27 de diciembre de 2007 - San Juan, Apóstol y Evangelista El hombre del mensaje y el mensaje del hombre Al principio Dios
creó el cielo y la tierra. La tierra era algo informe y vacío, las tinieblas
cubrían el abismo, y el soplo de Dios se cernía sobre las aguas. Entonces
Dios dijo: “Que exista la luz”. Y la luz existió. Dios vio que la luz
era buena, y separó la luz de las tinieblas; y llamó Día a la luz y
Noche a las tinieblas. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el
primer día. Dios dijo: “Hagamos al
ser humano a nuestra imagen, según nuestra semejanza; y que le estén
sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras
de la tierra, y todos los animales que se arrastran por el suelo”. Y
Dios creó al ser humano a su imagen; los creó a imagen de Dios, los
creó varón y mujer. Y los bendijo, diciéndoles: “Sean fecundos,
multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del
mar, a las aves del cielo y a todos los vivientes que se mueven sobre
la tierra”. Y continuó diciendo: “Yo les doy todas las plantas que producen
semilla sobre la tierra, y todos los árboles que dan frutos con semilla :
ellos les servirán de alimento. Y a todas las fieras de la tierra, a
todos los pájaros del cielo y a todos los vivientes que se arrastran
por el suelo, les doy como alimento el pasto verde”. Y así sucedió.
Dios miro todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno. Así hubo
una tarde y una mañana: este fue el sexto día (Gn. 1, 1-5 y 26-31). Tenía confianza, incluso
cuando dije : “¡Que grande es mi desgracia !” Yo, que en mi turbación
llegué a decir: “¡Los hombres son todos
mentirosos!”. ¿Con qué pagaré al Señor todo el bien que me hizo ? Alzaré la copa de la
salvación e invocaré el nombre
del Señor. Cumpliré mis votos al
Señor, en presencia de todo
el pueblo. ¡Que penosa es para el Señor la muerte de sus amigos ! Yo, Señor, soy tu servidor, tu servidor, lo mismo
que mi madre: por eso rompiste mis
cadenas. Te ofreceré un sacrificio
de alabanza, e invocaré el nombre
del Señor (Sal. 116, 10-17). Lo que existía desde
el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos,
lo que hemos contemplado y lo que hemos tocado con nuestras manos acerca
de la Palabra de Vida, es lo que les anunciamos. Porque la Vida se hizo
visible, y nosotros la vimos y somos testigos, y les anunciamos la Vida
eterna, que existía junto al Padre y que se nos ha manifestado. Lo que
hemos visto y oído, se lo anunciamos también a ustedes, para que vivan
en comunión con nosotros. Y nuestra comunión es con el Padre y con su
Hijo Jesucristo. Les escribimos esto para que nuestra alegría sea completa. La noticia que hemos
oído de él y que nosotros les anunciamos es esta : Dios es luz,
y en él no hay tinieblas. Si decimos que estamos en comunión con él
y caminamos en las tinieblas, mentimos y no procedemos conforme a la
verdad. Pero si caminamos en la luz, como él mismo está en la luz, estamos
en comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos purificó
de todo pecado. Si decimos que no tenemos
pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros.
Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonarnos
y purificarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos
pasar por mentiroso, y su palabra no está en nosotros. Hijos míos, les he escrito
estas cosas para que no pequen. Pero si alguno peca, tenemos un defensor
ante el Padre: Jesucristo, el Justo. El es la Víctima propiciatoria por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros
sino también por los del mundo entero (1ª Jn. 1 - 2:2). En aquel tiempo, Pedro,
volviéndose, vio que lo seguía el discípulo al que Jesús amaba, el mismo
que durante la Cena se había reclinado sobre Jesús y le había preguntado:
“Señor, ¿quién es el que te va a entregar?” Cuando Pedro lo vio,
preguntó a Jesús: “Señor, ¿y que será de este?”. Jesús le respondió:
“Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué te importa ? Tú
sígueme”. Entonces se divulgo entre los hermanos
el rumor de que aquel discípulo no moriría, pero Jesús no había
dicho a Pedro: “El no morirá”, sino “Si yo quiero que él quede hasta
mi venida, ¿qué te importa?”. Este mismo discípulo
es el que da testimonio de estas cosas y el que las ha escrito, y sabemos
que su testimonio es verdadero. Jesús hizo también muchas
otras cosas. Si se las relatara detalladamente, pienso que no bastaría
todo el mundo para contener los libros que se escribirían” (Jn. 21, 20-25). Introducción La oportunidad de la fiesta, pocas veces cae en domingo, pocas son las ocasiones en que recordamos a los evangelistas y apóstoles. El recuerdo, de todas maneras, gira alrededor de Jesús, el Hijo de Dios, nuestro Salvador. 1.El
hombre del mensaje Su pensar se encuentra arraigado en el origen palestinense de la Iglesia. Fue una de las columnas de la Iglesia en Jerusalén, así lo reconoce Pablo. Acompañó a Jesús desde el inicio y asistió a los hechos más íntimos y conmovedores del ministerio de Jesús, junto con Pedro y Santiago. Jesús lo llama “hijo del trueno”, quizás, por su carácter. Su madre pretendió que ocupara un puesto de privilegio junto a Jesús y con Pedro preparó la última cena. Todo esto nos los dicen los evangelios y los escritos del Nuevo Testamento. La tradición añade otros elementos. Nicéforo (s. 14) dice que vivó con María en Jerusalén durante 11 años. Una tradición muy antigua nos cuenta de su estada en Éfeso en tiempos de Domiciano, cuando hubo persecuciones contra los cristianos en Asia Menor, hasta el tiempo de Trajano. Tertuliano afirma que fue martirizado dentro de un caldero con aceite hirviendo, pero que no murió. Jerónimo afirma que ya muy anciano, los discípulos llevaban a Juan a las reuniones y que su consejo era siempre idéntico: Hijitos, amaos los unos a los otros. Se dice que murió en Éfeso en el año 104, bajo Trajano. A partir del s.2 ya se lo indica como el autor del evangelio. El mensaje del hombre De su menaje se resume en las siguientes afirmaciones: a) Cristo, el Verbo, la Palabra de Dios hecha persona humana, Palabra de Vida. Esto se relaciona con el texto de hoy, tomado de Génesis, donde se habla de la palabra creadora. b) Dios es luz, Creador de la luz en este mundo, es un paralelo entre los textos de 1º Juan y de Génesis. El que está en comunión con Dios habita en la luz divina, sino es así está sumergido en la oscuridad de la negación de Dios. c) Confesión de pecados y redención. Jesús nos libra del pecado por medio de su crucifixión. Para eso ha venido a este mundo: Navidad y cruz. d) Cristo es el defensor, el cordero que se ofrece por causa de nuestro pecado, es nuestro salvador. Conclusión Juan, el apóstol y evangelista,
fue un fiel testigo de Jesucristo. Su testimonio de vida nos exhorta
y aliento a que también nosotros lo seamos. djc |