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Pentecostés-C - 27 de mayo de 2007 El sagrado ayudante
Todo
el mundo hablaba una misma lengua y empleaba las mismas palabras. Y cuando
los hombres emigraron desde Oriente, encontraron una llanura en la región
de Senaar y se establecieron allí. Entonces se dijeron unos a otros:
"¡Vamos! Fabriquemos ladrillos y pongámoslos a cocer
al fuego". Y usaron ladrillos en lugar de piedra, y el asfalto les
sirvió de mezcla. Después dijeron: "Edifiquemos una
ciudad, y también una torre cuya cúspide llegue hasta el
cielo, para perpetuar nuestro nombre y no dispersarnos por toda la tierra". Allí
está el mar, grande y dilatado, Por
él transitan las naves, y ese Leviatán Todos
esperan de ti Si
escondes tu rostro, se espantan; Si envías tu aliento,
son creados,
Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban. Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse. Había en Jerusalén judíos piadosos, venidos de todas las naciones del mundo. Al oírse este ruido, se congregó la multitud y se llenó de asombro, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Con gran admiración y estupor decían: "¿Acaso estos hombres que hablan no son todos galileos? ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye en su propia lengua? Partos, medos y elamitas, los que habitamos en la Mesopotamia o en la misma Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia Menor, en Frigia y Panfilia, en Egipto, en la Libia Cirenaica, los peregrinos de Roma, judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos los oímos proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios". Unos a otros se decían con asombro: "¿Qué significa esto?". Algunos, burlándose, comentaban: "Han tomado demasiado vino". Entonces, Pedro poniéndose de pie con los Once, levantó la voz y dijo: "Hombres de Judea y todos los que habitan en Jerusalén, presten atención, porque voy a explicarles lo que ha sucedido. Estos hombres no están ebrios, como ustedes suponen, ya que no son más que las nueve de la mañana, sino que se está cumpliendo lo que dijo el profeta Joel: En los últimos días, dice el Señor, derramaré mi Espíritu sobre todos los hombres y profetizarán sus hijos y sus hijas; los jóvenes verán visiones y los ancianos tendrán sueños proféticos. Más aún, derramaré mi Espíritu sobre mis servidores y servidoras, y ellos profetizarán. Haré prodigios arriba, en el cielo, y signos abajo, en la tierra: verán sangre, fuego y columnas de humo. El sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre, antes que llegue el Día del Señor, día grande y glorioso. Y todo el que invoque el nombre del Señor se salvará (Hech. 2, 1-21). En
aquel tiempo dijo Felipe a Jesús: "Señor, muéstranos al Padre y
eso nos basta". Jesús le respondió: "Felipe, hace tanto tiempo
que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen? El que me ha visto, ha
visto al Padre. ¿Cómo dices: 'Muéstranos al Padre'? ¿No crees que yo
estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que digo no
son mías: el Padre que habita en mí es el que hace las obras. Créanme:
yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanlo, al menos, por las
obras. Les aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo
hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre. Y yo haré todo lo que
ustedes pidan en mi Nombre, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.
Si ustedes me piden algo en mi Nombre, yo lo haré. Introducción El
auto, la novata que aprende a manejar, va con el maestro que le enseña.
Llega a un embotellamiento se asusta, se baja del auto y corriendo va
y llama a su mamá por teléfono para que la ayude. Ella le
responde: ¿No tienes a tu maestro? Él sabe, pregúntale. 1.Dos
verdades |