2º Adviento - A  -  9 de diciembre

Sobre un tocón seco florece la esperanza

Saldrá una rama del tronco de Jesé y un retoño de sus raíces. Sobre él reposará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de ciencia y de temor del Señor -y lo inspirará el temor del Señor-El no juzgará según las apariencias ni decidirá por lo que oiga decir: juzgará con justicia a los débiles y decidirá con rectitud para los pobres del país; herirá al violento con la vara de su boca y con el soplo de sus labios hará morir al malvado. La justicia ceñirá su cintura y la fidelidad ceñirá sus caderas.
El lobo habitará con el cordero y el leopardo se recostará junto al cabrito; el ternero y el cachorro de león pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá; la vaca y la osa vivirán en compañía, sus crías se recostarán juntas, y el león comerá paja lo mismo que el buey. El niño de pecho jugará sobre el agujero de la cobra, y en la cueva de la víbora meterá la mano el niño apenas destetado. No se hará daño ni estragos en toda mi Montaña santa, porque el conocimiento del Señor llenara la tierra como las aguas cubren el mar.
Aquel día, la raíz de Jesé se erigirá como emblema para los pueblos: las naciones la buscarán y la gloria será su morad  (Is. 11, 1-10).

Concede Señor, tu justicia al rey
y tu rectitud al descendiente de reyes,
para que gobierne a tu pueblo con justicia
y a tus pobres con rectitud.

Que las montañas traigan al pueblo la paz
y las colinas, la justicia;
que él defiende a los humildes del pueblo,
socorra a los hijos de los pobres
y aplaste al opresor.

Que dure tanto como el sol y la luna,
a lo largo de las generaciones;
que sea como lluvia que cae sobre el césped
y como chaparrones que riegan la tierra.

Que en sus días florezca la justicia
y abunde la paz, mientras dure la luna;
que domine de un mar hasta el otro,
y desde el Río hasta los confines de la tierra.

Que se inclinen ante él las tribus del desierto,
y sus enemigos muerdan el polvo,
que los reyes de Tarsis y de las costas lejanas
le paguen tributo.

Que los reyes de Arabia y de Sebá
le traigan regalos;
que todos los reyes le rindan homenaje
y lo sirvan todas las naciones.

Porque él librará al pobre que suplica
y al humilde que está desamparado.
Tendrá compasión del débil y del pobre,
y salvará la vida de los indigentes.

Los rescatará de la opresión y la violencia,
y la sangre de ellos será preciosa ante sus ojos.
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
el único que hace maravillas.
sea bendito eternamente su Nombre glorioso
y que su gloria llena toda la tierra. ¡Amén! ¡Amén! (Salmo  72, 1-7, 18-19).

Todo lo que ha sido escrito en el pasado, ha sido escrito para nuestra instrucción, a fin de que por la constancia y el consuelo que dan las Escrituras, mantengamos la esperanza. Que el Dios de la constancia y el consuelo les conceda tener los mismos sentimientos unos hacia otros, a ejemplo de Cristo Jesús, para que con un solo corazón y una sola voz, glorifiquen a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo.
Sean mutuamente acogedores, como Cristo los acogió a ustedes para la gloria de Dios. Porque les aseguro que Cristo se hizo servidor de los judíos para confirma la fidelidad de Dios, cumpliendo las promesas  que él había hecho a nuestros padres, y para que los paganos glorifiquen a Dios por su misericordia. Así lo enseña la Escritura cuando dice : Yo te alabaré en medio de las naciones, Señor, y cantaré en honor de tu Nombre. Y en otra parte dice : ¡Pueblos extranjeros, alégrense con el Pueblo de Dios ! Y también afirma : ¡Alaben al Señor todas las naciones, glorifíquenlo todos los pueblos. Y el profeta Isaías dice a su vez : Aparecerá el brote  de Jesé, el que se alzará para gobernar las naciones paganas ; y todos los pueblos pondrán en él su esperanza.
Que el Dios de la esperanza los llene de alegría y de paz en la fe, para que la esperanza sobreabunde en ustedes por obra del Espíritu Santo (Rom. 15, 4-13).

 

En aquel tiempo se presentó Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea :”Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca”. A él se refería el profeta Isaías cuando dijo :

            Una voz grita en el desierto :
            Preparen el camino del Señor,
            allanen sus senderos.

