4º Pascua-C - 29 de abril de 2007

Jn. 10, 11. 27-30

Verbos difíciles de conjugar

Entre los discípulos de Jope había una mujer llamada Tabitá, que quiere decir "gacela". Pasaba su vida haciendo el bien y repartía abundantes limosnas.  Pero en esos días se enfermó y murió. Después de haberla lavado, la colocaron en la habitación de arriba.  Como Lida está cerca de Jope, los discípulos, enterados de que Pedro estaba allí, enviaron a dos hombres para pedirle que acudiera cuanto antes.    Pedro salió enseguida con ellos. Apenas llegó, lo llevaron a la habitación de arriba. Todas las viudas lo rodearon y, llorando, le mostraban las túnicas y los abrigos que les había hecho Tabitá cuando vivía con ellas.  Pedro hizo salir a todos afuera, se puso de rodillas y comenzó a orar. Volviéndose luego hacia el cadáver, dijo: "Tabitá, levántate". Ella abrió los ojos y, al ver a    Pedro, se incorporó.  Él la tomó de la mano y la hizo levantar. Llamó entonces a los hermanos y a las viudas, y se la devolvió con vida.  La noticia se extendió por toda la ciudad de Jope, y muchos creyeron en el Señor.   Pedro permaneció algún tiempo en Jope, en la casa de un curtidor llamado Simón (Hech. 9, 36-43).

El Señor es mi pastor,
nada me puede faltar.

Él me hace descansar en verdes praderas,
me conduce a las aguas tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el recto sendero,
por amor de su Nombre.

Aunque cruce por oscuras quebradas,
no temeré ningún mal,
porque tú estás conmigo:
tu vara y tu bastón me infunden confianza.

Tú preparas ante mí una mesa,
frente a mis enemigos;
unges con óleo mi cabeza
y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu gracia me acompañan
a lo largo de mi vida;
y habitaré en la Casa del Señor,
por muy largo tiempo (Salmo 23).

 

Vi una enorme muchedumbre, imposible de contar, formada por gente de todas las naciones, familias, pueblos y lenguas. Estaban de pie ante el trono y delante del Cordero, vestidos con túnicas blancas; llevaban palmas en la mano y exclamaban con voz potente:  "¡La salvación viene de nuestro Dios que está sentado en el trono, y del Cordero!".  Y todos los Ángeles que estaban alrededor del trono, de los Ancianos y de los cuatro Seres Vivientes, se postraron con el rostro en tierra delante del trono, y adoraron a Dios, diciendo:

"¡Amén!

¡Alabanza, gloria y sabiduría, acción de gracias, honor, poder y fuerza a nuestro Dios para siempre! ¡Amén!

Y uno de los Ancianos me preguntó: "¿Quiénes son y de dónde vienen los que están revestidos de túnicas blancas?".  Yo le respondí: "Tú lo sabes, señor". Y él me dijo: "Estos son los que vienen de la gran tribulación; ellos han lavado sus vestiduras y las han blanqueado en la sangre del Cordero.  Por eso están delante del trono de Dios y le rinden culto día y noche en su Templo. El que está sentado en el trono habitará con ellos:  nunca más padecerán hambre ni sed, ni serán agobiados por el sol o el calor.  Porque el Cordero que está en medio del trono será su Pastor y los conducirá hacia los manantiales de agua viva. Y Dios secará toda lágrima de sus ojos" (Apoc. 7, 9-17).

En aquel tiempo se celebraba entonces en Jerusalén la fiesta de                                                                   la Dedicación. Era invierno, y Jesús se paseaba por el Templo, en el Pórtico de Salomón.  Los judíos lo rodearon y le preguntaron: "¿Hasta cuándo nos tendrás en suspenso? Si eres el Mesías, dilo abiertamente".  Jesús les respondió: "Ya se lo dije, pero ustedes no lo creen. Las obras que hago en nombre de mi Padre dan testimonio de mí,  pero ustedes no creen, porque no son de mis ovejas.  Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen.  Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos.  Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre. El Padre y yo somos una sola cosa" (Jn. 10, 22-30).

El único Pastor

Destaca al fondo de la liturgia d este domingo, la figura del pastor. Pero, al mismo tiempo, gracias a Apocalipsis, se subraya la imagen del cordero. Las dos terminan superponiéndose e identificándose. El pastor no es otro que el cordero. Porque el Cordero que está en medio del trono será su pastor y los conducirá hacia manantiales de agua viva (Apoc. 7, 17).

Celebramos a Jesús como el único y auténtico pastor, celebramos su amor que nos salva.

Pero, también tenemos que hablar de los otros pastores y del rebaño, de la grey de la que formamos parte, si nos molesta grey usemos: comunidad.

Si seguimos el evangelio, podemos poner en una columna los verbos que se refieren al pastor y en otra a la grey. La primera es la más larga.

Entre los verbos está hablar, pues las ovejas escuchan su voz, conocer, dar vida, no dejar que las arrebaten (que las roben). A las ovejas les corresponde escuchar y seguir.

Deberes del pastor

A propósito de la voz, ésta es la que es. Nadie pretende que vaya a una escuela de oratoria o de canto. Pero sí, se le puede exigir que al comenzar su proclamación de la Palabra de Dios no disfrace la voz, no la engole, o algo parecido, que sea natural, sencillo, inmediato, familiar. Que busque la relación directa, mano a mano, con la gente.

Lo importante es lo que llaman el timbre, el tono, ha de mostrar la participación, la pasión por lo que se anuncia.

Conocer, más que tener datos o saber doctrina, es establecer una relación con las personas, intentar comprenderlas en su singularidad, en su situación particular. Es darle nombre y rostro a cada uno. Parta conocer hay que escuchar, estar dispuesto a aprender de los demás.

Dar la vida, sucede pocas veces y –en casos extremos- apreciarán el gesto. En el contexto normal apreciarán que viva totalmente para sus ovejas. Dar tiempo y paciencia, dejándose encontrar, compartiendo, perteneciendo a todos. La fidelidad más necesaria no es la del heroísmo, a esa se nos llama sin preguntarnos; sino la de la entrega cotidiana, silenciosa.

No permitir que arrebaten a la grey. Las noventa y nueve están seguras en tanto ninguna falte a la llamada, o cuando se hace todo lo posible para establecer contacto con ella.

Los deberes de las ovejas

Escuchar, no es suficiente con oír. La palabra ha de penetrar dentro, ponga en discusión, provoque decisión. No basta estar de acuerdo, hay que acordar en el hacer. No basta decir gracias, hay que hacer de ella una práctica en la vida de todos los días. Sólo escucha en verdad que acepta el cambio, quien está dispuesto a traducir en su vida, sus hechos, su comportamiento, la palabra escuchada. Una grey que escucha, es una grey que camina en fe.

Seguir es caminar hacia la tierra prometida. Es conciencia activa, corazón alegre, es disponibilidad. Es ir paso a paso, es contribuir a comprender el rumbo. Hemos de recordar que el seguir para Jesús es tomar nuestra cruz como él la suya, con espíritu de entrega por amor. El éxodo es un camino de liberación.

Como vemos las imágenes de este domingo nos llaman a la fe, a la fidelidad y la lealtad, de una parte y de la otra.

El evangelio de hoy nos ofrece suficientes verbos para conjugar cara a cara con uno mismo. Para quien los toma en seria, no que mucho tiempo para mirar de reojo la manera como los demás caminan. djc