Navidad – ciclo A - 25 de diciembre de 2007               

Algo nuevo en esta Navidad

El pueblo que caminaba en las tinieblas ha vista una gran luz; sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz. Tú has multiplicado la alegría, has acrecentado el gozo; ellos se regocijan en tu presencia, como se goza en la cosecha, como cuando reina la alegría por el reparto del botín.
Porque el yugo que pesaba sobre él, la barra sobre su espalda y el palo de su carcelero, todo eso lo has destrozado como en el día de Madián. Porque todas las botas usadas en la refriega y las túnicas manchadas de sangre, serán presa de las llamas, pasto del fuego.
Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado. la soberanía reposa sobre sus hombros y se le da por nombre: "Consejero maravilloso, Dios fuerte, Padre para siempre, Príncipe de la paz". Su soberanía será grande, y habrá una paz sin fin para el trono de David y para su reino: él lo establecerá y lo sostendrá por el derecho y la justicia, desde ahora y para siempre. El celo del Señor de los ejércitos hará todo esto (Is. 9, 2-7).

Canten al Señor un canto nuevo,
cante al Señor toda la tierra,
canten al Señor, bendigan su Nombre,
día tras día, proclamen su victoria.

Anuncien su gloria entre las naciones,
y sus maravillas entre los pueblos.

Porque el Señor es grande
y muy digno de alabanza,
más temible que todos los dioses.

Los dioses de los pueblos
 no son más que apariencia,
pero el Señor hizo el cielo ;
en su presencia hay esplendor y majestad,
en su Santuario, poder y hermosura.

Aclamen al Señor, familias de los pueblos,
aclamen la gloria y el poder del Señor ;
aclamen la gloria del nombre del Señor.

Entren en sus atrios trayendo una ofrenda,
adoren al Señor al manifestarse su santidad :
¡que toda la tierra tiemble ante él !

Digan entre las naciones :”¡El Señor reina !
El mundo está firme y no vacilará.
El Señor juzgará a los pueblos con rectitud”.

Alégrese el cielo y exulte la tierra,
resuene el mar y todo lo que hay en él ;
regocíjese el campo con todos sus frutos,
griten de gozo los árboles del bosque.

Griten de gozo delante del Señor,
porque él viene a gobernar la tierra :
él gobernará al mundo con justicia,
y a los pueblos con su verdad (Sal. 96).

La gracia de Dios, que es fuente de salvación para todos los seres humanos, se ha manifestado. Ella nos enseña a rechazar la impiedad y las concupiscencias del mundo, para vivir en la vida presente con sobriedad, justicia y piedad, mientras aguardamos la feliz esperanza y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador, Cristo Jesús. El se entrego por nosotros, a fin de librarnos de toda iniquidad, purificarnos y crear para sí un Pueblo elegido y lleno de celo en la práctica del bien (Tito 2, 11-14).

En aquella  época apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se realizara un censo en todo el mundo. Este primer censo tuvo lugar cuando Quirino gobernaba la Siria. Y cada uno iba a inscribirse a su ciudad de origen. José que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada. Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre; y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue.
En esa región acampaban unos pastores, que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche. De pronto, se les apareció el Ángel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Ellos sintieron un gran temor, pero el ángel les dijo : “No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo : Hoy en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor, Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre”. Y junto con el Ángel,  apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo :

“¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra , paz a los seres humanos amados por  él !”

[Después que los ángeles volvieron al cielo, los pastores se decian  unos a otros :”Vayamos  a Belén, y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha anunciado”.Fueron rápidamente y encontraron a María, a José, y al recién nacido acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño, y todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores.
Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón. Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído conforme al anuncio que habían recibido.] (Lc. 2: 1-14 [15-20]).

Todo a punto, pero no funciona

Parece estar todo en orden, perro algo no anda. La Navidad presenta síntomas extraños, hasta alarmantes. La gente finge no darse cuenta, hasta los pasa por alto. En el ámbito de la iglesia, nos consolamos con el número que se reúne, pero no nos sentimos conformes con la calidad de la fe que se muestra. Está todo, pero algo falta. Se celebra al estilo tradicional o renovado, pero pareciera que celebramos otra cosa.