Juan tenía una túnica de pelos de camello y un cinturón de cuero y se alimentaba con langostas y miel silvestre. La gente de Jerusalén, de toda la Judea y de toda la región del Jordán iban a su encuentro, y se hacía bautizar por él en las aguas del Jordán, confesando sus pecados.
Al ver que muchos fariseos y saduceos se acercaban a recibir su bautismo, Juan les dijo: “Raza de víboras, ¿quién les enseñó a escapar de la ira de Dios que se acerca? Produzcan el fruto de una sincera conversión, y no se contenten con decir: “Tenemos por padre a Abraham” . Porque yo les digo que de estas piedras Dios puede hacer surgir hijos de Abraham. El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles : el árbol que no produce buen fruto será cortado y arrojado al fuego. Yo los bautizo con agua para que se conviertan; pero aquel que viene detrás de mi es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de quitarle las sandalias. El los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego. Tiene en su mano la horquilla y limpiará su era: recogerá su trigo en el granero y quemará la paja en un fuego inextinguible” (Mt. 3, 1-12). 

¿Soñar?

El domingo pasado hablamos de que el cristiano es quienes capaz de soñar.

Lo positivamente nuevo en nuestro mundo nace de los soñadores  que se obstinan en imaginar una nueva realidad. Para soñar hay que estar despiertos en verdad, si no es recodar el pasado con nuevas formas y figuras. Los peregrinos hebreos cuando cruzaban el desierto no soñaban con la tierra prometida, añoraban las ollas de comida que tenían a su alcance en la tierra de la tierra en que habían sido esclavos. El que sueña despierto mira a una realidad aún no gustada.

Mientras Dios avala los sueños más audaces, la realización de lo imposible; nuestra fe se queda corta y vacila en entregarse a la promesa divina.  Soñar, en la Biblia, es a menudo esperar, vivir en esperanza, San pablo nos dice: mantengamos la esperanza, la posibilidad de proyectar, de soñar un futuro sorprendente sustentado por la promesa fiel de Dios.

La paz y la justicia

Un ejemplo de sueño nos lo brinda hoy el profeta Isaías. Un tocón, un tronco seco, del que despunta un renuevo de esperanza. No de un fuerte cedro del Líbano, sino de un tronco cortado que regado por la promesa divina produce un retoño nuevo y nacerá un nuevo Edén, una sociedad sustentada en la justicia y la paz.

Y esa paz se extiende a toda la creación  donde aún victimarios y víctimas ya reconciliados se dejan guiar por un niño. Muchas veces nos dejamos guiar por lo viejo dentro nuestro, por lo calculador, por lo desencantado, y hemos de ser como niños que ven todo con ojos abiertos a la novedad de vida que vence, así, al mal. La transparencia de la mirada, la ausencia del cálculo astuto, la pureza de corazón y la simplicidad del alma vencen a la antigua serpiente del mal. La gratuidad es la amenaza mayor que enfrenta el poder.  Y esto no es escapismo pues esa paz se sustenta en la justicia donde los frágiles son respetados.

No todo lo que reluce es oro

Como conciliar al Dios de la esperanza, la paciencia y el consuelo, con el severo juez con quien el Bautista fustiga la hipocresía humana, el juez que no vacila en cortar y echar al fuego los árboles que no producen frutos.

Juan fustiga la falsa seguridad que es opuesta a la esperanza, fustiga la presunción que toma por inútil el llamado a la conversión.  No es la genética, no son los antepasados ni las etiquetas, tampoco las proclamaciones vacías de compromiso de vida, pues Dios es capaz de sacar creyentes de las piedras. La palabra de esperanza y consuelo que nos viene de Dios no es sólo una suave caricia puede ser el fuerte jabón que nos arranca de la piel las manchas más rebeldes. Nuestra fe cristiana ha de vivirse, no afirmarse en la historia de los nuestros antepasados en la fe, ni en el discurso vacío de compromiso de vida. Sólo por fe y por gracia soy salvo, pero una fe y una gracia que me compromete en la vida.

La Palabra de Dios nos hace soñar en Isaías, nos consuela en Romanos y nos estruja llamándonos al compromiso en el evangelio. Y así llega a nosotros no la  perspectiva de un fin inminente, a la mano, sino de un comienzo nuevo y milagroso. Frente al tronco seco no clamamos llorando: es el fin; sino que afirmamos comprometidamente y de corazón la esperanza, estamos en adviento. El Señor viene a nosotros. djc