4º Epifanía – C - 28 de Enero de 2007

El amor siempre permanece

La palabra del Señor llegó a mí en estos términos: "Antes de formarte en el vientre materno, yo te conocía; antes de que salieras del seno, yo te había consagrado, te había constituido profeta para las naciones". Yo respondí: "¡Ah, Señor! Mira que no sé hablar, porque soy demasiado joven". El Señor me dijo: "No digas: 'Soy demasiado joven', porque tú irás adonde yo te envíe y dirás todo lo que yo te ordene. No temas delante de ellos, porque yo estoy contigo para librarte -oráculo del Señor-".
El Señor extendió su mano, tocó mi boca y me dijo: "Yo pongo mis palabras en tu boca. Yo te establezco en este día sobre las naciones y sobre los reinos, para arrancar y derribar, para perder y demoler, para edificar y plantar" (Jer. 1, 4-10)..

Yo me refugio en ti, Señor,
¡que nunca tenga que avergonzarme!
Por tu justicia, líbrame y rescátame,inclina tu oído hacia mí, y sálvame.

Sé para mí una roca protectora,
tú que decidiste venir siempre en mi ayuda,
porque tú eres mi Roca y mi fortaleza.

¡Líbrame, Dios mío, de las manos del impío,
de las garras del malvado y del violento!
Porque tú, Señor, eres mi esperanza
y mi seguridad desde mi juventud.

En ti me apoyé desde las entrañas de mi madre;
desde el seno materno fuiste mi protector,
y mi alabanza está siempre ante ti (Sal. 71, 1-6).

Ustedes son el Cuerpo de Cristo, y cada uno en particular, miembros de ese Cuerpo.  En la Iglesia, hay algunos que han sido establecidos por Dios, en primer lugar, como apóstoles; en segundo lugar, como profetas; en tercer lugar, como doctores. Después vienen los que han recibido el don de hacer milagros, el don de curar, el don de socorrer a los necesitados, el don de gobernar y el don de lenguas.  ¿Acaso todos son apóstoles? ¿Todos profetas? ¿Todos doctores? ¿Todos hacen milagros?  ¿Todos tienen el don de curar? ¿Todos tienen el don de lenguas o el don de interpretarlas?  Ustedes, por su parte, aspiren a los dones más perfectos. Y ahora voy a mostrarles un camino más perfecto todavía.
Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe. Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada.  Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada.
El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece,  no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido,  no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad.  El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
El amor no pasará jamás. Las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá;  porque nuestra ciencia es imperfecta y nuestras profecías, limitadas. Cuando llegue lo que es perfecto, cesará lo que es imperfecto. Mientras yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño,  pero cuando me hice hombre, dejé a un lado las cosas de niño. Ahora vemos como en un espejo, confusamente; después veremos cara a cara. Ahora conozco todo imperfectamente; después conoceré como Dios me conoce a mí. En una palabra, ahora existen tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande de todas es el amor (1 Cor. 12, 27 – 13,13)

En aquel tiempo Jesús comenzó a decirles: "Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír". Todos daban testimonio a favor de él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: "¿No es este el hijo de José?". Pero él les respondió: "Sin duda ustedes me citarán el refrán: 'Médico, cúrate a ti mismo'. Realiza también aquí, en tu patria, todo lo que hemos oído que sucedió en Cafarnaún". Después agregó: "Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra.
Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó a todo el país. Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón. También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio". Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención  de despeñarlo. Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino (Lc. 4, 21-30).

Introducción

Cuerpo, colectividad, recuerda al texto acerca de la Eucaristía: pan=cuerpo de Cristo. Nosotros hechos parte del cuerpo de Cristo, lo cual es un símbolo del culto. Miembros de ese cuerpo, no de otro.

En ese cuerpo Dios establece, ordena oficios –no uno sino varios- como apóstol, profeta o anunciador de la voluntad divina, y quienes la aplica: doctores, maestros. La Confesión de Augsburgo habla del pastorado como un oficio.

Y están, que pueden ser los mismos u otros, los que reciben los dones: obras de poder o milagros, sanidad, ayuda a otros (quizás similar a la diaconía), gobierno (administrar lo social de la comunidad), lenguas, y más. El ordenamiento que se brinda tiene que ver con el servicio no con el poder, exhorta a aspirar al mayor de los dones, al amor.

Luego, en el marco de un canto reflexiona sobre el amor, oponiéndose a la noción común de que lo santo es lo extraordinario cuando lo extraordinario es ser santo al vivir el amor.

1. Primera estrofa: Los dones dependen del amor (13, 1-3)

Amor (agape) ha sido traducido a palabras latinas que significan querer (dilectio) y estimar o preocuparse, cuidar del otro (caritas). Habla del amor de Dios que nosotros concretamos en el amor al prójimo.

Los carismas nos seducen, nos seducen en cuanto hay extraordinarios, pero todos han de ser fundados en el amor, sin ellos de nada sirven.

2. Segunda estrofa: Cualidades del amor (13, 4-7)

Lo que se hace a favor del prójimo:

Paciente, soporta el mal y la injusticia, grandeza de ánimo.

Bondadoso, tratable, benigno.

Sin envidia, o fanatismo sectario.

No jactancioso, no hace alarde de sí (“no se manda la parte”).

No se envanece, no se enorgullece de sí, no es soberbio ni vanidoso.

No procede con bajeza, no es vil.

No busca su interés personal, es generoso.

No tiene en cuenta el mal que ha recibido, no es vengativo.

No se alegra de la injusticia, esto se relaciona con la justificación ante Dios.

Se alegra de la verdad, que es Dios mismo.

En toda circunstancia cree, espera y soporta en fe.

3. Tercera estrofa: Eternidad del amor (13, 8-13)

El amor es eterno, los dones no lo son. Los dones pertenecen a este tiempo histórico, cuando Cristo venga ya no será necesarios, será el tiempo de lo perfecto.

En el versículo 11 compara un niño y un adulto. Nos recuerda que en las religiones de misterios se prometía a los iniciados la ciencia plena. Pablo subraya lo imperfecto de nuestro conocimiento  frente a los corintios orgullosos de su sabiduría.

En el versículo 12,m presenta una nueva comparación, lo que se ve en un espejo. Los de entonces eran de bronce pulido, las imágenes se contemplaban algo borrosas. O, quizás, Pablo se refiere al uso de los espejos en la magia de entonces. En ambos casos, es la incapacidad de ver con claridad, sólo conoceremos la verdad plena y totalmente, Dios en Cristo, en la segunda venida del Señor.

Concluye afirmando que los corintios sobrestiman su sabiduría, pero lo realmente importante es la esperanza, la fe y el amor, sobre todo el amor que constituye, conforma, da forma, al organismo al cuerpo espiritual, la comunidad de la fe. Los carismas son eventuales, el amor permanece,, como la fe y la esperanza. San Pablo presenta a los tres como una unidad, incluso usa el singular no el plural. Cuando Cristo venga el amor permanecerá.

Conclusión

El amor es lo que da sentido a nuestro vivir y obrar cristianos, lo que vale no son nuestros triunfos, cualidades, sabiduría, talentos, sólo el amor sostenido –en nuestro tiempo histórico- por la esperanza y la fe en Cristo. djc