25 de enero  de 2008 - La conversión de San Pablo

 

 

Pablo: un converso misionero

 

 

Saulo, que todavía respiraba amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al Sumo Sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de traer encadenados a Jerusalén a los seguidores del Camino del Señor que encontrara, hombres o mujeres. 3 Y mientras iba caminando, al acercarse a Damasco, una luz que venía del cielo lo envolvió de improviso con su resplandor. Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?». Él preguntó: «¿Quién eres tú, Señor?». «Yo soy Jesús, a quien tú persigues, le respondió la voz. Ahora levántate, y entra en la ciudad: allí te dirán qué debes hacer».Los que lo acompañaban quedaron sin palabra, porque oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Lo tomaron de la mano y lo llevaron a Damasco. Allí estuvo tres días sin ver, y sin comer ni beber. Vivía entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en una visión: «¡Ananías!». Él respondió: «Aquí estoy, Señor». El Señor le dijo: «Ve a la calle llamada Recta, y busca en casa de Judas a un tal Saulo de Tarso. Él está orando, y ha visto en una visión a un hombre llamado Ananías, que entraba y le imponía las manos para devolverle la vista». Ananías respondió: «Señor, oí decir a muchos que este hombre hizo un gran daño a tus santos en Jerusalén. Y ahora está aquí con plenos poderes de los jefes de los sacerdotes para llevar presos a todos los que invocan tu Nombre». El Señor le respondió: «Ve a buscarlo, porque es un instrumento elegido por mí para llevar mi Nombre a todas las naciones, a los reyes y al pueblo de Israel. Yo le haré ver cuánto tendrá que padecer por mi Nombre».  Ananías fue a la casa, le impuso las manos y le dijo: «Saulo, hermano mío, el Señor Jesús –el mismo que se te apareció en el camino– me envió a ti para que recobres la vista y quedes lleno del Espíritu Santo». En ese momento, cayeron de sus ojos una especie de escamas y recobró la vista. Se levantó y fue bautizado. Después comió algo y recobró sus fuerzas.19 Saulo permaneció algunos días con los discípulos que vivían en Damasco, y luego comenzó a predicar en las sinagogas que Jesús es el Hijo de Dios. Todos los que lo oían quedaban sorprendidos y decían: «¿No es este aquel mismo que perseguía en Jerusalén a los que invocan este Nombre, y que vino aquí para llevarlos presos ante los jefes de los sacerdotes?». Pero Saulo, cada vez con más vigor, confundía a los judíos que vivían en Damasco, demostrándoles que Jesús es realmente el Mesías (Hech. 9, 1-22).

 

El Señor tenga piedad y nos bendiga,

2haga brillar su rostro sobre nosotros,

para que en la tierra se reconozca su dominio,

3 y su victoria entre las naciones.

¡Que los pueblos te den gracias, Señor,

4 que todos los pueblos te den gracias!

Que canten de alegría las naciones,

5 porque gobiernas a los pueblos con justicia

5 y guías a las naciones de la tierra.

¡Que los pueblos te den gracias, Señor,

6 que todos los pueblos te den gracias!

La tierra ha dado su fruto:

7 el Señor, nuestro Dios, nos bendice.

Que Dios nos bendiga

   y lo teman todos los confines de la tierra (Sal. 67).

 

Quiero que sepan, hermanos, que la Buena Noticia que les prediqué no es cosa de los hombres, porque yo no la recibí ni aprendí de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo. Seguramente ustedes oyeron hablar de mi conducta anterior en el Judaísmo: cómo perseguía con furor a la Iglesia de Dios y la arrasaba, y cómo aventajaba en el Judaísmo a muchos compatriotas de mi edad, en mi exceso de celo por las tradiciones paternas. Pero cuando Dios, que me eligió desde el seno de mi madre y me llamó por medio de su gracia, se complació en revelarme a su Hijo, para que yo lo anunciara entre los paganos, de inmediato, sin consultar a ningún hombre y sin subir a Jerusalén para ver a los que eran Apóstoles antes que yo, me fui a Arabia y después regresé a Damasco. Tres años más tarde, fui desde allí a Jerusalén para visitar a Pedro, y estuve con él quince días. No vi a ningún otro Apóstol, sino solamente a Santiago, el hermano del Señor. En esto que les escribo, Dios es testigo de que no miento. Después pasé a las regiones de Siria y Cilicia. Las Iglesias de Judea que creen en Cristo no me conocían personalmente, sino sólo por lo que habían oído decir de mí: «El que en otro tiempo nos perseguía, ahora anuncia la fe que antes quería destruir». Y glorificaban a Dios a causa de mí (Gál. 1, 11-24).

 

Después les dijo: «Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos; peste y hambre en muchas partes; se verán también fenómenos aterradores y grandes señales en el cielo.

