve lo compartimos. Si en verdad Cristo Jesús importante para su vida, no esconderá la noticia en el cajón más olvidado, la contará a todo el mundo.

Pase la novedad en el momento adecuado
No... no nos pasaremos la vida estudiando el tema, pasaremos la noticia, pasaremos el chisme como cualquier otro, es algo que queremos compartir, que el otro haga lo que mejor le `parezca. Hemos de estar dispuestos a comunicar el evangelio. No a atragantar a los demás. Nuestra tarea es dar testimonio, mostrar el sentido de Jesús para nuestra propia vida y para la de todos, contar lo que Dios hace a través de él y permitir que obre el Espíritu Santo en la vida de quienes nos escuchen. Vivimos en un mundo que anhela palabras de esperanza, es un mundo quebrantado y enfermo que necesita de Cristo Jesús.

Ahora, veamos las oportunidades
Enrique llega a casa cansado y desalentado, irritado, como diciendo: “¿Todo para qué? ¡Ya no vale la pena emprender nada!” Aquí tenemos la oportunidad ideal para chusmear del evangelio, para pasar la buena noticia.
Susana llora porque Josecito no le quiere regalar uno de sus gatitos, está en crisis quiere una respuesta... Su vecina del fondo se le acerca, le tiemblan la voz y las manos, su hermana murió de cáncer dejando cinco huerfanitos. Pásele el Evangelio, ¿acaso lo más importante en ese momento no es Jesucristo?...Cada momento, cada crisis, es oportunidad para compartir la esperanza en Cristo Jesús.
¿Así que le gusta “chusmear”? ¡Bien!... Sólo que de ahora en adelante sólo habla de Cristo, de sus bendiciones, de la esperanza que nos brinda, del consuelo que nos da, del ánimo que nos proporciona. “Chusmee” a cada instante, en todo momento, las buenas nuevas, pase el Evangelio de la salvación en Cristo Jesús. djc