2º Adviento - A - 9 de diciembre Sobre
un tocón seco florece la esperanza Saldrá
una rama del tronco de Jesé y un retoño de sus raíces. Sobre él reposará
el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu
de consejo y de fortaleza, espíritu de ciencia y de temor del Señor
-y lo inspirará el temor del Señor-El no juzgará según las apariencias
ni decidirá por lo que oiga decir: juzgará con justicia a los débiles
y decidirá con rectitud para los pobres del país; herirá al violento
con la vara de su boca y con el soplo de sus labios hará morir al malvado.
La justicia ceñirá su cintura y la fidelidad ceñirá sus caderas. Concede
Señor, tu justicia al rey Que
las montañas traigan al pueblo la paz Que
dure tanto como el sol y la luna, Que
en sus días florezca la justicia Que
se inclinen ante él las tribus del desierto, Que
los reyes de Arabia y de Sebá Porque
él librará al pobre que suplica Los
rescatará de la opresión y la violencia, Todo
lo que ha sido escrito en el pasado, ha sido escrito para nuestra instrucción,
a fin de que por la constancia y el consuelo que dan las Escrituras,
mantengamos la esperanza. Que el Dios de la constancia y el consuelo
les conceda tener los mismos sentimientos unos hacia otros, a ejemplo
de Cristo Jesús, para que con un solo corazón y una sola voz, glorifiquen
a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo. En
aquel tiempo se presentó Juan el Bautista, proclamando en el desierto
de Judea :”Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca”.
A él se refería el profeta Isaías cuando dijo :
Una voz grita en el desierto : Juan
tenía una túnica de pelos de camello y un cinturón de cuero y se alimentaba
con langostas y miel silvestre. La gente de Jerusalén, de toda la Judea
y de toda la región del Jordán iban a su encuentro, y se hacía bautizar
por él en las aguas del Jordán, confesando sus pecados. ¿Soñar? El
domingo pasado hablamos de que el cristiano es quienes capaz de soñar. Lo
positivamente nuevo en nuestro mundo nace de los soñadores que se obstinan
en imaginar una nueva realidad. Para soñar hay que estar despiertos
en verdad, si no es recodar el pasado con nuevas formas y figuras. Los
peregrinos hebreos cuando cruzaban el desierto no soñaban con la tierra
prometida, añoraban las ollas de comida que tenían a su alcance en la
tierra de la tierra en que habían sido esclavos. El que sueña despierto
mira a una realidad aún no gustada. Mientras
Dios avala los sueños más audaces, la realización de lo imposible; nuestra
fe se queda corta y vacila en entregarse a la promesa divina. Soñar,
en la Biblia, es a menudo esperar, vivir en esperanza, San pablo nos
dice: mantengamos la esperanza, la posibilidad de proyectar,
de soñar un futuro sorprendente sustentado por la promesa fiel de Dios. La paz y la justiciaUn
ejemplo de sueño nos lo brinda hoy el profeta Isaías. Un tocón, un tronco
seco, del que despunta un renuevo de esperanza. No de un fuerte cedro
del Líbano, sino de un tronco cortado que regado por la promesa divina
produce un retoño nuevo y nacerá un nuevo Edén, una sociedad sustentada
en la justicia y la paz. Y
esa paz se extiende a toda la creación donde aún victimarios y víctimas
ya reconciliados se dejan guiar por un niño. Muchas veces nos dejamos
guiar por lo viejo dentro nuestro, por lo calculador, por lo desencantado,
y hemos de ser como niños que ven todo con ojos abiertos a la novedad
de vida que vence, así, al mal. La transparencia de la mirada, la ausencia
del cálculo astuto, la pureza de corazón y la simplicidad del alma vencen
a la antigua serpiente del mal. La gratuidad es la amenaza mayor que
enfrenta el poder. Y esto no es escapismo pues esa paz se sustenta
en la justicia donde los frágiles son respetados. No todo lo que reluce es oroComo conciliar al Dios de la esperanza, la paciencia y el consuelo, con el severo juez con quien el Bautista fustiga la hipocresía humana, el juez que no vacila en cortar y echar al fuego los árboles que no producen frutos. Juan
fustiga la falsa seguridad que es opuesta a la esperanza, fustiga la
presunción que toma por inútil el llamado a la conversión. No es la
genética, no son los antepasados ni las etiquetas, tampoco las proclamaciones
vacías de compromiso de vida, pues Dios es capaz de sacar creyentes
de las piedras. La palabra de esperanza y consuelo que nos viene de
Dios no es sólo una suave caricia puede ser el fuerte jabón que nos
arranca de la piel las manchas más rebeldes. Nuestra fe cristiana ha
de vivirse, no afirmarse en la historia de los nuestros antepasados
en la fe, ni en el discurso vacío de compromiso de vida. Sólo por fe
y por gracia soy salvo, pero una fe y una gracia que me compromete en
la vida. La
Palabra de Dios nos hace soñar en Isaías, nos consuela en Romanos y
nos estruja llamándonos al compromiso en el evangelio. Y así llega a
nosotros no la perspectiva de un fin inminente, a la mano, sino de
un comienzo nuevo y milagroso. Frente al tronco seco no clamamos llorando:
es el fin; sino que afirmamos comprometidamente y de corazón la esperanza,
estamos en adviento. El Señor viene a nosotros. djc |