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Propio 20-C- 23 de septiembre de 2007 ¡A no dormirse en los laureles! Escuchen esto, ustedes, los que pisotean al indigente para hacer desaparecer a los pobres del país. Ustedes dicen: "¿Cuándo pasará el novilunio para que podamos vender el grano, y el sábado, para dar salida al trigo? Disminuiremos la medida, aumentaremos el precio, falsearemos las balanzas para defraudar; compraremos a los débiles con dinero y al indigente por un par de sandalias, y venderemos hasta los desechos del trigo". El Señor lo ha jurado por el orgullo de Jacob: Jamás olvidaré ninguna de sus acciones (Am. 8, 4-7). ¡Aleluya! Bendito
sea el nombre del Señor, Desde
la salida del sol hasta su ocaso, El
Señor está sobre todas las naciones, ¿Quién
es como el Señor, nuestro Dios, alza al pobre de su miseria, para hacerlo sentar entre los nobles, entre los nobles de su pueblo; él honra a la mujer estéril en su hogar, haciendo de ella una madre feliz (Sal. 113). Ante todo, te recomiendo que se hagan peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los seres humanos, por los soberanos y por todas las autoridades, para que podamos disfrutar de paz y de tranquilidad, y llevar una vida piadosa y digna. Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro Salvador, porque él quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los seres humanos: Jesucristo, hombre él también, que se entregó a sí mismo para rescatar a todos. Este es el testimonio que él dio a su debido tiempo, y del cual fui constituido heraldo y Apóstol para enseñar a los paganos la verdadera fe. Digo la verdad, y no miento (1 Tim. 6, 6-19). Decía
también a los discípulos: "Había un hombre rico que tenía un administrador,
al cual acusaron de malgastar sus bienes. Lo llamó y le dijo: '¿Qué es
lo que me han contado de ti? Dame cuenta de tu administración, porque
ya no ocuparás más ese puesto'. El administrador pensó entonces: '¿Qué
voy a hacer ahora que mi señor me quita el cargo? ¿Cavar? No tengo fuerzas.
¿Pedir limosna? Me da vergüenza. ¡Ya sé lo que voy a hacer para que,
al dejar el puesto, haya quienes me reciban en su casa!'. Llamó uno por
uno a los deudores de su señor y preguntó al primero: '¿Cuánto debes a
mi señor?'. 'Veinte barriles de aceite', le respondió. El administrador
le dijo: 'Toma tu recibo, siéntate enseguida, y anota diez'. Después
preguntó a otro: 'Y tú, ¿cuánto debes?'. 'Cuatrocientos quintales de trigo',
le respondió. El administrador le dijo: 'Toma tu recibo y anota trescientos'.
Y el señor alabó a este administrador deshonesto, por haber obrado tan
hábilmente. Porque los hijos de este mundo son más astutos en su trato
con los demás que los hijos de la luz. La figura del administrador deshonesto y astuto que, con el agua al cuello, tiene la brillante idea de falsificar las cuentas favoreciendo con descaro a los deudores de su patrón, logrando así para cuando lo despidan no tiene, en su uso del relato por parte de Jesús, la idea que imitemos su conducta deshonesta y desleal. Por otra parte, hay numerosos personajes de distinta índole que muestran aún más brillantez para zafar de situaciones difíciles en las que se colocan por su propia deshonestidad y corrupción. Maniobras en la que otorgan favores para ganar apoyo son conocidas en todos los campos, sobre todo en la política y en la economía. Jesús advierte que cuando está en juego la salvación, el sentido de la vida, la adhesión al Evangelio, los así llamados “hijos de la luz” se muestran indolentes, incapaces de reaccionar con presteza y brillantez, sin ímpetu, sin coraje, sin fantasía. El tiempo apremia y no toman conciencia de ello. Se quedan pasivos, esperando los acontecimientos, aún las situaciones humanas más apremiantes. Eligen el no crear ni emprender nada. Mejor dicho, ni eligen, no viven el Evangelio. Da trabajo pensar, es arriesgado imaginar una manera distinta de ser cristianaos. Es incómodo abrir la puerta entornada de la prisión, el cerco de lo acostumbrado. Jesús no se sorprende que tengamos los registros de nuestra vida todos embrollados. Se sorprende y se enoja porque, teniendo el agua al cuelo, estiramos las manos para mirarnos las uñas y no nos preocupamos mirar a nuestro alrededor para ver a un amigo. La culpa imperdonable no es la de encontrarnos en una situación crítica como nuestra responsabilidad. Lo imperdonable es considerar que la situación es normal. Jesús no soporta un estilo de fe que deje la vida a un lado, cuando está en juego vivir como cristianos. Dios quiere ser servido en el amor, la gratuidad de la entrega, en el darse a sí mismo, en la fraternidad generosa. No es el cálculo egoísta para el propio provecho. Dios necesita de personas con corazón libre para amar y servir, con capacidad generosa para darse a los demás, con mentes abiertas para contestar imaginativamente al desafío de vivir hoy el Evangelio. Nosotros necesitamos ser esas personas si queremos vivir de manera que valga la pena hacerlo. djc |