3º domingo de Epifanía –A - 23 de enero de 2005

¿Alguien tiene ganas de ser liberado?

El pueblo que caminaba en las tinieblas ha vista una gran luz; sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz. Tú has multiplicado la alegría, has acrecentado el gozo, ellos se regocijan en tu presencia como se goza en la cosecha, como cuando reina la alegría por el reparto del botín.

Porque el yugo que pesaba sobre él, la barra sobre su espalda y el palo de su carcelero, todo eso lo has destrozado como en el día de Madián. Porque todas las botas usadas en la refriega y las túnicas manchadas de sangre serán presas de las llamas, pasto del fuego (Isaías 9, 1-4).

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quien temeré ?
El Señor es el baluarte de mi vida,
¿ante quién temblaré ?

Sí, él me cobijará en su Tienda de campaña
en el momento de peligro ;
me ocultará al amparo de su Carpa
y me afirmará sobre una roca.

Por eso tengo erguida mi cabeza
frente al enemigo que me hostiga:
ofreceré en su Carpa sacrificios jubilosos,
y cantaré himnos al Señor.

¡Escucha, Señor, yo te invoco en alta voz,
apiádate de mí y respóndeme!

Mi corazón sabe que dijiste
“Busquen mi rostro”
Yo busco tu rostro, Señor,
no lo apartes de mi.

No alejes con ira a tu servidor,
tú, que eres mi ayuda;
no me  dejes ni me abandones,
mi Dios y mi salvador.

Aunque mi padre y mi madre me abandonen,
el Señor me recibirá.
Indícame, Señor, tu camino
y guíame por un sendero llano,
porque tengo muchos enemigos.

No me entregues a la furia de mis adversarios,
porque se levantan contra mí testigos falsos,
personas que respiran violencia.

Yo creo que contemplaré la bondad del Señor
en la tierra de los vivientes.
Espera en el Señor y sé fuerte:
ten valor y espera en el Señor (Salmo 27, 1 y 5-13).

En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, yo los exhorto a que se pongan de acuerdo: que no haya  divisiones entre ustedes y vivan en perfecta armonía, teniendo la misma manera de pensar y sentir. Porque los de la familia de Cloe me han contado que hay discordias entre ustedes. Me refiero a que cada uno afirma: “Yo soy de Pablo, yo de Apolo, yo de Cefas, yo de Cristo”. ¿Acaso Cristo esta dividido? ¿O es que Pablo fue crucificado por ustedes? ¿O será que ustedes fueron bautizados en el nombre de Pablo? Felizmente yo no he bautizado a ninguno de ustedes, excepto a Crispo y a Gayo. Así nadie puede decir que ha sido bautizado en  mi nombre. Sí, también he bautizado a la familia de Estefanas, pero no recuerdo haber bautizado a nadie más. Porque Cristo no me envió a bautizar, sino a anunciar la Buena Noticia, y esto sin recurrir a la elocuencia humana, para que la cruz de Cristo no pierda su eficacia. (1ª Corintios 1, 10-18).

En aquel tiempo, cuando Jesús se enteró de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea. Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías:

            ¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de la

 Transjordania, Galilea de las naciones!

            El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz.

A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: “Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca”.

Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar porque eran pescadores. Entonces les dijo:“Síganme, y yo los haré pescadores de hombres”. Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron.

Continuando su camino, vio a otros dos hermanos: a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca con Zebedeo, su padre, arreglando las redes; y Jesús los llamó. Inmediatamente, ellos dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron.

Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y  curando todas las enfermedades y dolencias de la gente (Mateo 4, 12-23).

El atlas no nos hace tanta falta

Tierra de Zabulón y de Neftalí, el río Jordán. Y, además, Madían, Galilea y su lago. Para quien tenga a mano un atlas bíblico la búsqueda podría ser interesante. Pero si no encuentras a Zabulón o Madían, no te preocupes, lo importante es saber dónde estás tú. Lo que importa es mirar en la dirección que corresponde para captar la ocasión de luz, de alegría, de libertad que se te ofrece.
Es cierto que anhelas salir de la jaula de sombras y falta de certezas en la que te debates, la muerte también es no vivir, vivir en el vacío, en la inconsistencia, en el sin sentido. Tienes que darte cuenta del peso de tus cadenas. La libertad está más cerca cuando el anhelo de la tierra prometida es más fuerte que la nostalgia de las cebollas de Egipto, cuando el aguijón de la esperanza duele más que el bastón del verdugo.
Madían, tierra donde se había refugiado Moisés; Zabulón , Neftalí y Galilea, tierras de pueblos convocados a la salvación, llamado a desplazamientos decisivos.

Jesús rehace nuestro futuro
No le des cordel al barrilete de la imaginación pensando dónde está el Reino de Dios. La buena noticia, el evangelio, es que el reino te ha alcanzado. Pero es necesario que te convierta, que te cambie la cabeza, el corazón, las ideas, que inviertas la dirección de tu caminar, que abandones la desesperanza, el sinsentido y la muerte. Jesús te dice y me dice: Conviértanse, porque el reino de los cielos está cerca.
A este reino eres convocado como lo fueron Pedro y Andrés, Santiago y Juan: Síganme y yo los haré pescadores de hombres. Tu futuro no podrá ser simple prolongación del pasado, si no dejas inmediatamente tus redes y no avanzas respondiendo a Jesús corres el peligro de quedarte para siempre donde estabas. Él te ofrece depender del futuro, por lo que puedes llegar a ser. Jesús no restaura el pasado, realiza una nueva creación, nos invita a encontrar lo nuevo, no a vivir de lo viejo. Los primeros discípulos eran pescadores, pescadores de peces, nada que ver con su llamado: ser pescadores pero de seres humanos. Nos invita a dar todo para seguirle en novedad de vida.


Muchos grupitos no nos dejan vivir el ser la Iglesia
Pablo termina los saludos y ya enfrenta los grupúsculos enfrentados entre sí en la iglesia en Corinto , grupúsculos en los que cada uno reivindica su autoridad, su caudillo y su afirmada verdad. Una comunidad con esos desgarros en su tejido se destroza y Pablo lucha para que la túnica de Jesús que es de una pieza no se rompa.
Cuando se idolatra a un dirigente, cuando la mentalidad sectaria y exclusivista prevalecen, se compromete la unidad de la Iglesia, unidad en la diversidad sí, pero unidad en el Señor. Jesucristo es nuestro Salvador mediante su crucifixión y resurrección, sólo él nos asegura un espacio de libertad, de movimiento, de autenticidad, no nos hace esclavos de una facción sino libres en él. djc