Pero antes de todo eso, los detendrán, los perseguirán, los entregarán a las sinagogas y serán encarcelados; los llevarán ante reyes y gobernadores a causa de mi Nombre, y esto les sucederá para que puedan dar testimonio de mí. Tengan bien presente que no deberán preparar su defensa, porque yo mismo les daré una elocuencia y una sabiduría que ninguno de sus adversarios podrá resistir ni contradecir. Serán entregados hasta por sus propios padres y hermanos, por sus parientes y amigos; y a muchos de ustedes los matarán. Serán odiados por todos a causa de mi Nombre. Pero ni siquiera un cabello se les caerá de la cabeza. Gracias a la constancia salvarán sus vidas (Luc. 21, 10-19).

 

 

 

Introducción

Tarso – Jerusalén – Damasco – Antioquía – Éfeso – Corinto – Roma – La cruz.

Tarso, ciudad comercial, de nota intelectual y con una importante  colonia judía, un puerto de importancia. La familia de Pablo, judíos de Palestina, le pusieron un nombre hebreo: Saulo, de Saúl, el rey benjaminita, y otro latino: Pablo (Paulus). Saulo era ciudadano romano lo que muestra la importancia de su familia, por educación era fariseo y un posible candidato a ser rabino.

2.      Preparado para la salvación.

Su lugar de nacimiento, punto de vínculo entre el mundo judío y el no judío. Su familia de Judea, farisea, piadosa, su adoración se expresa dentro del helenismo y el judaísmo. Es, así, preparado por Dios desde antes de su nacimiento para la salvación y el anuncio del Evangelio. Pero cuando Dios, que me eligió desde el seno de mi madre y me llamó por medio de su gracia, se complació en revelarme a su Hijo, para que yo lo anunciara entre los paganos, de inmediato, sin consultar a ningún hombre (Gál. 1, 15-16). Esto se manifiesta a través de su formación y sus capacidades, como judío conoce la Biblia y los filósofos griegos, aprende un oficio, hace carpas, lo que le permite viajar con pocas herramientas, de carácter firme, fervoroso, entusiasta al extremo.

Sin embargo, toma todo como pérdida frente a la ganancia que le significa el tener a Cristo Jesús como su Señor y Salvador.

2. Conversión.

Su conversión es el punto clave de su vida. Nosotros somos creación suya: fuimos creados en Cristo Jesús, a fin de realizar aquellas buenas obras, que Dios preparó de antemano para que las practicáramos (Ef. 2, 10). Es decir, somos hechura de Dios para un buen fin. El relato de la conversión de San Pablo ocupa en cuanto a espacio el segundo lugar frente al de la pasión, Muerte y resurrección de Cristo Jesús. Ante la manifestación de la gloria divina vio a Jesús/Dios y comprendió que su conflicto con la fe cristiana se resolvía en este  llamado al cambio total de su camino por el Camino de Cristo, se le muestra que es llamado a compartir a Dios, revelado en Cristo, con toda la humanidad. Inundado de la gloria divina se rinde a los pies del Cordero Pascual.

3. El camino de Pablo: el testimonio

a)      Ananías lo recibe como hermano y lo bautiza en la Iglesia.

b)      El desierto, su preparación como la de Eliseo, Juan el Bautista y Jesús.

c)      Su anhelo es llevar el Evangelio a su propio pueblo, pero es conducido a los no judíos, a los “pueblos”.

Es en Antioquía donde los que huyeron de Jerusalén comparten el Evangelio y donde, por primera vez, se los llama cristianos. Y es allí donde se adhieren a la fe cristiana los primeros no judíos. Es desde allí de donde parte el primer grupo misionero hacia el resto del mundo, Saulo y Bernabé viajan a Chipre, luego de haber ayunado y orado el Espíritu Santo les muestra el camino.

Sigue su apostolado a los gentiles, reconocido por la Iglesia en Jerusalén. Parte de allí hacia toda Asia Menor, Europa, llega a Roma y allí sufre el martirio.

A San Pablo lo caracterizan su resolución, fortaleza y coraje, su fe y vivir en y bajo la gracia, su espíritu de profunda oración en la línea bíblica y judía, su disposición al sufrimiento, incluso a vivir dolorido el conflicto con los de su nación que no aceptan el Evangelio de Cristo. Vive para la gloria de Dios y para manifestar su amor y misericordia en Cristo Jesús, porque todo viene de él, ha sido por él, y es para él. ¡A él sea la gloria eternamente! Amén (Rom. 11, 36).

4. Tú y yo, nosotros

Predestinados para la salvación.

Convertidos, llamados a entregarnos a Jesucristo por causa de su sangre derramada en la cruz y su victoriosa resurrección de la muerte.

Para caminar dando testimonio de la salvación en Cristo Jesús para gloria de Dios.

Por lo demás, fortalézcanse en el Señor con la fuerza de su poder (Ef. 6, 10). djc