21 de marzo de 2008 Viernes Santo


Madre e hijo


Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba Jesús, le dijo: “Mujer, aquí tienes a tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “Aquí tienes a tu madre”. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa (Jn. 19, 25-27).

Introducción:
Junto a la cruz, allá en el Gólgota, ¿quiénes están?

Los vemos: Jesús, los dos condenados a morir junto con él, dirigentes religiosos, los soldados, los espectadores de la ejecución, y algunos de sus seguidores: María, la esposa de Cleofás; María Magdalena; María, la madre de Jesús, y el discípulo a quien Jesús amaba.

1- La hora oportuna:

En la segunda parte del evangelio de Juan, Jesús habla a los suyos, no discute más con sus oponentes. A sus discípulos les dice una y otra vez que ya es la hora –que es la ocasión clave, el momento adecuado y preciso- cuando ha de partir hacia el Padre.

2- La ocasión en que Jesús pronuncia estas palabras:

Las palabras a María y al discípulo siguen al pasaje que habla sobre los soldados y el repartirse las vestiduras de Jesús, antecede al tremendo dicho: Todo se ha cumplido. Ahora, en el pasaje al que dirigimos nuestra atención, afirma la entrega del cuidado de la madre al discípulo y a éste le indica que ha de vivir esta realidad.

3 – Claves:

Lo que tenemos aquí no es un simple relato biográfico. En él aparecen: “la madre” de Jesús y el “discípulo bienamado”, alguien que nunca abandona a Jesús, que es testigo privilegiado de la resurrección y garante del Evangelio en la comunidad joanina de Éfeso. Lo notable es que el evangelio no los menciona por su nombre. Como si lo importante fuera el papel que representan y no su personal identidad.

Jesús afirma el papel maternal con relación al discípulo que, físicamente hablando, no es hijo de esa madre. Lo mismo hace en la relación del hijo, el discípulo amado, con la madre. Esta novedosa relación se establece en el camino que Jesús recorre hacia su glorificación: el camino de la cruz.

La familia de sangre es reemplazada por la a familia de la fe. En Caná, la otra ocasión en que aparece la madre de Jesús(2, 7), éste ordena llenar de agua las tinajas, el agua es símbolo del Espíritu Santo. Y, más adelante, casi al final de su ministerio (14, 15 21), promete a sus seguidores el don del Espíritu.

Todo encuentra su compleción en este pasaje donde afirma la dimensión del Espíritu en la relación entre María y el discípulo. Aquí se encuentra Iglesia, al pie de la cruz, éste el Pentecostés de Juan, por eso todo se cumple (vs. 30): aquí se da la nueva relación de familia entre los que creen en Jesús, el Cristo, el unigénito del Padre, quien muere y resucita para la redención del mundo todo.

4 - Nosotros, ¿qué papel jugamos en esa historia?:
Pues, nada menos y nada más que tomar conciencia que somos, por gracia y fe, familia de Dios. Expresar esto en palabras y obras, en actitudes, en el amor mutuo que nos une y conduce a compartir el Evangelio, a vivirlo, a proclamar la redención a todos, a trabajar a favor de la justicia y de la paz, a traducir en hechos el amor por los más frágiles.
djc