|
4º Epifanía – C - 28 de Enero de 2007 El amor siempre permanece La
palabra del Señor llegó a mí en estos
términos: "Antes de formarte
en el vientre materno, yo te conocía;
antes de que salieras del seno, yo
te había consagrado, te había constituido
profeta para las naciones". Yo
respondí: "¡Ah, Señor! Mira que
no sé hablar, porque soy demasiado
joven". El Señor me dijo: "No
digas: 'Soy demasiado joven', porque
tú irás adonde yo te envíe y dirás
todo lo que yo te ordene. No temas
delante de ellos, porque yo estoy
contigo para librarte -oráculo del
Señor-". Yo
me refugio en ti, Señor, Sé
para mí una roca protectora, ¡Líbrame,
Dios mío, de las manos del impío, En
ti me apoyé desde las entrañas de
mi madre; Ustedes
son el Cuerpo de Cristo, y cada uno
en particular, miembros de ese Cuerpo.
En la Iglesia, hay algunos que han
sido establecidos por Dios, en primer
lugar, como apóstoles; en segundo
lugar, como profetas; en tercer lugar,
como doctores. Después vienen los
que han recibido el don de hacer milagros,
el don de curar, el don de socorrer
a los necesitados, el don de gobernar
y el don de lenguas. ¿Acaso todos
son apóstoles? ¿Todos profetas? ¿Todos
doctores? ¿Todos hacen milagros?
¿Todos tienen el don de curar? ¿Todos
tienen el don de lenguas o el don
de interpretarlas? Ustedes, por su
parte, aspiren a los dones más perfectos.
Y ahora voy a mostrarles un camino
más perfecto todavía. En
aquel tiempo Jesús comenzó a decirles:
"Hoy se ha cumplido este pasaje
de la Escritura que acaban de oír".
Todos daban testimonio a favor de
él y estaban llenos de admiración
por las palabras de gracia que salían
de su boca. Y decían: "¿No es
este el hijo de José?". Pero
él les respondió: "Sin duda ustedes
me citarán el refrán: 'Médico, cúrate
a ti mismo'. Realiza también aquí,
en tu patria, todo lo que hemos oído
que sucedió en Cafarnaún". Después
agregó: "Les aseguro que ningún
profeta es bien recibido en su tierra. IntroducciónCuerpo, colectividad, recuerda al texto acerca de la Eucaristía: pan=cuerpo de Cristo. Nosotros hechos parte del cuerpo de Cristo, lo cual es un símbolo del culto. Miembros de ese cuerpo, no de otro. En ese cuerpo Dios establece, ordena oficios –no uno sino varios- como apóstol, profeta o anunciador de la voluntad divina, y quienes la aplica: doctores, maestros. La Confesión de Augsburgo habla del pastorado como un oficio. Y están, que pueden ser los mismos u otros, los que reciben los dones: obras de poder o milagros, sanidad, ayuda a otros (quizás similar a la diaconía), gobierno (administrar lo social de la comunidad), lenguas, y más. El ordenamiento que se brinda tiene que ver con el servicio no con el poder, exhorta a aspirar al mayor de los dones, al amor. Luego, en el marco de un canto reflexiona sobre el amor, oponiéndose a la noción común de que lo santo es lo extraordinario cuando lo extraordinario es ser santo al vivir el amor. 1. Primera estrofa: Los dones dependen del amor (13, 1-3) Amor (agape) ha sido traducido a palabras latinas que significan querer (dilectio) y estimar o preocuparse, cuidar del otro (caritas). Habla del amor de Dios que nosotros concretamos en el amor al prójimo. Los carismas nos seducen, nos seducen en cuanto hay extraordinarios, pero todos han de ser fundados en el amor, sin ellos de nada sirven. 2. Segunda estrofa: Cualidades del amor (13, 4-7) Lo que se hace a favor del prójimo:
3. Tercera estrofa: Eternidad del amor (13, 8-13) El amor es eterno, los dones no lo son. Los dones pertenecen a este tiempo histórico, cuando Cristo venga ya no será necesarios, será el tiempo de lo perfecto. En el versículo 11 compara un niño y un adulto. Nos recuerda que en las religiones de misterios se prometía a los iniciados la ciencia plena. Pablo subraya lo imperfecto de nuestro conocimiento frente a los corintios orgullosos de su sabiduría. En el versículo 12,m presenta una nueva comparación, lo que se ve en un espejo. Los de entonces eran de bronce pulido, las imágenes se contemplaban algo borrosas. O, quizás, Pablo se refiere al uso de los espejos en la magia de entonces. En ambos casos, es la incapacidad de ver con claridad, sólo conoceremos la verdad plena y totalmente, Dios en Cristo, en la segunda venida del Señor. Concluye afirmando que los corintios sobrestiman su sabiduría, pero lo realmente importante es la esperanza, la fe y el amor, sobre todo el amor que constituye, conforma, da forma, al organismo al cuerpo espiritual, la comunidad de la fe. Los carismas son eventuales, el amor permanece,, como la fe y la esperanza. San Pablo presenta a los tres como una unidad, incluso usa el singular no el plural. Cuando Cristo venga el amor permanecerá. ConclusiónEl amor es lo que da sentido a nuestro vivir y obrar cristianos, lo que vale no son nuestros triunfos, cualidades, sabiduría, talentos, sólo el amor sostenido –en nuestro tiempo histórico- por la esperanza y la fe en Cristo. djc |