| Navidad – ciclo
A - 25 de diciembre de 2007
Algo nuevo en esta Navidad El
pueblo que caminaba en las tinieblas ha vista una gran luz; sobre los
que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz. Tú has
multiplicado la alegría, has acrecentado el gozo; ellos se regocijan
en tu presencia, como se goza en la cosecha, como cuando reina la alegría
por el reparto del botín. Canten
al Señor un canto nuevo, Anuncien
su gloria entre las naciones, Porque
el Señor es grande Los
dioses de los pueblos Aclamen
al Señor, familias de los pueblos, Entren
en sus atrios trayendo una ofrenda, Digan
entre las naciones :”¡El Señor reina ! Alégrese
el cielo y exulte la tierra, Griten
de gozo delante del Señor, La gracia de Dios, que es fuente de salvación para todos los seres humanos, se ha manifestado. Ella nos enseña a rechazar la impiedad y las concupiscencias del mundo, para vivir en la vida presente con sobriedad, justicia y piedad, mientras aguardamos la feliz esperanza y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador, Cristo Jesús. El se entrego por nosotros, a fin de librarnos de toda iniquidad, purificarnos y crear para sí un Pueblo elegido y lleno de celo en la práctica del bien (Tito 2, 11-14). En
aquella época apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando
que se realizara un censo en todo el mundo. Este primer censo tuvo lugar
cuando Quirino gobernaba la Siria. Y cada uno iba a inscribirse a su
ciudad de origen. José que pertenecía a la familia de David, salió de
Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad
de David, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada.
Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre; y
María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó
en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue. “¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra , paz a los seres humanos amados por él !” [Después
que los ángeles volvieron al cielo, los pastores se decian unos a otros :”Vayamos
a Belén, y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha anunciado”.Fueron
rápidamente y encontraron a María, a José, y al recién nacido acostado
en el pesebre. Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este
niño, y todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían
los pastores. Todo a punto, pero no funciona Parece estar todo en orden, perro algo no anda. La Navidad presenta síntomas extraños, hasta alarmantes. La gente finge no darse cuenta, hasta los pasa por alto. En el ámbito de la iglesia, nos consolamos con el número que se reúne, pero no nos sentimos conformes con la calidad de la fe que se muestra. Está todo, pero algo falta. Se celebra al estilo tradicional o renovado, pero pareciera que celebramos otra cosa. Uno de los males es que la Navidad es algo archisabido, todos sabemos qué es, cuando llega y cuando se va, y que se vaya para dejar lugar a otros temas. Sin embargo, quise la vivieron por primera vez tuvieron la suerte de no saber de qué se trata, ni qué hacer, ni qué pasaría después. María y José no sabían lo que era, tampoco los pastores, ni siquiera Herodes. Tuvieron que improvisar sobre la marcha, ellos no decidieron qué era ni como celebrarlo, otro lo hizo. En cambio, nosotros ya sabemos todo. En un armario está la caja con el pesebre, hay que montarlo y nada más, lo mismo pasa con el árbol al que luces y otros cosas fachendosas lo lucirán. Se pasa por los comercios con la lista de compras, los regalos, el pan dulce y la fruta seca, el pavo o el cerdo. En el diario que compramos se dicen las lindezas y la críticas de todos los años y se habla de la familia y la Navidad, también de los cohetes. La escapada a la noche para la celebración de nochebuena y vuelta a casa pera comer pan dulce y destapar la sidra, o el champán si viene al caso, escuchar música navideña o de la otra, un disfrazado de Papá Noel o San Nicolás reparte regalos a los niños y los grandes reclaman los suyos. La Navidad funciona como se la había previsto. La cuestión no es que lo que se realiza esté mal, sino que no hay sentido de la novedad, la liturgia navideña es algo mecánico que ya no sorprende ni conmueve. ¿Y si creemos en Jesús niño? Imaginemos qué nos pasaría si nos en encontráramos frente al pesebre en Belén. Los pastores ya se fueron, los animalitos están en un parque protegido, José se fue a trabajar y María no tiene tiempo para atendernos, Herodes se fue a una conferencia del Imperio y los ángeles se quedaron sin voz, ni siquiera tenemos las llaves de los cofres de los regalos de los magos, los negocios están cerrados y el diario no publicó nada sobre el acontecimiento. Los chicos hoy saben que son los padres, o por el caso los tíos y abuelos, quienes les traen los regalos sino los eligen ellos mismos en el supermercado. Pero el problema no es ése, es cómo nosotros podemos vivir la novedad y saber que el niño Jesús vino a nosotros y para nosotros. Sabemos tanto que no entendemos nada, nosotros traemos los regalos pero el protagonista es otro. No había lugar para ellos en el albergue, no tenían dónde ubicarse; María, José y el niño, se conformaron con un pesebre. Dios queda excluido cuando fingimos recibirlo, lo ubicamos según nuestros gustos. La navidad se nos atravesaría en la garganta si apareciera Jesús entre nosotros en la realidad de un emigrante, un excarcelado, un anciano. Reconozcámoslo, un nacimiento si no es el que tenemos en el armario, nos inquieta y hasta asusta. El guión original La celebración de la Nochebuena nos recuerda la primera Navidad. Isaías habla de la luz en tinieblas, de la alegría por la siega, del fin de la violencia, en fin de una nueva creación donde reinan la solidaridad y la justicia, la libertad y la paz. Y todo porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado. Dios nos abre el futuro con este consejero maravillo, príncipe de la paz. Pablo nos convoca a vivir con sobriedad, justicia y piedad. La Navidad nos convoca a replantear nuestra vida y nuestras relaciones con los demás y también con Dios. En el evangelio, los ángeles cantan la alegría que ha identificar a la Navidad: ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él! ¿Quién se vuelve hoy loco de alegría al pensar que es amado por Dios juntamente con todos los seres humanos? ¿Y que en Jesús ha vendo a decírnoslo personalmente? ¿Se lo envuelvo en papel de regalo?, pregunta obsequiosa y obligadamente el vendedor. En verdad, prefiero quedar al descubierto, en mi propia realidad. Quizás así llegue a no tener todo por sabido. Quizás logre sorprenderme, quizás suceda algo nuevo en mí en esta Navidad. djc |