21 de octubre de 2007 - Propio 24-C Autoridad de la Biblia Aquella noche, Jacob se levantó, tomó a sus dos mujeres, a sus dos sirvientas y a sus once hijos, y cruzó el vado de Iaboc. Después que los hizo cruzar el torrente, pasó también todas sus posesiones. Entonces se quedó solo, y un hombre luchó con él hasta rayar el alba. Al ver que no podía dominar a Jacob, lo golpeó en la articulación del fémur, y el fémur de Jacob se dislocó mientras luchaban. Luego dijo: "Déjame partir, porque ya está amaneciendo: .Pero Jacob replicó: "No te soltaré si antes no me bendices". El otro le preguntó: "¿Cómo te llamas?", "Jacob", respondió. Él añadió: "En adelante no te llamarás Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido". Jacob le rogó: "Por favor, dime tu nombre". Pero él respondió: "¿Cómo te atreves a preguntar mi nombre?". Y allí mismo lo bendijo. Jacob llamó a aquel lugar con el nombre de Peniel, porque dijo: "He visto a Dios cara a cara, y he salido con vida". Mientras atravesaba Peniel, el sol comenzó a brillar, y Jacob iba rengueando del muslo (Gn. 32, 22-31). Levanto
mis ojos a las montañas: El
no dejará que resbale tu pie: El
Señor es tu guardián, El
Señor te protegerá de todo mal Tú
permanece fiel a la doctrina que aprendiste y de la que estás plenamente
convencido: tú sabes de quiénes la has recibido. Recuerda que desde
la niñez conoces las Sagradas Escrituras: ellas pueden darte la sabiduría
que conduce a la salvación, mediante la fe en Cristo Jesús. Toda la
Escritura está inspirada por Dios, y es útil para enseñar y para argüir,
para corregir y para educar en la justicia, a fin de que el hombre
de Dios sea perfecto y esté preparado para hacer siempre el bien. En aquel tiempo Jesús les enseñó a sus discípulos con una parábola que era necesario orar siempre sin desanimarse: "En una ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaban las personas; y en la misma ciudad vivía una viuda que recurría a él, diciéndole: 'Te ruego que me hagas justicia contra mi adversario'. Durante mucho tiempo el juez se negó, pero después dijo: 'Yo no temo a Dios ni me importan las personas, pero como esta viuda me molesta, le haré justicia para que no venga continuamente a fastidiarme'". Y el Señor dijo: "Oigan lo que dijo este juez injusto. Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, aunque los haga esperar? Les aseguro que en un abrir y cerrar de ojos les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?" (Lc. 18, 1-8).
Escuchamos a menudo que la auténtica fe cristiana se funda en la Palabra de Dios. En tanto Cristo Jesús es las Palabra eterna y viviente de Dios, esto es ciertamente la verdad. Pero, También hablamos de la Palabra de Dios como que él se revela a nosotros. Basar nuestra vida en esa Palabra significa creer en Cristo Jesús y ver la revelación divina como fundamental para que nuestra vida tenga sentido y para nuestra salvación. En tanto Jesucristo es la eterna palabra divina, hemos de ver cómo él comprende la autoridad de las Escrituras. Él no publicó nada y no dejó instrucciones a sus discípulos para que lo hicieran. Sin embargo, la Biblia juega un papel muy importante en la fe cristiana porque e s registro, el testimonio, de las palabras y acciones de Dios en la historia humana en vista de nuestra salvación. Jesús dijo: El Espíritu es el que da Vida, la carne de nada sirve. Las palabras que les dije son Espíritu y Vida (Jn. 6, 33), las palabras de Jesús son las que dan vida. Y, añadirá, que los apóstoles hablarán en su nombre: El que los escucha a ustedes, me escucha a mí (Lc. 10, 16). Para Jesús, entonces, la verdad de la salvación no se preserva en un libro, sino que se brinda a través del ministerio apostólico y de la Iglesia inspirada por el Espíritu Santo. El libro da testimonio de la revelación divina plenamente manifiesta en Cristo y que nos llega a través de la Palabra de Dios proclamada, según su voluntad, a lo largo de los siglos y cabalmente en Cristo Jesús, quien se da a conocer a través de la proclamación y enseñanza apostólica. Es así y en razón de esto que nos la Segunda Timoteo dice: Toda la Escritura está inspirada por Dios, y es útil para enseñar y para argüir, para corregir y para educar en la justicia (2 Tim. 3, 16). Ellas pueden darte la sabiduría que conduce a la salvación, mediante la fe en Cristo Jesús (2 Tim. 3, 15b). La gente se reunía asiduamente para escuchar la enseñanza de los Apóstoles y participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones (Hech., 2, 42). Es partir de esto que en el año 367 se establece la lista normativa de los libros del Nuevo Testamento; luego en Hipona, en el 393, y más tarde en Cartago, en el 397, se confirma esa lista y se afirma el uso del Antiguo Testamento, que generalmente usa en la mayoría de las iglesias de hoy el canon alejandrino, aunque los evangélicos tienden a usar el de Judea.. Por eso la Biblia es libro de la Iglesia, surgió de la vida de la comunidad de fe en Jesús, atenta a sus enseñanzas que les llegaban mediante la catequesis apostólica. Por eso, la autoridad de la Biblia es que como Palabra de Dios es reconocida por la Iglesia por el testimonio del Espíritu Santo. La obra del espíritu de Dios es guiarnos a la fe en Cristo, como hijo de Dios, nuestro Salvador, a la fe en la Trinidad Santísima. La Biblia, por la gracia del Espíritu Santo, nos guía al inapreciable conocimiento de Cristo Jesús (Flp. 3, 8), pues –como decía San Jerónimo, padre de la Iglesia- “ignorar las Biblia es ignorar a Cristo”. Dios nos habla a través de la Biblia cuando nos acercamos a ella en la humildad de la oración y la estudiamos con fidelidad, así nos ha de presentar a Jesucristo, como nuestro Salvador. djc |