Uno de los males es que la Navidad es algo archisabido, todos sabemos qué es, cuando llega y cuando se va, y que se vaya para dejar lugar a otros temas. Sin embargo, quise la vivieron por primera vez tuvieron la suerte de no saber de qué se trata, ni qué hacer, ni qué pasaría después. María y José no sabían lo que era, tampoco los pastores, ni siquiera Herodes. Tuvieron que improvisar sobre la marcha, ellos no decidieron qué era ni como celebrarlo, otro lo hizo.

En cambio, nosotros ya sabemos todo. En un armario está la caja con el pesebre, hay que montarlo y nada más, lo  mismo pasa con el árbol al que luces y otros cosas fachendosas lo lucirán. Se pasa por los comercios con la lista de compras, los regalos, el pan dulce y la fruta seca, el pavo o el cerdo. En el diario que compramos se dicen las lindezas y la críticas de todos los años y se habla de la familia y la Navidad, también de los cohetes. La escapada a la noche para la celebración de nochebuena y vuelta a casa pera comer pan dulce y destapar la sidra, o el champán si viene al caso, escuchar música navideña o de la otra, un disfrazado de Papá Noel o San Nicolás reparte regalos a los niños y los grandes reclaman los suyos. La Navidad funciona como se la había previsto. La cuestión no es que lo que se realiza esté mal, sino que no hay sentido de la novedad, la liturgia navideña es algo mecánico que ya no sorprende ni conmueve.

¿Y si creemos en Jesús niño?

Imaginemos qué nos pasaría si nos en encontráramos frente al pesebre en Belén. Los pastores ya se fueron, los animalitos están en un  parque protegido, José se fue a trabajar y María no tiene tiempo para atendernos, Herodes se fue a una conferencia del Imperio y los ángeles se quedaron sin voz, ni siquiera tenemos las llaves de los cofres de los regalos de los magos, los negocios están cerrados y el diario no publicó nada sobre el acontecimiento. Los chicos hoy saben que son los padres, o por el caso los tíos y abuelos, quienes les traen los regalos sino los eligen ellos mismos en el supermercado. Pero el problema no es ése, es cómo nosotros podemos vivir la novedad y saber que el niño Jesús vino a nosotros y para nosotros. Sabemos tanto que no entendemos nada, nosotros traemos los regalos pero el protagonista es otro.

No había lugar para ellos en el albergue, no tenían dónde ubicarse; María, José y el niño, se conformaron con un pesebre. Dios queda excluido cuando fingimos recibirlo, lo ubicamos según nuestros gustos. La navidad se nos atravesaría en la garganta si apareciera Jesús entre nosotros en la realidad de un emigrante, un excarcelado, un anciano. Reconozcámoslo, un nacimiento si no es el que tenemos en el armario, nos inquieta y hasta asusta.

El guión original

La celebración de la Nochebuena nos recuerda la primera Navidad. Isaías habla de la luz en tinieblas, de la alegría por la siega, del fin de la violencia, en fin de una nueva creación donde reinan la solidaridad y la justicia, la libertad y la paz. Y todo porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado. Dios nos abre el futuro con este consejero maravillo, príncipe de la paz.

Pablo nos convoca a vivir con sobriedad, justicia y piedad. La Navidad nos convoca a replantear nuestra vida y nuestras relaciones con los demás y también con Dios.

En el evangelio, los ángeles cantan la alegría que ha identificar a la Navidad: ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él! ¿Quién se vuelve hoy loco de alegría al pensar que es amado por Dios juntamente con todos los seres humanos? ¿Y que en Jesús ha vendo a decírnoslo personalmente?

¿Se lo envuelvo en papel de regalo?, pregunta obsequiosa y obligadamente el vendedor.  En verdad, prefiero quedar al descubierto, en mi propia realidad. Quizás así llegue a no tener todo por sabido. Quizás logre sorprenderme, quizás suceda algo nuevo en mí en esta Navidad. djc